Gregorio Morán, el gran cronista de la Transición, muere a los 79 años

Su muerte reabre el debate sobre una forma de hacer periodismo cada vez más rara: crítica, incómoda y sin concesiones

Gregorio Morán - Cultura
Gregorio Morán en 2017.
Wikipedia

La muerte de Gregorio Morán cierra una de las voces más incómodas, reconocibles y discutidas del periodismo español de las últimas décadas. El periodista y escritor asturiano, nacido en Oviedo en 1947, ha fallecido este lunes a los 79 años.

Hablar de Gregorio Morán es hablar de una tradición de periodismo que no buscaba encajar, sino incomodar. Su escritura fue combativa. Su mirada, desmitificadora. Y su tono, muchas veces áspero, convirtió sus artículos y ensayos en una referencia para entender los conflictos políticos, culturales e ideológicos de la España contemporánea.

Un periodista forjado en el tardofranquismo y la Transición

La trayectoria de Gregorio Morán se construyó en un tiempo especialmente convulso. Se formó en los años finales del franquismo y desarrolló buena parte de su carrera en el contexto de la Transición, un periodo que analizó y cuestionó con una intensidad poco habitual.

Colaboró en medios como Mundo Obrero, Cambio 16 o La Vanguardia, además de otros espacios de prensa donde fue consolidando una firma inconfundible. También pasó por Diario 16, donde se afianzó como analista político con una voz propia, muy alejada de la neutralidad cómoda y del consenso automático. Parte de esa trayectoria profesional y bibliográfica aparece recogida en referencias biográficas públicas.

En el caso de Gregorio Morán, la independencia no fue una pose retórica. Fue una forma de estar en el oficio. Sus desacuerdos públicos con direcciones de medios y sus polémicas editoriales reforzaron precisamente esa imagen de articulista poco disciplinable.

El gran desmontador de relatos de la Transición

Si algo define la obra de Gregorio Morán es su empeño en cuestionar los relatos oficiales. No solo escribió sobre la Transición: escribió contra la versión complaciente de la Transición. Esa fue una de sus grandes aportaciones y, al mismo tiempo, una de las razones por las que su figura generó adhesión y rechazo.

Gregorio Morán - Cultura
Una fotografía de archivo en blanco y negro del periodista y escritor.
Anagrama

Entre sus libros más influyentes figuran El precio de la Transición, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España y sus dos biografías de Adolfo Suárez, una de 1979 y otra publicada tres décadas después. Varias de estas obras aparecen listadas en fuentes biográficas de referencia y resumen bien el núcleo de sus obsesiones: poder, memoria, cultura política y fracturas internas de la izquierda.

En esos textos, Gregorio Morán combinó investigación documental, crónica política y una escritura afilada que evitaba el tono académico. Su forma de narrar no aspiraba a parecer neutral, sino a sostener una interpretación fuerte de los hechos.

Una prosa incisiva, admirada y temida

La firma de Gregorio Morán fue, durante años, una de las más reconocibles del periodismo de opinión en España. Tenía ironía, mala leche, memoria histórica y una voluntad constante de pinchar los consensos de cada época. Eso lo convirtió en un autor admirado por su lucidez y cuestionado por su dureza.

Su figura no encajaba del todo en ninguna ortodoxia. Procedente de una cultura política de izquierdas, fue también muy crítico con ella. Ese posicionamiento heterodoxo explica parte de su singularidad: Gregorio Morán no escribía para confirmar tribus, sino para discutirlas.

Además del periodismo y el ensayo, también trabajó como guionista cinematográfico. En 1978 colaboró con Juan Antonio Bardem en el guion de Siete días de enero, película vinculada a la matanza de Atocha de 1977, un episodio central de la violencia política en los primeros años de la democracia, según recuerdan los perfiles sobre su trayectoria.

‘El cura y los mandarines’ y la batalla cultural

Uno de los episodios más significativos en la carrera de Gregorio Morán fue la controversia alrededor de El cura y los mandarines, un ensayo sobre cultura y poder en la España democrática. El libro encontró obstáculos para su publicación y abrió un debate amplio sobre los límites de la crítica intelectual y las relaciones entre política, medios y mundo editorial.

El cura y los mandarines - Gregorio Morán
Portada de la obra ‘El cura y los mandarines’, de Gregorio Morán.
Akal

Ese episodio reforzó una idea que ya acompañaba a Gregorio Morán desde hacía años: la de un autor dispuesto a señalar nombres, estructuras de influencia y zonas de confort del ecosistema cultural español, incluso cuando eso implicaba conflictos con editoriales o grupos de comunicación.

No era una posición cómoda. Tampoco parecía interesarle que lo fuera.

Un referente incómodo para leer la España contemporánea

Con la muerte de Gregorio Morán desaparece una manera de ejercer el periodismo que hoy resulta menos frecuente: la del columnista-ensayista que asume el coste de su escritura y que entiende el artículo como intervención pública, no como comentario inofensivo.

Su legado no se resume en una etiqueta ideológica ni en una sola polémica. Está en sus libros, en sus columnas y en esa insistencia en mirar de frente las contradicciones de la democracia española, de sus élites y también de sus oposiciones.

Para muchos lectores, Gregorio Morán fue una referencia crítica indispensable. Para otros, una voz excesiva. Probablemente ambas cosas formen parte de su herencia. Pero incluso quienes discutieron sus posiciones reconocen algo: su escritura dejó huella.

TAGS DE ESTA NOTICIA