Dan Levy regresa a la televisión tras el fenómeno global de Schitt’s Creek con Big Mistakes, una serie que marca un giro radical en su trayectoria creativa. El actor, guionista y productor canadiense se adentra ahora en una comedia familiar atravesada por un thriller criminal en el que las decisiones equivocadas se convierten en el motor narrativo. La serie, que se acaba de estrenar en Netflix, sigue a dos hermanos profundamente ineficaces que, por un robo mal planteado relacionado con su abuela moribunda, acaban involucrados en el mundo del crimen organizado.
La premisa ya anticipa una tensión que atraviesa todo el proyecto: la convivencia entre amenaza real e incompetencia absoluta. Ese contraste es, precisamente, el motor narrativo de una serie que se mueve entre el thriller criminal y la comedia familiar. Levy no abandona del todo los elementos que marcaron su trabajo anterior —las dinámicas familiares, el humor construido desde los personajes, cierta ternura en medio del caos—, pero los desplaza hacia un terreno más incómodo, donde las decisiones tienen consecuencias más graves y el tono se vuelve más inestable.

Ese desplazamiento responde a un impulso claro. Después de seis temporadas de una serie que él mismo define como “cálida y acogedora”, sintió la necesidad de explorar algo completamente distinto. Le interesaba cambiar de mundo, de energía, de registro. La idea de introducir una familia disfuncional en el universo del crimen le permitía, además, trabajar desde una ironía constante: observar ese mundo desde quienes no tienen ninguna capacidad para sobrevivir en él. “Sería un desastre”, admite al referirse a la posibilidad de llevar una vida criminal, y esa conciencia de la propia ineptitud es la que articula el tono de la serie.
“Sentí curiosidad por hacer algo completamente distinto. No fue tanto una decisión estratégica como una necesidad creativa. Quería explorar otro tono, otro mundo. Me atraía la idea de mezclar una familia disfuncional con el universo del crimen, pero desde la comedia”, señala. Ese cruce de registros —thriller y comedia— constituye uno de los principales retos de la serie. Levy reconoce la dificultad de mantener ambos lenguajes en equilibrio sin que uno anule al otro. “Fue un gran reto. Queríamos que ambas cosas coexistieran sin anularse. Que el espectador sintiera tensión, pero también risa. Para lograrlo, todo tenía que sentirse real: una familia real, con reacciones reales, incluso en situaciones absurdas o extremas”.
La clave, en ese sentido, está en el punto de vista. Big Mistakes no aborda el crimen desde la épica ni desde la sofisticación, sino desde la incapacidad. Levy se distancia de cualquier fantasía de control o dominio y sitúa a sus personajes en una posición de torpeza constante. “Justamente por eso me interesaba: porque alguien como yo, o como estos personajes, estaría completamente fuera de lugar en ese mundo. Hay algo muy cómico en la incompetencia”.

La serie se construye, además, sobre una dinámica familiar que Levy considera central en su trabajo. Lejos de idealizarla, la presenta como un espacio de contradicción permanente. “Sí, me interesa mucho. Las familias son caóticas, contradictorias, divertidas. En Big Mistakes hay algo reconocible: personas que se quieren, pero que toman decisiones terribles constantemente”.
Ese carácter orgánico de la historia fue, para el creador, uno de los indicios de que el proyecto tenía recorrido. “Supe que era la serie adecuada cuando la historia empezó a expandirse sola. Ese momento en el que tiras de un hilo y todo sigue creciendo. Además, necesitaba sentir que había potencial para muchas temporadas. Si la historia no respira, no funciona”.
Junto al guion, el proceso de casting ha sido determinante en la construcción del tono. Levy insiste en que los actores no solo interpretan, sino que transforman el material original. “Muy orgánico y, en muchos casos, casi milagroso. Trabajamos con Gayle Keller y su equipo en Nueva York, que hicieron un trabajo extraordinario. Hubo descubrimientos increíbles, como actores que llegaron con lecturas que cambiaban por completo la percepción del personaje”.
En ese reparto coral destacan nombres como Taylor Ortega y Laurie Metcalf, cuya incorporación fue especialmente significativa. “Fue un sueño. En realidad, ella no ‘entró’ en la serie: nosotros cruzamos los dedos para que aceptara. Le envié el guion y esperé. Cuando mostró interés en 48 horas, fue un momento de pura euforia. Es una actriz que eleva todo lo que toca”, afirma sobre Metcalf.

Ortega, por su parte, redefine su personaje desde dentro. “Le aporta una dimensión que no estaba en el papel originalmente. Eso es lo maravilloso del casting: escribes una idea y el actor la transforma. Morgan es inteligente, pero toma decisiones terribles, y Taylor encuentra el equilibrio perfecto entre humor y vulnerabilidad”.
El rodaje se articula, además, sobre una apertura deliberada a la improvisación. Levy busca que los intérpretes habiten las escenas con libertad, generando una energía menos controlada y más viva. “Sí, queríamos que los actores se sintieran libres. Rodamos con mucha continuidad, dejando espacio para que las escenas respiraran, para que los intérpretes pudieran moverse, interrumpirse, explorar. Eso le da una energía muy viva”.
Esa forma tan física de interpretar atraviesa también el ritmo de la serie, donde el movimiento adquiere un papel central. “Sí, hay mucha fisicalidad. La comedia no es solo diálogo; es movimiento, caos, ritmo. Queríamos que el espectador sintiera que todo puede explotar en cualquier momento”.
En términos de recepción, Dan Levy no plantea un objetivo cerrado, pero sí una experiencia concreta. “Una experiencia intensa y divertida. Hay grandes giros, momentos muy emocionales y otros completamente absurdos. Es una montaña rusa. Pero, sobre todo, quería que se sintiera como algo vivo, impredecible”.
Tras este cambio de registro, el creador extrae una conclusión que conecta ambas etapas de su carrera: “Puedes cambiar de tono, de género, de energía, pero si hay verdad en los personajes, el público lo sigue. Eso es lo más importante: la autenticidad, incluso en el caos”.
Esa idea resume también el espíritu de Big Mistakes, una serie que se sostiene en la contradicción: personajes que intentan hacer lo correcto mientras todo se desmorona a su alrededor. Levy lo formula con claridad: “Una familia que intenta hacer las cosas bien, salen muy mal… y empeora todo, todo el tiempo”.
