Festival de Málaga

Marta Matute filma una “declaración de amor” a su familia “dolorosamente bella”

'Yo no moriré de amor' ha ganado la Biznaga de Oro a mejor película española, Biznaga de Plata a la Mejor Interpretación Femenina para Júlia Mascort y Mejor Interpretación Masculina de Reparto para Tomás del Estal. En cines el 8 de mayo

Marta Matute en la 29ª edición del Festival de Málaga
Jorge Zapata / EFE

Hasta el título guarda su encanto. Yo no moriré de amor se llama así porque su directora, Marta Matute, relata su propia historia familiar, a raíz del proceso vivido la enfermedad neurodegenerativa de su madre, y pensó que aquel cúmulo de emociones que había experimentado, ese dolor que también era amor, algo “dolorosamente bello” —definió ella misma—, le llevó a autoafirmarse que después de aquello, ella ya no iba a “morir de amor”.

En un festival que cada año busca historias capaces de dialogar con el presente, la Biznaga de Oro a la mejor película española del Festival de Málaga ha recaído en una obra que mira de frente a una realidad cotidiana y, sin embargo, poco representada en el cine: el proceso emocional de quienes cuidan a una madre enferma. La debutante Marta Matute ha ganado el máximo galardón con Yo no moriré de amor, un drama íntimo que ha sido también uno de los títulos más comentados y aclamados de la 29ª edición del certamen.

El largometraje sigue a Claudia, una joven que intenta sostener su vida mientras cuida de su madre enferma. La premisa podría parecer sencilla, pero la película se adentra en las grietas emocionales de esa experiencia: la culpa, el agotamiento, el amor y también los momentos de rechazo que acompañan a los cuidados prolongados.

La película no solo se llevó la Biznaga de Oro, sino también el premio a mejor actriz para Júlia Mascort y el de mejor actor de reparto para Tomás del Estal, consolidándose como una de las grandes revelaciones del cine español reciente.

El equipo de ‘Yo no moriré de amor’ en el Festival de Málaga
Jorge Zapata / EFE

Una historia íntima que se vuelve universal

El proyecto nace de una experiencia personal de la propia directora. Durante años, Matute y su familia cuidaron de su madre enferma, un proceso que marcó profundamente su vida y que terminó convirtiéndose en el motor creativo de la película: “La motivación para hacer esta película siempre ha sido acompañar a las personas que están a cargo del cuidado de un familiar y visibilizar la carga emocional y muchas veces también física que supone sostener esos cuidados a lo largo del tiempo”, explicó la cineasta durante su paso por el festival.

En esa frase está ya condensada la esencia de la obra: un cine que no busca grandes giros dramáticos, sino observar con honestidad lo que ocurre cuando la enfermedad transforma la vida familiar y ahí es precisamente donde la película rezuma verdad y honestidad: nos creemos todo lo que ocurre en esa familia, empatizamos con ellos, descubrimos las heridas de cada uno y asistimos a la evolución de los vínculos afectivos entre ellos y el cuidado para arroparse desde la genuina forma de ser de cada uno.

Un retrato de la juventud interrumpida

Asimismo, la cinta también plantea una pregunta incómoda: qué ocurre cuando la juventud se ve atravesada por responsabilidades que parecen corresponder a otra etapa de la vida. Claudia, interpretada por Mascort, es una chica que intenta mantener su identidad mientras se convierte en cuidadora precoz. En el reparto la acompañan intérpretes como Sonia Almarcha, conocida por su trabajo en El buen patrón o la serie La ruta, y la actriz Laura Weissmahr, reciente ganadora del Goya por Salve María. La combinación de una actriz debutante y un reparto sólido contribuye a que la historia mantenga un equilibrio delicado entre fragilidad y autenticidad. No hay melodrama excesivo, sino una mirada casi documental sobre cómo el cuidado puede devorar el tiempo personal.

Ese enfoque conecta con una realidad que muchas familias conocen bien. Como recordó Matute, su película intenta nombrar emociones que rara vez se verbalizan: “Para mí era importante mostrar los momentos en los que quizá yo me sentía más sola y más frustrada, por sentimientos de culpa, querer que se terminara ya, el rechazo al propio familiar, incluso culparle de lo que estaba pasando”. Lejos de juzgar a sus personajes, la directora se acerca a ellos con una comprensión radical: reconocer esas emociones también forma parte del amor. En la gala de clausura, Matute dedicó el galardón a quienes cuidan. “Este premio va para todas las personas que están cuidando”, dijo. Y añadió una dedicatoria íntima: Quiero dedicar este premio a mi familia nuclear: a mi madre, a mi padre, a mis hermanas y a mi sobrino. Esta película es, sobre todo, una declaración de amor hacia vosotros”.

Cartel de ‘Yo no moriré de amor’
Elastica Films / RTVE / Movistar Plus+

Discurso a favor de los cuidados

Si algo ha destacado el jurado y la crítica es la honestidad del proyecto. Yo no moriré de amor pertenece a esa tradición del cine español reciente que apuesta por relatos íntimos, pero con una dimensión social muy clara. La película pone el foco en el sistema de dependencia y en las dificultades reales que enfrentan muchas familias para sostener los cuidados. En su discurso durante el festival, Matute lanzó un mensaje directo a las instituciones: “Por favor, más residencias públicas, más vigilancia por parte de las instituciones en las residencias concertadas y privadas para que se garantice que se cumplen los ratios de trabajadores y los cuidados que merecen los residentes”.

El filme, así, funciona en dos niveles. Por un lado, como una historia profundamente personal; por otro, como un recordatorio de que el cuidado sigue siendo una tarea invisibilizada que recae mayoritariamente en las familias. Aunque Matute subrayó en la rueda de prensa que quiso centrarse más en el aspecto emocional, esa mezcla de drama íntimo y honesto con la conciencia social explica en parte por qué la película ha resonado con tanta fuerza en Málaga.

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