Música

Jeanette, 50 años después: por qué la voz más frágil del pop español sigue siendo inconfundible

Celebrando medio siglo de carrera con un concierto histórico en el Teatro Real de Madrid, Jeanette demuestra cómo su delicado timbre susurrado acabó convirtiéndose en la banda sonora indestructible de varias generaciones en todo el mundo

Jeanette ofrece un concierto de 50.º aniversario en el Teatro Real de Madrid.
Jeanette ofrece un concierto de 50.º aniversario en el Teatro Real de Madrid.
Montaje: kiloycuarto

Hoy, a las 20:30, la Sala Principal del Teatro Real de Madrid abre sus puertas a una celebración poco habitual. Organizado por Grey Coda S.L., el concierto del 50.º aniversario de Jeanette propone un recorrido de noventa minutos por uno de los repertorios más reconocibles de la historia del pop en español. Para una artista que lleva décadas actuando por España y América, este espectáculo —integrado en una gira conmemorativa que ya ha pasado por espacios como el Palau de la Música Catalana de Barcelona y el Cartuja Center de Sevilla— es algo más que un ejercicio de nostalgia. Supone también el reconocimiento de una cantante cuya interpretación delicada y susurrada se confundió durante años con la inocencia y que, sin embargo, acabó dando forma a canciones de una resistencia extraordinaria.

Cuando suenan clásicos como «Soy rebelde», «Porque te vas», «El muchacho de los ojos tristes» o «Corazón de poeta», la primera impresión puede ser de vulnerabilidad. El timbre de Jeanette, descrito tantas veces como el de una eterna adolescente o una «niña-mujer», parece casi demasiado frágil para sostener las orquestaciones dramáticas que lo rodean. Sin embargo, más de medio siglo después de su irrupción en la música, aquellas grabaciones siguen vivas, inmunes a buena parte de las modas que han ido sucediéndose.

La propia artista ha señalado con frecuencia el contraste entre su imagen pública y su verdadera personalidad. Mientras los realizadores de televisión de los años setenta le pedían que mirase con timidez a cámara, Janette Anne Dimech siempre se ha definido como una mujer de carácter. «La dulzura es la imagen que ha tenido siempre la gente de mí. Pero yo tengo carácter, mucha personalidad, soy muy extrovertida», ha explicado al recordar su carrera.

Para comprender el lugar singular de Jeanette en la música española hay que remontarse a una infancia igualmente poco convencional. Nació en Londres en octubre de 1951, hija de una mujer de Tenerife y de un padre belga de ascendencia maltesa nacido en el antiguo Congo Belga. Pasó parte de su infancia en Chicago y Los Ángeles antes de instalarse en Barcelona en 1964. Ese recorrido internacional y trilingüe ya la diferenciaba de buena parte de las adolescentes españolas de su generación.

A mediados de los sesenta se unió a un grupo de jóvenes músicos que acabaría convirtiéndose en Brenner’s Folk, con el que grabó en 1966 el EP en catalán Daurat oest, antes de que la formación evolucionara hasta convertirse en Pic-Nic. Fichados por Hispavox bajo la producción de Rafael Trabucchelli, desarrollaron un folk-pop insólito para la España del momento.

Con una guitarra y apenas unos acordes, Jeanette compuso «Cállate, niña», su primer gran éxito y una de las canciones que definieron el sonido de Pic-Nic. El grupo ocupó durante semanas los primeros puestos de las listas españolas, pero su trayectoria sería breve. Jeanette abandonó la formación siendo todavía muy joven; se casó con el exfutbolista húngaro László Kristóf y se instaló en Viena. Durante un tiempo llegó a imaginar una vida completamente alejada de los escenarios e incluso pensó en formarse como piloto de avión.

La música volvió a buscarla en 1971. Hispavox la convenció para regresar a Madrid y grabar «Soy rebelde», compuesta por Manuel Alejandro y Ana Magdalena. Jeanette no se identificaba inicialmente con aquel estilo, muy alejado del folk de sus primeros años, pero la canción terminó convirtiéndose en el punto de partida de su carrera en solitario.

«Soy rebelde» fue un éxito enorme en España y Latinoamérica. El arreglo de Manuel Alejandro, unido a la interpretación contenida de Jeanette, creó una fórmula extraña dentro de la balada romántica española. Su voz no buscaba imponerse a la canción. Parecía acercarse al oído del oyente y contarle algo en voz baja. Precisamente allí residía buena parte de su fuerza.

Si «Soy rebelde» la convirtió en estrella, una composición que José Luis Perales escribió unos años después terminaría por hacerla internacional. «Porque te vas» se grabó en 1974 bajo la producción de Rafael Trabucchelli en los estudios de Hispavox de Madrid. Su ritmo, marcado por la percusión y los vientos, contrastaba con aquella voz tenue que parecía deslizarse por encima de la instrumentación.

En un primer momento, el sencillo pasó relativamente desapercibido. Jeanette dejó Hispavox y firmó con el sello alemán Ariola. Pero Carlos Saura escuchó la canción y decidió incorporarla a Cría cuervos (1975). Cuando la película recibió el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1976, «Porque te vas» encontró una segunda vida.

La canción alcanzó el número uno en países como Alemania, Francia, Argentina y la región valona de Bélgica y llegó a vender millones de copias. A partir de entonces quedó inseparablemente unida tanto al cine de Saura como a la imagen de una España que atravesaba una profunda transformación política y cultural. La ligereza de su melodía y la melancolía de la interpretación parecían contener al mismo tiempo despedida y posibilidad de cambio.

A finales de los setenta, el alcance de Jeanette ya iba mucho más allá del mundo hispanohablante. En Francia llegó a compartir escenario durante varias semanas con Julio Iglesias en el Olympia de París. El compositor André Popp produjo para ella Tout est nouveau (1977), un trabajo que acercaba su sonido a la tradición del pop y la chanson francesa.

Portada de ‘Corazón de poeta’ (1981) de Jeanette.
RCA

De vuelta en España y ya con RCA, Jeanette volvió a trabajar con Manuel Alejandro en Corazón de poeta (1981). El álbum terminó convirtiéndose en uno de los momentos decisivos de su trayectoria gracias a canciones como «Frente a frente», «El muchacho de los ojos tristes» y la propia «Corazón de poeta». El disco alcanzó un enorme éxito comercial en España y Latinoamérica y consolidó definitivamente una estética basada en la contradicción: arreglos exuberantes frente a una voz que parecía negarse a levantar el tono.

Después llegarían Reluz (1983), grabado en Río de Janeiro y atravesado por influencias brasileñas, y Ojos en el sol (1984), con una aproximación más electrónica. La aparente uniformidad de la imagen pública de Jeanette escondía, en realidad, una carrera bastante más flexible musicalmente de lo que suele recordarse.

Tras Loca por la música (1989), su presencia discográfica se hizo mucho más esporádica. Su influencia, en cambio, no dejó de crecer. Las canciones de Jeanette fueron pasando de generación en generación y encontraron nuevos públicos precisamente en lugares inesperados.

Enrique Bunbury recuperó «Frente a frente» décadas después, con la propia Jeanette apareciendo en el videoclip dirigido por J. A. Bayona. Carla Bruni, Attaque 77, Rosario Flores, Miqui Puig o Masterboy también han versionado canciones de su repertorio, mientras artistas de generaciones posteriores como Amaia, Javiera Mena, Albert Pla o Sidonie han reivindicado públicamente su figura.

«Los indies me adoran», ha comentado Jeanette con humor. La frase resume bastante bien una de las paradojas de su legado. Una cantante asociada durante décadas al pop melódico y a una determinada imagen de candidez terminó convertida en objeto de culto para escenas alternativas que encontraron en sus primeras grabaciones una sofisticación que quizá no había sido plenamente reconocida en su momento.

Cuando esta noche suba al escenario del Teatro Real acompañada por una banda y una producción concebidas para repasar medio siglo de canciones, la celebración servirá también para comprobar el extraordinario poder de la contención. En una cultura musical que tantas veces equipara emoción con exceso, Jeanette construyó exactamente lo contrario.

Nunca necesitó una gran voz en el sentido convencional del término. Necesitó la suya. Una voz fina, melancólica, casi conversacional, inmediatamente reconocible desde la primera sílaba. Quizá ahí resida el secreto de que canciones grabadas hace cinco décadas sigan pareciendo extrañamente cercanas. La voz más frágil del pop español ha resultado ser también una de las más difíciles de romper.

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