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La expedición de Christopher Nolan para filmar ‘La Odisea’

Rodada durante 91 días en seis países y con cámaras de película IMAX, la producción de La Odisea fue, en palabras del propio director, una “pesadilla” que puso a prueba a uno de los repartos más potentes de Hollywood

Matt Damon y Zendaya en 'La Odisea'.
Matt Damon y Zendaya en 'La Odisea'.
Universal Pictures

Durante casi tres milenios, La Odisea de Homero ha sido uno de los grandes relatos de viaje de la literatura occidental: una historia de dioses, monstruos y tormentas sobre un rey que intenta volver a casa. La mayoría de los especialistas sitúa la composición del poema entre los siglos VIII y VII a. C., aunque su transmisión oral es anterior. Christopher Nolan la aborda con la ambición reservada a los mitos fundacionales.

Para llevar ese viaje a la pantalla, el director renunció a la comodidad de los platós y las pantallas verdes siempre que pudo. El rodaje se extendió durante 91 días, a lo largo de seis meses y seis países: Grecia, Italia, Marruecos, Islandia, Escocia y Estados Unidos. La producción terminó incluso nueve días antes de lo previsto, aunque Nolan ha reconocido que no habría podido prolongarla mucho más por el desgaste acumulado del equipo.

Con un presupuesto estimado de 250 millones de dólares y 2,1 millones de pies de película IMAX, más de 640 kilómetros de celuloide, Nolan ha construido una aventura física. El objetivo era que el público sintiera el Mediterráneo, las cuevas, las montañas, el viento y el peso de los barcos reales. No bastaba con ilustrar el viaje de Odiseo. Había que hacerlo material.

La logística de una leyenda

La reputación de Nolan se ha construido sobre espectáculos de gran escala anclados en lo tangible: los pasillos giratorios de Origen, los vuelos de Dunkerque o la recreación práctica de la prueba Trinity en Oppenheimer. Con La Odisea, esa obsesión alcanza una escala nueva. En CinemaCon, el director describió el rodaje como “una absoluta pesadilla, pero en el buen sentido”, y explicó que esa dificultad formaba parte de la naturaleza misma del proyecto.

La “pesadilla” obligó a trasladar a un reparto enorme por algunos de los paisajes más exigentes del rodaje. Matt Damon interpreta a Odiseo, Anne Hathaway a Penélope y Tom Holland a Telémaco. El reparto incluye también a Zendaya, Lupita Nyong’o, Robert Pattinson, Charlize Theron y Jon Bernthal. Nolan bromeó en CinemaCon con que habría sido más rápido decir quién no salía en la película.

El compromiso con lo real llegó también a los barcos. Para las secuencias marítimas, el equipo utilizó el Draken Harald Hårfagre, un drakkar vikingo moderno de 35 metros de eslora que hizo las veces de nave de Odiseo. La producción lo filmó en aguas abiertas, con los actores aprendiendo a remar y trabajando sobre una embarcación real. Damon resumió la experiencia con que aquello se parecía menos a un rodaje convencional que a una expedición.

Escena de ‘La Odisea’, en la playa de Essaouira, Marruecos.
Universal Studios

Troya y el tramo norteafricano

El viaje de la película empieza donde termina la Guerra de Troya. Para levantar la ciudad condenada, Nolan viajó a Marruecos y utilizó Aït Benhaddou, enclave fortificado declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y habitual en grandes producciones históricas. Allí se construyó una Troya de 360 grados, supervisada por la diseñadora de producción Ruth De Jong, con un templo de Atenea de casi quince metros y unos 2.000 extras preparados para recrear la caída de la ciudad.

El Caballo de Troya y la partida de Odiseo fueron rodados en las playas atlánticas de Essaouira. Nolan llevaba más de dos décadas pensando en esa imagen, desde que estuvo vinculado durante un tiempo a la película Troya, de 2004. En su versión, el caballo aparece medio enterrado en la arena, más cerca de una ofrenda inquietante que de la iconografía escolar de la leyenda.

El Peloponeso: el corazón del mito

Desde Marruecos, la producción se trasladó al Peloponeso, una región cargada de resonancias micénicas. Allí, la película recurrió a localizaciones ligadas al imaginario homérico y al paisaje griego más reconocible: la playa de Voidokilia, el castillo de Methoni, Acrocorinto, Almyrolaka y la Cueva de Néstor.

La Cueva de Néstor fue una de las localizaciones decisivas. Allí se rodó el encuentro con el cíclope Polifemo. La gruta, situada sobre la playa de Voidokilia, tiene unos 29 metros de altura desde el suelo hasta el techo. Nolan y su equipo trabajaron con animatrónica, robótica y títeres para dar vida al monstruo, interpretado físicamente por Bill Irwin. La inspiración visual partía en parte de Saturno devorando a su hijo, de Goya.

El rodaje dentro de la cueva fue especialmente ingrato. Damon recordó que había que atravesar una cortina de abejas para entrar, y Nolan admitió que el olor de las ovejas usadas en la escena volvió el espacio cada vez más denso. Esa incomodidad era precisamente lo que buscaba el director: la sensación de estar atrapado en una oscuridad real.

Anne Hathaway y Tom Holland en ‘La Odisea’.
Universal Pictures

Italia: monstruos e islas de la mente

Italia ofreció a Nolan un lienzo para los elementos más fantásticos del viaje. Buena parte de la producción tuvo lugar en Sicilia, en especial en la isla de Favignana, conocida históricamente como la isla de las cabras. El Castello di Santa Caterina, del siglo XV y situado a más de 300 metros sobre el Mediterráneo, sirvió de hogar a Penélope y Telémaco. Como no hay carreteras de acceso a la fortaleza, cada mañana, buena parte del equipo subía durante unos 45 minutos por una pendiente de casi 275 metros. Algunos miembros del reparto acabaron usando helicópteros. John Leguizamo lo intentó una vez y decidió no repetir la caminata.

Las Islas Eolias, entre ellas Lipari, Vulcano y Stromboli, se utilizaron para representar el reino de Eolo, el guardián de los vientos. Los paisajes volcánicos, con sus salidas de vapor y depósitos de azufre, proporcionaron una atmósfera natural y extraña que requirió muy poca intervención. Además, el Estrecho de Messina ha sido identificado tradicionalmente con el angustioso pasaje entre Escila y Caribdis, esa decisión imposible que se ha vuelto una de las imágenes más perdurables de la literatura antigua.

La oscuridad fría: Islandia y el Hades

Alejándose de las interpretaciones mediterráneas más habituales, Nolan eligió los paisajes helados de Islandia para representar el Hades. Al rodar en las Tierras Altas y cerca de las playas de arena negra de Hjörleifshöfði, en junio de 2025, la producción aprovechó la inquietante luz del sol de medianoche para crear una atmósfera siniestra para la Tierra de los Muertos.

“Supe desde el principio que quería que el paisaje de Islandia retratara el Hades”, explica Nolan en sus notas de producción. “Este viaje hacia el norte, cada vez más adentrado en el frío, no podría estar más lejos del hogar de Odiseo en Ítaca”. La producción llegó a construir un gran decorado naval cerca del puerto de Landeyjahöfn para facilitar estas secuencias oníricas. Para el reparto, Islandia fue uno de los obstáculos físicos finales. Pese a las expectativas de un verano templado, el clima impredecible y el terreno desolado la convirtieron en uno de los segmentos más duros del rodaje.

El norte accidentado: Escocia

La costa del fiordo de Moray, en Escocia, aportó a la película sus paisajes más ventosos y agrestes. El Bosque de Culbin acogió las escenas de los lestrigones, los gigantes antropófagos que en la película acechan a los hombres de Odiseo entre los pinos. El castillo de Findlater, una fortaleza en ruinas del siglo XV sobre un acantilado del Moray Firth, sirvió para las escenas de Circe, interpretada por Samantha Morton.

Escena de 'La Odisea' en el Bosque de Culbin.
Escena de ‘La Odisea’ en el Bosque de Culbin.
Universal Pictures

El estudio y la banda sonora

Aunque Nolan apostó por localizaciones reales, algunas escenas adicionales y secuencias técnicas se completaron en Los Ángeles. La producción utilizó el tanque exterior Falls Lake de Universal Studios, un espacio de 2,7 millones de galones ya empleado en películas como Jurassic Park III, Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra y Dunkerque.

La banda sonora quedó en manos de Ludwig Göransson, que evitó el lenguaje orquestal más convencional del cine histórico. Nolan le pidió un sonido más cercano a la materialidad del mundo de la película. Göransson recurrió a gongs de bronce, aulos y lira, además de una canción final escrita junto a James Blake, Travis Scott y el propio Nolan.

La inmersión técnica también exigió cambios en las cámaras. El equipo trabajó con una carcasa insonorizada, conocida como blimp, para poder grabar diálogos con sonido directo en película IMAX. La cámara, con esa estructura, pesaba alrededor de 136 kilos. Cada rollo permitía apenas dos minutos y medio o tres de rodaje continuo antes de tener que recargar.

Regreso a Ítaca

La producción de La Odisea concluye con el regreso del héroe a una Ítaca que, en la película, combina la belleza accidentada de Sicilia, la resonancia histórica de Grecia y el trabajo técnico de estudio. Aunque la moderna isla de Ithaki todavía existe, la Ítaca de Nolan es un lugar definido por la distancia física y emocional de las pruebas del viaje.

La Odisea de Christopher Nolan es más que una adaptación cinematográfica. Es un testimonio del poder duradero del cine práctico. Al seguir los pasos de Odiseo a lo largo de seis países y tres mares, Nolan ha demostrado que las historias más grandes no solo se cuentan. También se viven. Con la película ya en cines, ofrece al público una oportunidad poco habitual de adentrarse en una leyenda donde el mito, por fin, adquiere peso físico.

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