Durante quince años, David Uclés escribió prácticamente a escondidas. Acumuló manuscritos, corrigió novelas y fue construyendo una voz propia sin saber todavía que acabaría convertido en uno de los grandes fenómenos editoriales de la literatura española reciente. En aquel proceso solitario recibió un consejo que, a diferencia de tantos otros, sí decidió escuchar.
La recomendación llegó de Antonio Muñoz Molina, también nacido en Úbeda y uno de los escritores españoles más reconocidos de las últimas décadas. Después de leer el manuscrito de una novela que Uclés no llegó a publicar, el académico le advirtió de que su prosa podía resultar demasiado complicada para el lector.
“Antonio Muñoz Molina me dijo que no usara tantas palabras complicadas”, recuerda el ganador del Premio Nadal 2026. Aquella observación no le llevó a renunciar a su imaginación ni a la riqueza de su lenguaje, pero sí modificó su manera de entender la claridad.
El consejo que David Uclés sí decidió aceptar
Uclés reconoce que no acostumbra a seguir las recomendaciones ajenas sobre su escritura. Su formación como novelista estuvo marcada por años de trabajo silencioso, lejos de talleres literarios, editoriales y lectores externos.
“He estado quince años escribiendo sin que nadie lo supiera ni leyera mis textos”, explicó en una entrevista con ELLE. Esa independencia le permitió desarrollar un universo narrativo reconocible, pero también hizo que algunas de sus primeras obras fueran más densas y difíciles de recorrer.
Muñoz Molina le aconsejó simplificar el camino sin empobrecerlo: “Intenta no enrevesar tanto la prosa. No uses tantas palabras difíciles, para facilitarle al lector la tarea”. Uclés tomó en serio la crítica y reescribió aquel manuscrito, aunque finalmente no lo publicara.
“Tenía razón”, admite ahora. El comentario no transformó por completo su estilo, pero sí le ayudó a comprender que la complejidad de una historia no exige necesariamente una prosa inaccesible.
Escribir con ambición sin expulsar al lector

La reflexión toca uno de los debates más antiguos de la literatura: hasta qué punto un escritor debe exigir esfuerzo al lector y cuándo esa exigencia se convierte en una barrera innecesaria.
La obra de David Uclés está llena de juegos temporales, elementos fantásticos, referencias históricas y estructuras corales. En La península de las casas vacías, la Guerra Civil aparece atravesada por episodios de realismo mágico. En La ciudad de las luces muertas, personajes de épocas distintas coinciden en una Barcelona sumida en un apagón imposible.
Ninguno de esos planteamientos es sencillo. Sin embargo, la dificultad temática no obliga a construir frases oscuras o cargadas de palabras infrecuentes. El consejo de Muñoz Molina apuntaba precisamente a esa separación: una novela puede ser ambiciosa y, al mismo tiempo, ofrecer al lector una entrada clara.
Uclés no renunció a su exuberancia, al humor ni a la imaginación. Aprendió a distinguir entre una palabra necesaria y otra que únicamente demuestra que el escritor conoce el diccionario.
Dos escritores unidos por Úbeda
La relación entre ambos autores posee también una dimensión simbólica. David Uclés y Antonio Muñoz Molina nacieron en Úbeda, una ciudad que ha dado nombres fundamentales a la literatura, la música, la moda y la cultura española.
De allí proceden también Joaquín Sabina, Zahara, Salvador Compán y el diseñador Moisés Nieto. En diciembre de 2025, el Ayuntamiento reconoció como hijos predilectos a Uclés, Zahara y Nieto por su proyección cultural y su vínculo con la ciudad.
Para Uclés, aquel nombramiento tuvo un significado especialmente profundo. Su obra está atravesada por Jaén, por los pueblos familiares y por una manera de observar el paisaje andaluz que aparece incluso cuando sus historias se trasladan a Barcelona o a escenarios imaginarios.
El consejo de Muñoz Molina puede leerse también como una conversación entre dos generaciones literarias nacidas en el mismo lugar. Uno había recorrido ya el camino de los grandes premios y la Real Academia; el otro todavía trataba de encontrar una editorial para sus manuscritos.
Del anonimato al Premio Nadal 2026

La trayectoria de David Uclés cambió con la publicación de La península de las casas vacías. La novela, escrita a lo largo de más de una década, se convirtió en un éxito editorial, acumuló numerosas ediciones y comenzó a traducirse a distintos idiomas.
En enero de 2026, el escritor ganó el Premio Nadal con La ciudad de las luces muertas, una obra coral ambientada en Barcelona y construida nuevamente desde el realismo mágico. La novela reúne a figuras como Carmen Laforet, Mercè Rodoreda, Ana María Matute, Antoni Gaudí, Roberto Bolaño o Freddie Mercury.
El reconocimiento consolidó a Uclés como uno de los autores más visibles de su generación. Sin embargo, su éxito no ha eliminado la inseguridad ni la conciencia de que la escritura continúa siendo un proceso de revisión permanente.
La anécdota con Muñoz Molina demuestra que incluso una voz tan personal puede cambiar gracias a una observación concreta. Escuchar un consejo no implica perder la identidad, sino detectar aquello que impide que esa identidad llegue con claridad al lector.
Una nueva etapa en la Universidad de Virginia
El escritor ha anunciado que el próximo año ejercerá durante un semestre como Distinguished Visiting Professor en la Universidad de Virginia, donde impartirá clases de literatura. Se trata de un puesto que también ocupó en su momento Antonio Muñoz Molina.
La coincidencia vuelve a unir sus trayectorias. Años después de recibir aquel consejo sobre el lenguaje, Uclés llegará a una universidad estadounidense por la que ya pasó el autor de El jinete polaco.
La estancia le permitirá combinar la docencia con la escritura de su próxima novela. El autor ha adelantado que se acercará más al realismo, aunque sin abandonar completamente los elementos mágicos que definen su obra.
Después planea retirarse durante temporadas largas en ciudades como Praga o Venecia para recuperar el silencio creativo perdido durante los años de promoción. La fama ha cambiado su vida, pero no el núcleo de su trabajo: sentarse a escribir, revisar y buscar una forma mejor de contar.
Quizá por eso sigue recordando la advertencia de Muñoz Molina. Entre todos los consejos que decidió ignorar, aquel permaneció. No le pidió que escribiera historias más simples, sino que evitara complicar innecesariamente las palabras con las que las contaba.

