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La Fundación Mapfre lleva a Gijón “Tierna es la noche”, la retrospectiva de Sakiko Nomura

Tras su paso por Madrid, el Centro de Cultura Antiguo Instituto acoge hasta el 24 de mayo la primera gran retrospectiva europea de la fotógrafa japonesa

La retrospectiva de Sakiko Nomura está ahora en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón
Montaje: kiloycuarto

La Fundación Mapfre lleva a Gijón “Tierna es la noche”, la primera gran retrospectiva europea de la fotógrafa japonesa Sakiko Nomura (Yamaguchi, 1967). Cerca de 200 imágenes recorren en el Centro de Cultura Antiguo Instituto una obra marcada por la intimidad, la penumbra y la exploración del deseo. Comisariada por Enrique Juncosa, la muestra propone un itinerario temático —no cronológico, ya que la artista rara vez fecha sus trabajos— que permite adentrarse en los motivos y obsesiones que han definido más de tres décadas de trayectoria.

Nomura, una de las fotógrafas japonesas más destacadas de su generación, fue asistente del legendario Nobuyoshi Araki durante veinte años y comenzó a ganar reconocimiento en 1993, en un contexto en que las mujeres rara vez lograban visibilidad tras la cámara.

El elogio de la sombra

Los años noventa en Japón, marcados por la crisis económica iniciada en 1989, son conocidos como los “años perdidos”. Sin embargo, ese periodo impulsó una notable internacionalización de la fotografía: se abrieron museos y galerías, y tanto instituciones públicas como privadas comenzaron a construir importantes colecciones. En ese contexto, la mujer seguía ocupando un lugar secundario, cuando no era directamente objeto de representación filtrada por la mirada masculina.

De ese ecosistema surgiría la llamada “fotografía de chicas”, una corriente de la que partió Nomura, licenciada en Fotografía por la Universidad Kyushu Sangyo en 1990. Sin embargo, pronto se distanciaría de sus contemporáneas al subvertir los códigos establecidos: su obra se centraría mayoritariamente en desnudos masculinos capturados en blanco y negro, con grano grueso y bajo contraste.

Estas imágenes aparecieron por primera vez en su fotolibro Naked Room (1994) y desde entonces han definido una estética que remite inevitablemente a la tradición japonesa de la sombra. Resulta difícil no pensar en El elogio de la sombra, el influyente ensayo que ayudó a Occidente a comprender una sensibilidad en la que la belleza emerge precisamente de lo velado, lo que no se muestra del todo.

A partir de ahí, la obra de Nomura ha sido expuesta regularmente en Asia, Europa y México. En 2024, por encargo de la propia Fundación Mapfre, realizó una serie en Granada, ciudad que la había cautivado años antes tras una visita al Centro García Lorca. No obstante, su principal vía de difusión ha sido los cerca de cuarenta fotolibros que ha publicado, muchos de ellos presentes en la exposición. En ellos construye asociaciones libres entre imágenes aparentemente inconexas, apelando a una lógica más cercana al subconsciente que a la narración lineal.

Naked Time 053 (1997)
Akio Nagasawa Gallery

Intimidad, repetición y variación

A lo largo de su carrera, Nomura ha trabajado sobre un conjunto relativamente acotado de motivos: desnudos masculinos, flores, ciudades, naturalezas muertas, animales o composiciones que rozan la abstracción. Lejos de limitarla, esta repetición le permite profundizar en una investigación visual sostenida en el tiempo.

Como señalaba su maestro Araki, “un fotógrafo no debe evolucionar”. En el caso de Nomura, más que una transformación estilística, lo que cambia es la experiencia de la mirada. “Para mí, un fotolibro debe ser personal e íntimo“, afirma la artista, subrayando la diferencia entre el espacio expositivo y el objeto editorial.

Uno de los ejemplos más representativos de su trabajo es Night Flight (2008), donde alterna imágenes de hombres desnudos en habitaciones de hotel oscuras con escenas de aviones, luces nocturnas desenfocadas o chimeneas industriales. En estas composiciones, los cuerpos reposan, fuman o miran a cámara en un estado de vulnerabilidad suspendida, mientras los elementos exteriores sugieren movimiento, tránsito o fuga. El resultado es una tensión constante entre lo íntimo y lo distante.

Esa misma lógica se aplica a sus series florales. Orquídeas, rosas, lirios o crisantemos, capturados en distintos estados de descomposición y dispuestos en espacios sombríos, funcionan como alegorías de la fugacidad. Bajo esta mirada, el título de la exposición cobra pleno sentido: “Tierna es la noche”, tomado de la novela de F. Scott Fitzgerald, remite a una belleza tan intensa como efímera, consciente de su propia desaparición.

Moonlight light 015 (2023)
Akio Nagasawa Gallery

La oscuridad como experiencia

En fotolibros como Black Darkness (2008), NUDE / A ROOM / FLOWERS (2012) o Fate in spring (2020), Nomura continúa explorando estas asociaciones mediante imágenes densas, íntimas, que invitan a una lectura pausada.En Another Black Darkness, proyecto surgido tras su participación en los Encuentros de Arlés de 2016, lleva esa investigación un paso más allá: las fotografías, impresas con tinta negra brillante sobre papel negro mate, apenas se revelan a primera vista. Es el espectador quien debe ajustar su mirada, implicarse activamente para descifrar lo que hay en ellas.

Este gesto convierte la observación en experiencia, un ejercicio casi físico de atención. Las imágenes aparecen y desaparecen como recuerdos lejanos, destellos que parpadean en la memoria.

Otro proyectos amplían su universo sin abandonar sus constantes. My Last Remaining Dream (2018) documenta en 593 fotografías la carrera del actor de kabuki Koshiro Matsumoto X, mientras que majestic (2022) retrata a los miembros de la asociación Edo-choyukai, guardianes del tatuaje tradicional japonés, durante su peregrinación anual al monte Oyama. Junto a estas imágenes, la exposición incluye también amaneceres, crepúsculos y escenas animales que refuerzan esa atención a lo transitorio.

Mirar desde la penumbra

Para entender la fotografía de Nomura, es necesario asumir una poética de la penumbra. Frente a la tradición occidental, donde la luz domina y la sombra funciona como contraste, en su obra la belleza emerge de lo oculto, de lo apenas visible, de lo que exige tiempo.

Su imaginario se construye desde el detalle velado, desde lo aparentemente insignificante que, sin embargo, contiene una intensidad latente.

“Tierna es la noche” invita así a adentrarse en un territorio donde la imagen no se impone, sino que se sugiere. Abrazos furtivos, habitaciones en silencio, cuerpos que reposan y tradiciones que perduran componen un universo en el que la oscuridad no es ausencia, sino lenguaje.

Es ahí donde la fotografía de Normura deja de mostrar y empieza, verdaderamente, a decir.

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