Eduardo Mendoza recibió una educación destinada a convertirlo en un hombre trabajador, ahorrador y decoroso. El resultado, según confesó él mismo con su habitual ironía, fue exactamente el contrario. “En el colegio recibí una educación estricta, tediosa y opresiva. Tenazmente me inculcaron las virtudes del trabajo, el ahorro y el decoro, gracias a lo cual salí vago, malgastador y un poco golfo, tres cosas malas en sí, pero buenas para escribir novelas”.
La frase formó parte del discurso con el que el autor agradeció el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025. En apenas unos minutos, Mendoza convirtió el repaso a su vida en una pequeña pieza literaria: habló de los libros de su infancia, de la Barcelona que alimentó sus historias y de una educación que, al intentar imponerle disciplina, terminó proporcionándole una mirada rebelde.
La broma contiene una explicación bastante seria sobre su manera de escribir. La novela necesita observación, curiosidad, tiempo perdido y cierta voluntad de desviarse de aquello que se considera correcto.
Una educación estricta que produjo el efecto contrario
Eduardo Mendoza creció en una época en la que la enseñanza se apoyaba con frecuencia en la autoridad, la repetición y la disciplina. El colegio trató de inculcarle una forma ordenada de estar en el mundo, pero él recuerda aquel aprendizaje como “estricto, tedioso y opresivo”.
Su respuesta no fue presentar esa experiencia como un trauma ni convertirla en una denuncia solemne. La transformó en literatura. Donde otros habrían contado una derrota, él encontró una paradoja: cuanto más intentaron enseñarle el valor del trabajo, el ahorro y el decoro, más cerca terminó de la pereza, el gasto y una ligera inclinación hacia la golfería.
En el lenguaje de Mendoza, ser “un poco golfo” no equivale necesariamente a vivir al margen de cualquier norma. Significa conservar una mirada poco obediente, desconfiar de la respetabilidad y sentirse atraído por quienes se mueven fuera de los grandes discursos.
Ese tipo de personajes recorre buena parte de sus novelas: detectives incapaces, funcionarios desconcertados, delincuentes menores, empresarios absurdos y ciudadanos que intentan sobrevivir en una realidad aún más disparatada que ellos.
La pereza también puede ser una forma de observar

Cuando Mendoza reivindica la vagancia como una cualidad útil para escribir, no está defendiendo la falta de trabajo. Su trayectoria demuestra precisamente lo contrario. Ha construido durante décadas una obra amplia, reconocible y exigente.
La pereza de la que habla se parece más a una resistencia contra la productividad constante. El escritor necesita demorarse, mirar sin un objetivo inmediato y permitir que las historias aparezcan donde nadie las estaba buscando.
Una persona ocupada en todo momento puede cumplir muchas tareas, pero quizá no tenga espacio para escuchar una conversación ajena, seguir a un personaje imaginario o preguntarse qué sucede detrás de una fachada aparentemente normal.
La literatura de Eduardo Mendoza nace a menudo de esa atención lateral. Sus novelas observan la historia desde los márgenes y convierten los grandes cambios políticos, económicos o urbanos en escenarios para individuos que apenas entienden lo que ocurre.
Barcelona, entre la ciudad respetable y la ciudad canalla
En el mismo discurso, el escritor recordó que creció en una Barcelona laboriosa, conservadora y tranquila, pero también portuaria, criminal y llena de zonas oscuras. Esa contradicción terminó convirtiéndose en uno de los grandes materiales de su obra.
En La verdad sobre el caso Savolta, la ciudad aparece atravesada por conflictos obreros, negocios, violencia y ambición. En La ciudad de los prodigios, Barcelona se transforma al mismo ritmo que sus personajes, entre exposiciones universales, especulación y ascenso social.
En sus novelas humorísticas, la capital catalana es todavía más reconocible. Puede ser moderna y ridícula, solemne y grotesca, elegante y miserable en una misma página.
Mendoza entendió pronto que una ciudad no es una sola ciudad. La Barcelona respetable le ofreció el decorado; la Barcelona canalla le proporcionó las historias.
El humor como forma de inteligencia

La frase sobre su educación funciona porque concentra una de las grandes cualidades de Eduardo Mendoza: la capacidad de utilizar el humor sin rebajar la profundidad de aquello que cuenta.
Su ironía no busca únicamente provocar una sonrisa. Sirve para desmontar la vanidad, cuestionar las versiones oficiales y recordar que casi toda institución contiene una parte de absurdo.
En el Teatro Campoamor, el escritor comenzó afirmando que todavía se consideraba “una joven promesa de la Narrativa Española” siempre que evitara mirarse al espejo. Después añadió que lo último que se pierde no es la esperanza, sino la vanidad.
Ese tono le permitió agradecer uno de los mayores reconocimientos de las letras españolas sin convertir el discurso en una ceremonia de solemnidad personal. Incluso cuando habló de su mérito, lo hizo después de atribuir su obra a los libros, los maestros, la familia y los lectores: “Lo demás es mérito mío. Ya está bien de modestia”.
Un proveedor de felicidad para varias generaciones
Eduardo Mendoza ha conseguido algo poco frecuente: ser leído de forma masiva y, al mismo tiempo, ocupar un lugar central dentro de la literatura española contemporánea.
Obras como Sin noticias de Gurb, El misterio de la cripta embrujada o El laberinto de las aceitunas han acompañado a generaciones de lectores. Su humor, aparentemente ligero, convive con una mirada precisa sobre la sociedad, el poder y las transformaciones urbanas.
Durante su discurso recordó que alguien lo había llamado “proveedor de felicidad” y aseguró que ese era el mejor elogio recibido en su vida. La expresión resume bien una obra que nunca ha confundido la seriedad literaria con la obligación de resultar grave.
Su educación pudo intentar fabricar un hombre disciplinado y respetable. La literatura se quedó con algo más útil: un escritor capaz de desconfiar de la disciplina, reírse del decoro y convertir el tiempo aparentemente perdido en novelas.

