Disney+ estrena este viernes 15 de mayo la temporada 2 de Rivales, una de las series británicas más desinhibidas, afiladas y adultas de su catálogo. La ficción regresa con una nueva entrega que mantiene intacta su gran promesa: convertir la televisión, la política, el dinero y el deseo en un campo de batalla donde nadie juega limpio y todos tienen algo que perder. La nueva temporada llega dividida en dos partes de seis episodios cada una. La primera arranca con tres capítulos de estreno y la segunda está prevista para finales de 2026.
Basada en la novela de Jilly Cooper, Rivales se mueve en la Gran Bretaña de los años ochenta, un territorio de excesos, ambición y apariencia donde la televisión independiente se convierte en un negocio feroz. Lo que podría parecer un simple drama de época es, en realidad, una historia sobre el poder: quién lo tiene, quién lo desea y hasta dónde está dispuesto a llegar cada personaje para conservarlo.
Una batalla televisiva con heridas personales
La temporada 2 de Rivales eleva el conflicto central de la serie. La guerra entre Corinium y Venturer por la franquicia televisiva de Central South West entra en una fase más peligrosa. En el centro de esa lucha vuelve a estar Tony Baddingham, interpretado por David Tennant, decidido a desmontar a sus adversarios desde dentro, pieza a pieza, utilizando escándalos, secretos y debilidades personales como armas de presión.
Ese es uno de los grandes atractivos de Rivales. La serie entiende que las guerras empresariales casi nunca son solo empresariales. Detrás de cada maniobra hay matrimonios agotados, romances clandestinos, alianzas frágiles y viejas facturas pendientes. La televisión es el tablero, pero las verdaderas derrotas se producen en la intimidad.
Por eso Rivales funciona mejor cuando mezcla el brillo con la suciedad. Sus personajes viven entre fiestas, despachos, mansiones y platós, pero casi siempre están al borde del derrumbe. El glamour de los ochenta no aparece como una postal nostálgica, sino como una fachada llena de grietas.
Sexo, ambición y una mirada adulta
La nueva temporada de Rivales mantiene el tono descarado que distinguió a la primera entrega. Disney+ la presenta como una serie de contenido adulto. Y no solo por sus escenas de sexo o por su lenguaje, sino por la manera en que aborda las relaciones entre sus personajes. Aquí el deseo no es un adorno: es una forma de poder, una vía de escape y, muchas veces, una trampa.
En Rivales, los acuerdos no se cierran únicamente en salas de juntas. También se negocian en dormitorios, cenas privadas y conversaciones aparentemente inofensivas. La serie juega con esa idea de forma constante: todo vínculo puede convertirse en una alianza, pero también en una amenaza.

El reparto vuelve a ser uno de sus puntos fuertes. Junto a David Tennant, regresan Alex Hassell como Rupert Campbell-Black, Aidan Turner como Declan O’Hara, Nafessa Williams como Cameron Cook y Bella Maclean como Taggie O’Hara. La temporada incorpora además nombres como Hayley Atwell y Rupert Everett, dos fichajes que refuerzan el atractivo de una ficción que presume de músculo británico y vocación internacional.
Una serie distinta dentro del catálogo de Disney+
El regreso de Rivales también confirma una tendencia cada vez más clara en Disney+: la plataforma busca ampliar su identidad más allá de las grandes franquicias familiares, Marvel o Star Wars. Esta propuesta pertenece a otra liga. Es una serie adulta, irónica, culebronesca y muy consciente de su propio exceso.
Su gran virtud está en no pedir disculpas por lo que es. Rivales quiere entretener, provocar y enganchar. No pretende ser solemne, pero tampoco es superficial. Bajo sus traiciones, sus romances y sus golpes de efecto hay una lectura bastante clara sobre las élites, los medios de comunicación y la facilidad con la que el poder convierte cualquier relación humana en una transacción.
