La crítica ★★★★☆

‘El misterio de Lucy Lost’, una cautivadora fantasía animada contra la intolerancia

El debut animado de Olivier Clert adapta la novela de Michael Morpurgo con una aventura sobre la memoria y la soledad infantil que retrata las heridas de la guerra y los prejuicios de una comunidad isleña

'El misterio de Lucy Lost', una cautivadora fantasía animada contra la intolerancia
'El misterio de Lucy Lost', una cautivadora fantasía animada contra la intolerancia
Montaje: kiloycuarto

Un mal presagio, una presencia inquietante que perturba la tranquilidad de la vida isleña, incluso una enemiga. Así es vista por sus vecinos la pequeña protagonista del primer largometraje del francés Olivier Clert, una cautivadora adaptación animada de la novela de Michael Morpurgo Listen to the Moon, que explora con sensibilidad el tránsito de la niñez a la adolescencia a través de dificultades relacionadas con la salud mental y la fatalidad, encontrando el equilibrio entre la gravedad de algunos de sus asuntos y una mirada lúdica apta para el público infantil.

El misterio de Lucy Lost funciona a modo de sencillo y bucólico retrato de la soledad infantil hasta que, en un alarde de sofisticación narrativa, su cronología se fragmenta y da varios giros antes de recomponerse. Estamos en 1915 y, aunque la Primera Guerra Mundial asola Europa, las apacibles islas Sorlingas –al suroeste de Inglaterra– parecen mantenerse al margen del conflicto. Sin embargo, las repercusiones del conflicto también alcanzan a los isleños, especialmente personificadas en Lucy, una frágil niña de once años cuyo cabello se ha vuelto blanco y que ha perdido la memoria a causa de un trauma, y que sufre alucinaciones recurrentes.

Lucy, una frágil niña de once años cuyo cabello se ha vuelto blanco
Lucy, una frágil niña de once años cuyo cabello se ha vuelto blanco

La cría permanece recluida en la casa familiar mientras se recupera de un misterioso accidente, algo que no hace sino alimentar las miradas recelosas y las sospechas de los demás habitantes del archipiélago; los otros niños creen que es una bruja y le arrojan insultos como si fueran piedras, y los adultos mantienen circulando entre susurros el rumor de que su presencia trae mala suerte. No es de extrañar, por tanto, que ella se recluya en su propio mundo imaginario y se aferre a la amistad que le ofrece Milly, una niña de su edad que asegura haber viajado a través del tiempo y el espacio desde su hogar en Estados Unidos. Juntas, las dos emprenderán un camino que permitirá a Lucy acercarse a la verdad sobre su pasado y, finalmente, encontrar su lugar en el mundo.

Clert imprime a la primera mitad de la película un ritmo pausado, dando tiempo al espectador para familiarizarse con los personajes antes de reconfigurar audazmente las relaciones que mantienen y la percepción que tenemos de ellos. Su diseño visual recuerda al de algunas de las protagonistas femeninas de Studio Ghibli: figuras de trazos sencillos, con cabezas desproporcionadas de ojos grandes sobre cuerpos delgados y estilizados. Asimismo, El misterio de Lucy Lost también conecta con la mítica productora de animación japonesa a nivel temático, ya que comparte tanto ciertos elementos argumentales como un recurso narrativo basado en los bucles temporales con El recuerdo de Marnie (2014), de Hiromasa Yonebayashi. Lo que sí resulta verdaderamente distintivo, en cambio, es la profundidad y la riqueza de matices con las que se retrata el paisaje de las Sorlingas. La flora y la fauna locales se integran en las aventuras de Lucy cada vez que esta se aventura al aire libre: frailecillos, focas y gaviotas acompañan sus andanzas, además de una ballena que protagoniza una de las secuencias más deslumbrantes de la película.

En su transcurso, El misterio de Lucy Lost apuesta por un acercamiento original a la Primera Guerra Mundial, explorando cómo afectó a las comunidades rurales más aisladas a través del reclutamiento de los jóvenes de las islas, hermanos de los niños e hijos de los pescadores. Recrea cómo los habitantes de las Sorlingas recibían noticias de los combates que se libraban en el continente a través del mar, y cómo estas influían tanto en sus opiniones como en sus disputas vecinales, y aborda con gran sensibilidad la experiencia de la guerra desde la mirada de los niños, mostrando sutilmente cómo la violencia de las bombas hace volar por los aires su inocencia. Todo ello la convierte en un poderoso alegato antibelicista, una oportuna denuncia de la xenofobia y una esclarecedora reflexión sobre los prejuicios y los miedos que llevan a las personas a aislarse y rechazar aquello que les resulta ajeno. Y quizá su mayor virtud resida precisamente en que, lejos de dejarse ensombrecer por la gravedad de estos temas, se mantiene luminosa, esperanzada y optimista respecto a la posibilidad de reconciliación.

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