Opinión

Cincuenta macarras destrozan el Muro de Berlín

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El sábado fue el décimo aniversario de la muerte de David Bowie, quien se marchó de este mundo dos días después de que cumpliera sesenta y nueve tacos de calendario y de que publicara su último álbum, el bellísimo, dramático, divertido y macabro –“I’m not a pornstar, / I’m not a wandering star…”– Blackstar. Su fallecimiento, como a media Humanidad, me pilló de improviso. Era, y sigue siendo, mi cantante favorito. Por la tarde, aquel 10 de enero de 2016, fui a una iglesia a llorarle y a rezar por él. Tres meses después, visité Berlín con unos amigos en su honor. Nos plantamos en la que fuera su casa. La puerta del edificio lucía todavía repleta de postales, cartas y flores. Un grafiti en el garaje enunciaba: “David Bowie lived here”.

Desde entonces, consagro –disculpen la idolatría– cada 10 de enero al genio que compuso, entre muchas otras joyas, “Life on Mars?”, “Strangers When We Meet” o “Slow Burn”. Así pues, inauguré el sábado poniendo el DVD VH1 Storytellers, que recoge el concierto televisivo que se grabó el 23 de agosto de 1999, durante la gira ‘Hours…’, en el Manhattan Center de Nueva York. Bowie está guapísimo. Luce un peinado choppy bob –lo he tenido que buscar, lo confieso–, patillas largas y una sudadera gris con capucha. Borda maravillas como “Word on a Wing” o “Drive-In Saturday” y, antes de cada canción, cuenta una historia que la contextualiza.

‘Ziggy Stardust’, el disco que consolidó la fama de David Bowie

Ningún tema del repertorio suena tan brillante y sorprendente como “China Girl”. La pieza, compuesta por Bowie y por Iggy Pop, fue originalmente incluida en un álbum del segundo, The Idiot, que toma su nombre de la celebre novela de Dostoyevski. El inglés la regrabó en su posterior Let’s Dance, dándole un barniz más oriental, popero y bailable. Se dice/se cuenta que Bowie la recuperó para ayudar económicamente a Pop, que vendía bastantes menos discos. Gracias a los royalties, el exlíder de The Stooges alcanzó la estabilidad financiera por primera vez en su carrera.

Algún biógrafo de Bowie ha apuntado que la canción nace del enchochamiento de Pop con la actriz Kuelan Nguyen, que no era china, sino vietnamita, y tenía novio: el actor y cantante francés Jacques Higelin. El affaire no prosperó e incluso hay quien dice que el “shhhhh” del estribillo es lo que Nguyen le dijo a la Iguana cuando este intentó darle alegría Macarena.

David Bowie tocando en el festival “Rock in Chile”, celebrado en Octubre de 1990 en Santiago de Chile.

En el VH1 Storytellers, Bowie no desvela el origen de “China Girl”, pero cuenta una historia aún mejor: “Iggy Pop y yo éramos dos chicos muy malos. Fuimos a Berlín a aprender a ser buenos. (…) Recuerdo que una mañana, después de una noche especialmente loca, nos vimos en una cafetería que solíamos frecuentar, y nos contamos las hazañas de la noche anterior. Y el de Iggy, o Jim, fue el relato más extraordinario. Dijo que había ido a un bar punk. Era el aniversario de la construcción del muro, de algo así te acuerdas, y él fue a una fiesta conmemorativa que celebraban en un bar punk. Habían construido una réplica casi exacta del Muro de Berlín y, cuando dieron las doce de la noche, cincuenta salvajes enloquecidos se abalanzaron sobre el muro y lo derribaron a mordiscos y puñetazos. Dale que te pego… Pero dijo que lo que más le impresionó fue lo que vino después, porque se pusieron…, una vez que hubieron derribado el muro, se formaron pequeños grupos de punks en los rincones que lloraban amargamente, lloraban sin parar. Me pareció que era una cosa de lo más conmovedora y un auténtico recuerdo de Berlín, del Berlín de mi época. Esta canción la compuse con Jim por aquel entonces. Y supongo que también trata de invasión y explotación”. Concluido el discurso, Bowie se marca una interpretación deslumbrante. Dios le tenga en su gloria.

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