Historia

Juan Eslava Galán: “Una de las directrices del comunismo fue darle derechos a la mujer”

El escritor presenta 'La Guerra Fría contada para escépticos' y analiza la propaganda, la emancipación de las mujeres, la dependencia española de Estados Unidos y las debilidades de una democracia que considera "muy imperfecta"

Juan Eslava Galán: "Una de las directrices del comunismo fue darle derechos a la mujer"
Juan Eslava Galán: "Una de las directrices del comunismo fue darle derechos a la mujer"
Montaje: kiloycuarto

La Guerra Fría también se disputaba en los hogares. La incorporación de las mujeres al trabajo, el acceso a los bienes de consumo y las expectativas de bienestar formaban parte de una competición en la que cada bloque pretendía demostrar que ofrecía una vida mejor. Ante la pregunta de Artículo14 sobre esa dimensión social del enfrentamiento, Juan Eslava Galán recuerda una de las aspiraciones del proyecto soviético: “Una de las directrices del comunismo fue precisamente darle derechos a la mujer”. Aquella promesa convivió, según explica, con una carrera militar y tecnológica cuyo coste acabó soportando la población.

El escritor presenta La Guerra Fría contada para escépticos, publicado por Planeta, el decimocuarto título de una colección que ha convertido la divulgación histórica en una conversación sostenida con sus lectores. Fueron ellos quienes le reclamaron que abordara el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El asunto lo obligó a ampliar sus investigaciones, hasta entonces concentradas principalmente en la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. También le ha permitido volver sobre una idea que recorre el encuentro: buena parte de los conflictos actuales prolongan aquella disputa.

En su respuesta sobre las mujeres, Eslava Galán destaca la importancia de su incorporación al trabajo y recuerda que esa presencia tenía antecedentes en la Rusia zarista. El relato de emancipación soviético debía medirse, sin embargo, con las condiciones materiales de la vida cotidiana. Mientras la propaganda proclamaba las ventajas del sistema, el Estado destinaba enormes recursos a competir con una potencia que disponía de una capacidad económica mucho mayor.

'La Guerra Fría contada para escépticos', de Juan Eslava Galán
‘La Guerra Fría contada para escépticos’, de Juan Eslava Galán

Para explicarlo, el autor recurre a una comparación doméstica. Un vecino que gana mucho menos que el de al lado difícilmente puede comprarse el mismo coche de alta gama o pagarse un crucero igual de caro sin recortar otros gastos. Si insiste en mantener esa competición, lo hará “a costa de comer peor y de economizar dentro del hogar”. La Unión Soviética, sostiene, se encontró atrapada en esa lógica: debía responder al armamento convencional estadounidense, al nuclear y a la carrera espacial, en la que inicialmente había tomado la delantera.

“Esa ha sido una de las causas, si no la más importante, de que la URSS se viniera abajo”, afirma. Cuando Gorbachov llegó al poder, continúa, la economía soviética estaba ya profundamente deteriorada.

La fascinación por los vaqueros y las hamburguesas

La rivalidad entre los sistemas alcanzaba también a los deseos. Eslava Galán recuerda las colas de varias horas para comer una hamburguesa en Moscú y el interés por unos pantalones vaqueros occidentales, que podían despertar más entusiasmo que un abrigo de piel mucho más caro. “La fascinación por el consumismo de Occidente era terrible”, resume.

En su interpretación, esas aspiraciones contribuyeron al desgaste del régimen. La población quería acceder a un bienestar que conocía de manera parcial y al que atribuía la capacidad de transformar su vida. El muro de Berlín representa, para el escritor, la expresión más visible de esa desigualdad: había sido levantado para impedir la salida hacia el oeste.

El muro de Berlín. Un mundo dividido (Fundación Canal).
El muro de Berlín

La desaparición de la Unión Soviética no resolvió todas aquellas expectativas. Eslava Galán señala que su caída resultó humillante para una sociedad orgullosa de logros como la exploración espacial. El deseo de consumo convivió desde entonces con la pérdida de una posición internacional. “Rusia es una dictadura, evidentemente, la dictadura de Putin”, sostiene, antes de describir una economía todavía muy dependiente de la venta de petróleo, gas y otras materias primas.

Su crítica al comunismo es abierta. “El comunismo es realmente una religión”, afirma, en referencia a la fidelidad ideológica de sus seguidores. Considera que sus promesas teóricas chocan con la imperfección humana y recurre a Vietnam y a las diferencias entre las dos Coreas para defender su argumento. A su juicio, las reformas de mercado explican buena parte de la mejora económica vietnamita.

Esa revisión tiene también una dimensión personal. “Yo admiraba mucho a Fidel Castro. Estaba completamente a favor de la Revolución cubana”, reconoce. Sus viajes a la isla modificaron aquella posición. “Después, cuando he visitado Cuba, ya todo eso lo he matizado mucho”. Atribuye el deterioro cubano tanto a los defectos del sistema como a la hostilidad estadounidense y a la dependencia de las ayudas soviéticas. Cuando estas desaparecieron, la fragilidad económica quedó expuesta.

Una guerra que continúa

“La Guerra Fría nunca se ha desconvocado”, sostiene Eslava Galán. Aunque los instrumentos y los equilibrios hayan cambiado, observa una continuidad en la competencia entre potencias, ahora especialmente visible en el comercio, la tecnología y las operaciones de influencia. Su lectura sitúa la economía en el centro de la historia, incluso cuando los enfrentamientos se presentan como disputas exclusivamente ideológicas.

Estados Unidos ocupa un lugar central en ese análisis. El escritor describe la contradicción entre su tradición aislacionista y el protagonismo internacional que asumió durante el siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial, explica, Washington quiso frenar la expansión soviética en una Europa empobrecida donde los partidos comunistas francés e italiano ganaban fuerza. Interpreta el Plan Marshall dentro de esa estrategia de reconstrucción y contención.

El escritor Juan Eslava Galán
El escritor Juan Eslava Galán
Javier Ocaña

También el cine contribuyó a difundir un modelo de sociedad. “El cine es un instrumento de propaganda desde que se creó”, asegura. La fuerza de la industria estadounidense permitió extender sus imágenes, sus símbolos y sus valores mucho más allá de sus fronteras. Eslava Galán llama la atención sobre la presencia reiterada de la bandera en las películas y sobre la desigual difusión que tuvo el cine soviético, pese a la importancia de sus primeras etapas.

En el presente, sitúa a Rusia entre los actores más interesados en alterar las democracias liberales. Su razonamiento es que Estados Unidos ya disponía de influencia sobre buena parte de Occidente, mientras Moscú podía intentar ampliarla a costa de Washington. Las noticias falsas forman parte de esa disputa. Recomienda El mago del Kremlin para acercarse a los mecanismos de manipulación y a la utilización política de la información.

Cuando se le pregunta por una posible caza de brujas en España, evita establecer una equivalencia directa con la persecución anticomunista estadounidense. Su crítica se dirige hacia la calidad del debate político: “Tenemos políticos de derecha y de izquierda de muy poco fuste”. Considera que la falta de ideas impide una controversia ideológica seria y favorece la sustitución de los argumentos por eslóganes.

España, Estados Unidos y Marruecos

La posición española durante la Guerra Fría permite al escritor enlazar aquel periodo con preocupaciones actuales. “Franco fue uno de los que se aprovechó de la Guerra Fría”, afirma. Los acuerdos de 1953 con Estados Unidos contribuyeron a legitimar internacionalmente a la dictadura y facilitaron la instalación de bases militares. La ubicación geográfica española adquirió valor dentro de la estrategia de contención de la Unión Soviética.

“España es desde el año 53 un satélite de los Estados Unidos y lo seguimos siendo”, sostiene. Matiza que esa dependencia se ha reducido y que la integración europea ha reforzado al país, pero entiende que la relación conserva consecuencias. El respaldo diplomático del Vaticano también aparece en su explicación del progresivo final del aislamiento franquista.

Jude Law, en su papel como Putin en 'El mago del Kremlin'
Jude Law, en su papel como Putin en ‘El mago del Kremlin’

El libro dedica un apéndice a Marruecos. Eslava Galán interpreta la relación entre Rabat y Washington como una protección estratégica que podría pesar más que la alianza con España en una situación de conflicto. “En cualquier conflicto, Estados Unidos se va a poner siempre al lado de Marruecos. Incluso en un conflicto con España”, pronostica.

Como antecedente, cita las restricciones estadounidenses al uso de su armamento durante la guerra de Ifni, en 1957. Según recuerda, España tuvo que recurrir a material antiguo, incluidos aviones alemanes procedentes de la Guerra Civil. Su conclusión es que la pertenencia al mismo ámbito de alianzas no garantiza que los intereses españoles sean prioritarios para Washington: “A Estados Unidos le interesa mucho ser más amigos de Marruecos que nuestro, porque a nosotros digamos que ya nos tiene ganados”.

Desde esa interpretación, plantea un futuro de soberanía compartida para Ceuta y Melilla que podría terminar diluyendo la presencia española. Es un pronóstico del autor, que en su libro considera posible que Marruecos trate de forzar “un cierto condominio”. Durante el encuentro atribuye también a Rabat una gran capacidad de inteligencia y apoyo israelí en materia de espionaje, sin aportar pruebas que permitan establecer responsabilidades concretas en los ataques a las comunicaciones del Gobierno español.

La conversación recupera asimismo el proyecto Islero, con el que España estudió desarrollar armamento nuclear. Eslava Galán recuerda el interés de Carrero Blanco y los trabajos científicos vinculados a aquella aspiración, finalmente abandonada. El episodio le sirve para ilustrar las tensiones entre las ambiciones del régimen y sus relaciones con Estados Unidos.

El temor a un futuro vigilado

“En todas las transiciones hay desorden”, responde cuando se le pregunta por la incertidumbre internacional. Compara el momento actual con la decadencia del Imperio romano, aunque acelerada: “Sabemos de dónde venimos, pero no sabemos exactamente a dónde vamos”.

China ocupa el primer lugar entre las potencias que, a su juicio, definirán el futuro. También concede un protagonismo creciente a la India y a Brasil. De la primera destaca la convivencia entre una enorme pobreza y profesionales de gran capacidad, muchos de los cuales han desarrollado sus carreras en Estados Unidos. De Brasil, su potencial para disputar influencia regional a Washington después de décadas de intervenciones estadounidenses en Latinoamérica.

Pekín
El presidente Trump junto a su homólogo chino, Xi Jinping en Pekín
Efe

África aparece como otro escenario decisivo por sus recursos y por el interés chino en construir infraestructuras y asegurar el acceso a materias primas estratégicas. La competencia tecnológica atraviesa todo ese panorama. “El futuro radica en la inteligencia artificial“, afirma.

Lo que más le inquieta es la relación entre eficacia económica y autoritarismo. Considera que los gobiernos menos democráticos cuentan con determinadas ventajas para imponer decisiones sin depender de la aprobación electoral. El precio, advierte, puede ser una pérdida de libertades. Su referencia es el Gran Hermano de Orwell y la capacidad de vigilancia que observa en China. “El futuro será el Gran Hermano de Orwell, todo el mundo estará perfectamente controlado”, pronostica. Después introduce una pausa de humor: “Soy todo un optimista…”.

Una democracia “muy imperfecta”

Sus críticas alcanzan también al origen y al funcionamiento de la democracia española. “Fue realmente una transacción, no una transición”, afirma sobre el proceso abierto tras la muerte de Franco. Considera que España llegó tarde a la democracia y que conserva defectos que deberían corregir tanto la izquierda como la derecha.

“Seguimos siendo una democracia muy imperfecta”, sostiene. Reclama una revisión de la ley electoral y cuestiona el modelo autonómico, al que atribuye problemas de organización en ámbitos como la sanidad y la educación. Su descripción de las comunidades como diecisiete “paisitos” resume una posición centralista que expone sin rodeos.

A los jóvenes que van a votar les recomienda informarse y examinar las propuestas antes de repetir una preferencia heredada. Critica que haya electores que respaldan a la derecha o a la izquierda por tradición, sin atender a su comportamiento ni a sus programas. Frente a esas fidelidades, reivindica la posibilidad de cambiar el voto después de evaluar la gestión.

Eslava Galán tampoco pretende situarse fuera de toda interpretación. “Yo intento mitigar que se vea mi ideología, pero por otra parte tampoco quiero engañar al lector y la expongo”, explica. Su compromiso, añade, consiste en ofrecer los argumentos favorables y contrarios a cada asunto para que quien lo lee pueda pensar por su cuenta.

Después de recorrer guerras, dictaduras, propaganda y decepciones políticas, los periodistas le preguntan si existe algo ante lo que no sea escéptico. La respuesta llega sin desarrollo histórico ni advertencias sobre el futuro: “En mis nietas”.

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