La 29ª edición del Festival de Cine de Málaga levanta el telón este viernes, 6 de marzo, con una programación que vuelve a poner el foco en el cine hecho por mujeres. Hasta el 15 de marzo, el certamen andaluz proyectará 263 obras audiovisuales, entre largometrajes, documentales, cortometrajes y series, y 102 de ellas están dirigidas por mujeres, lo que representa un 39% del total.
La cifra mantiene una tendencia consolidada en los últimos años: la presencia femenina en el festival se acerca a la paridad, aunque todavía sin alcanzarla. En la Sección Oficial a competición, el escaparate principal del certamen, nueve de los veintidós largometrajes están dirigidos por mujeres, es decir, alrededor del 41%.
El dato, sin embargo, supone un pequeño retroceso respecto a la edición anterior. En 2025 el festival alcanzó un hito al programar 13 películas dirigidas por mujeres en la competición, más de la mitad de las seleccionadas. Aun así, el Festival de Málaga continúa siendo uno de los espacios más permeables al cine realizado por mujeres dentro del panorama español. La selección refleja además la diversidad de miradas que atraviesan hoy el cine en español, con cineastas procedentes tanto de España como de distintos países latinoamericanos.
La ciudad vuelve a convertirse durante diez días en el gran punto de encuentro del audiovisual en español. Las proyecciones se reparten entre sedes habituales como el Teatro Cervantes, el cine Albéniz o el Teatro Echegaray, además de espacios culturales y salas comerciales de la ciudad.
Directoras en la Sección Oficial
Entre las directoras que competirán este año por la Biznaga de Oro figuran nombres ya conocidos del cine español junto a nuevas voces. Una de ellas es Ángeles González-Sinde, muy vinculada al ámbito del guion y también con experiencia en dirección, que regresa al largometraje con Después de Kim, una historia sobre las relaciones familiares y la memoria tras una tragedia inesperada. Asimismo, compite la directora argentina Paula Markovitch con Ángeles, una película que explora la infancia y la vulnerabilidad en contextos de violencia. La presencia femenina incluye a cineastas emergentes como es el caso de Laura García Alonso, que presenta Corredora, un drama sobre identidad y presión social que pone el foco en la experiencia de una joven deportista, o Bàrbara Farré, procedente de la dirección de videoclips y televisión y que da el salto al largometraje con Mala bèstia, cinta que compite en Sección Oficial. Del mismo modo, llegan a la dirección novel de la mano del festival las cineastas Marta Matute, con Yo no moriré de amor y Júlia de Paz que presenta La buena hija, aunque ella no es estrictamente debutante (su primer largo fue Ama), sigue considerada una voz emergente del cine español. Su trabajo suele centrarse en historias íntimas y personajes femeninos complejos.
La programación incluye también a la directora marroquí Maryam Touzani, cuya película Calle Málaga inaugura el festival con una historia protagonizada por una mujer mayor (la aclamada Carmen Maura) que lucha por mantener su hogar y su independencia frente a los cambios familiares y sociales que la rodean.
Estos títulos reflejan una diversidad de estilos y temas, pero comparten un rasgo común: las mujeres ocupan un lugar central tanto detrás de la cámara como dentro de los relatos.

Historias protagonizadas por mujeres
Más allá de las cifras, la programación también muestra una variedad creciente de historias centradas en la experiencia femenina: Uno de los títulos presentes en el festival es Pioneras: solo querían jugar, dirigida por Marta Díaz de Lope Díaz, que reconstruye la historia de las primeras mujeres que lucharon por abrirse camino en el fútbol español en los años setenta. La película rescata un episodio poco conocido de la memoria deportiva y social del país, marcado por el machismo estructural de la época.
El festival también acoge relatos donde las mujeres atraviesan conflictos muy distintos: dramas familiares, historias de crecimiento personal o retratos sociales que exploran la identidad, el deseo o las relaciones afectivas desde perspectivas alejadas de los estereotipos tradicionales. Algunos de los títulos que acogen estos temas en competición por la Biznaga de Oro son Julia, Femení, singular, Iván & Hadoum, La hija cóndor, La mujer de la fila.
En ediciones recientes, el certamen ya ha premiado trabajos que exploran estas realidades. En 2025, por ejemplo, la Biznaga de Oro a la mejor película española fue para Sorda, de Eva Libertad, una historia sobre maternidad y discapacidad protagonizada por una mujer sorda.
Este tipo de propuestas reflejan una transformación progresiva en el cine español: cada vez más directoras abordan temas que durante décadas estuvieron ausentes o relegados a un segundo plano.
Un cambio todavía incompleto
A pesar de estos avances, las asociaciones profesionales del sector recuerdan que la igualdad en la industria audiovisual todavía está lejos de alcanzarse. Organizaciones como la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) llevan años señalando la persistente brecha en áreas como la financiación de proyectos, la dirección de grandes producciones o la presencia femenina en los equipos técnicos.
Precisamente por eso, el Festival de Málaga incluye también actividades paralelas centradas en la igualdad. Durante el certamen se celebrarán encuentros profesionales y jornadas impulsadas por asociaciones del sector que abordarán cuestiones como la presencia de las mujeres en los equipos técnicos, el acceso a la financiación o las dificultades para la distribución del cine dirigido por mujeres. Estos espacios buscan convertir el festival no solo en un escaparate de películas, sino también en un lugar de debate sobre el futuro de la industria.
