Hay reencuentros que se hacen esperar. El de Lydia Bosch con los escenarios ha tardado 37 años, pero la actriz lo afronta con una mezcla de emoción y responsabilidad que no oculta. Lo hará con Fedra en los infiernos, la obra escrita y dirigida por José María del Castillo que se estrenará el próximo 12 de agosto en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, donde podrá verse hasta el 16 de agosto antes de emprender una gira “que se prevé bastante extensa” por distintos puntos de España, con paradas ya confirmadas en Sagunto, San Javier, Niebla, Almuñécar, Jaén, Albacete o Granada, entre otras plazas.
La actriz reconoce que este regreso le remueve por dentro. “Es un proyecto que me da vértigo, pero a la vez estoy entusiasmada. Vértigo por la responsabilidad, porque es un personaje en el que no te puedes dormir, en el que no puedes respirar en un momento dado ni dejar de poner toda tu alma en él, ni un solo segundo”, explica. Y el lugar del estreno multiplica ese peso: “Me siento preparada, y más para hacerlo en Mérida, que es la cuna, lo que todos los actores soñamos alguna vez”.
Para Lydia Bosch, el papel es “mucho más que un regalo”. “No me imaginaba un personaje tan complejo y tan maravilloso para poder hacer en este momento de mi vida”, confiesa. Y ahí aparece una de las claves de por qué este proyecto llega en el instante justo. La actriz no esquiva una realidad que conoce bien: la escasez de grandes personajes para las mujeres cuando cumplen años. “A partir de cierta edad, hay pocos personajes femeninos interesantes”, admite. Es una constatación que ya ha formulado antes, cuando explicaba que su alejamiento de la interpretación no siempre fue una elección: “Hay pocos personajes femeninos de cierta edad, y el teléfono empieza a sonar menos con los años”.
Precisamente por eso vive este reencuentro con una libertad nueva. “Siempre había trabajado como con presión, sintiendo que en cada trabajo tenía que demostrar. En esta profesión eres también tu último trabajo. Pero ahora lo estoy viviendo de forma presente, sin esperar que esto me lleve a otro trabajo. Estoy disfrutando para mí; lo tomo como un regalo”, relata. Lo resume con humor y sin falsa modestia: “En estos últimos veinte minutos de mi vida, si hacemos que es un reloj, creo que es un premio, y que me lo merezco”.
Una Fedra humana, vulnerable y cercana
Lo que más atrae a Lydia Bosch de esta versión es su dimensión contemporánea y la forma en que rompe la cuarta pared para dialogar directamente con el espectador. “Lo que me gusta mucho de esta Fedra es que tiene mucha importancia la parte contemporánea, sin olvidar la esencia clásica del personaje, y consigue que haya como un hilo invisible pero muy potente entre Fedra y el espectador”, explica. “Ella se desnuda emocionalmente ante ellos, muestra toda su vulnerabilidad, les hace partícipes de sus miedos, de sus dudas, de su rabia”.
Todo ello, insiste, sin caer únicamente en lo trágico. “Efectivamente hay escenas trágicas, pero lo bonito de la función es que hay muchos momentos de oxígeno, secuencias con mucho sentido del humor, con mucha ironía”, señala. Su forma de construir el personaje pasa por despojarlo de grandilocuencia: “Intento trazar una Fedra muy humana, muy vulnerable. Se muestra muy poderosa, se equivoca, hace muchas locuras, pero es muy cercana. Se quita la máscara en muchos momentos, y creo que esa cercanía hace que el público entienda muchas cosas que en otras versiones no se entienden tanto”.
El reto interpretativo, dice, está en no anticipar: “Empieza a desnudarse y a quebrarse sin anticipar. Ella misma no entiende qué está pasando: se emociona, se ríe, lucha, se enfada, pero todo lo va viviendo minuto a minuto. Eso es lo más complicado”.

La culpa, el juicio y la libertad
Lydia Bosch sitúa el verdadero “infierno” del personaje no en un lugar físico, sino en la mirada de los demás. “El infierno de esta Fedra es el qué dirán todo el tiempo. Son los elementos externos, todas las expectativas que la gente pone en ella y que ve que no es capaz de cumplir”, explica. De ahí nacen la culpa y la incapacidad de gestionar lo que siente: “No estamos diciendo que lo que hace Fedra esté bien o mal. Lo que habría que juzgar es cómo se gestiona, no el hecho de sentir. Hay una frase en la obra que dice: ‘Yo no estoy loca, yo siento más que los demás’, y eso lo resume un poco todo”.
La actriz reivindica la obra como un espacio para la reflexión frente a la tendencia a juzgar. “Todos somos muy dados a juzgar; me incluyo yo. Esta es la maravilla del teatro: dejamos los móviles y nos ponemos en las sandalias de Fedra para decir: ‘Ostras, quizá en esas circunstancias a mí también me hubiese pasado’. No podemos juzgar por solo 140 caracteres. En este mundo tan polarizado, es bonito contar esta función”. Para ella, el espectador se convierte en parte directa de la obra: “Va a ser el juez, va a pensar hasta qué punto puede juzgar a Fedra por lo que está haciendo. ¿Quién no se ha visto en situaciones similares?”. La obra, añade, toca temas universales: “Se habla de pasión, de amor, de los juicios, de los lazos familiares. Es un texto que te va a mover algo, y eso creo que es importante”.
Bosch se detiene también en el porqué de una ausencia tan larga; concretamente, de 37 años. “La experiencia de cuando era más joven me fascinó, pero luego llegaron los condicionamientos de mi vida personal y los proyectos. Entré en televisión y fue una época muy intensa. Me separé un poquito del teatro”, recuerda. Su vínculo con esta profesión es, dice, todo o nada: “Yo me tengo que apasionar, porque si no, no sé trabajar. El teatro tiene que ser algo que te llegue hasta las entrañas”. También pesó su decisión de estar presente como madre: “Quería ser madre presente. Si me hubiese llegado un proyecto como Fedra hace años, les habría dicho a mis hijos: ‘Estoy presente, pero de vez en cuando hacemos una videollamada’. Y no me llegaban proyectos que me enamorasen”.
No olvida el cariño del público durante estos años. “Jamás he dejado de recibir cariño y mensajes”, dice, emocionada al pensar en reencontrarse con la gente durante la gira: “Poder ir por distintos sitios de España, abrazar a esa gente que te dice ‘voy a ir desde Galicia al estreno y nos vamos a conocer’… Va a ser una locura”. Del ambiente de los ensayos habla también con entusiasmo desbordado: “Yo quiero más, no quiero parar ni para ir al baño. Los ensayos son duros, me da la sensación de que falta tiempo, pero estoy muy contenta”.
El director y el joven Hipólito
José María del Castillo explicó por qué pensó en ella: “La vi en una gala y me quedé impresionado. Ella tiene una empatía con el público, una cercanía y a la vez una fortaleza que necesitaba para este personaje tan trágico y complejo. Consigue que la gente entienda por qué hace lo que hace”. Por su parte, Julio Peña, que da vida a Hipólito, confesó su ilusión: “Cuando lo leí por primera vez me enamoró, sobre todo por eso de lo fácil que es juzgar. La gente conoce el mito de forma muy superficial, y de repente entiendes la humanidad del problema, y eso te hace verte reflejado”. Y sobre el escenario del estreno: “Estar en un escenario como ese es un regalo que hay que saber aprovechar. Han pasado miles de actores durante muchísimos años, y eso me emociona muchísimo”.
Junto a Bosch y Peña, el reparto lo completa Alejandro Albarracín (Teseo), con las actuaciones de Marta Calvó, Antonio Albella, Eva Diago y Yaiza Marcos. Fedra en los infiernos es una coproducción del Festival de Teatro Clásico de Mérida, La Raíz Producciones y Coribante Producciones.

