La nueva película de Xavi Puebla, Femení, singular, se ha presentado en el Festival de Málaga con una historia íntima sobre maternidad, migración y las expectativas que pesan sobre las mujeres.
Protagonizada por la actriz mexicana Vico Escarnia, con un guion escrito por Puebla junto a Jesús Méndez Estero y Mireia Vidal, explora las tensiones entre identidad, responsabilidades y libertad personal. Hablamos con el director y con su actriz protagonista sobre el origen del proyecto, el intenso proceso de preparación del personaje y el tipo de mirada que esperan despertar en el espectador.
¿Cómo surge esta película y por qué sentiste que tenías que contar esta historia?
Xavi Puebla: El origen no está exactamente en mí. Éramos tres guionistas, aunque al principio empezamos dos. Fue Jesús Méndez Estero quien propuso abordar este tema. Él estaba viviendo una situación personal y familiar similar a la de la protagonista y le interesaba mucho hablar de ello desde la experiencia. Eso también nos abrió la puerta a una documentación muy directa. A partir de ahí empezamos a trabajar en el guion. En una primera etapa lo escribimos juntos, pero yo tenía claro que no quería hablar solo de la maternidad. Me interesaba ponerla en relación con cuestiones económicas, sociales y laborales. Cuando colocas la historia en ese contexto, deja de ser una línea única y aparecen muchas capas. El guion pasó por muchas versiones. Lo dimos por cerrado varias veces, pero siguió evolucionando mientras buscábamos financiación. En ese proceso, desgraciadamente, Jesús murió. Poco antes de empezar la preproducción sentí la necesidad de incorporar a una mujer al equipo de guion. Me parecía que la mirada de dos hombres siempre sería, inevitablemente, parcial. Entonces se sumó Mireia Vidal, que además es madre, y su aportación fue muy importante: no tanto añadiendo grandes elementos nuevos, sino aportando una perspectiva femenina más profunda. También hubo cambios durante la preproducción y el rodaje. Es una película modesta desde el punto de vista económico, y eso a mí no me disgusta. De hecho, creo que encaja con la historia y con el personaje. A veces veo películas que hablan de vidas humildes, pero están hechas con presupuestos muy grandes y hay algo ahí que chirría un poco. No digo que la imagen de nuestra película sea precaria —la fotografía y la iluminación están muy cuidadas—, pero sí hay una cierta humildad que me parece coherente con lo que cuenta.
¿Por qué el título Femení, singular?
Xavi: El título también fue cambiando durante el proceso. Son dos palabras muy claras y contundentes que cada espectadora o espectador puede interpretar a su manera. Por un lado, tiene que ver con que la película está habitada fundamentalmente por mujeres. No solo la protagonista: hay cuatro personajes femeninos importantes y tres de ellas son madres. Los personajes masculinos tienen un papel menor y, en muchos casos, están ausentes o no ayudan a mejorar la situación. Pero también habla de los prejuicios sociales que pesan sobre la protagonista por tres motivos: ser mujer, ser migrante y ser pobre. Ninguna de esas características debería ser un estigma, pero muchas veces lo son. Y el “singular” tiene que ver con la especificidad de cada vida. Cuando hablamos de migración, solemos caer en la generalización, y ahí empieza la deshumanización. En realidad son historias individuales, vidas concretas.
¿Creéis que el hecho de ser migrante y tener una fuerte presión económica limita la libertad de la mujer?
Vico: Creo que Nayeli es un personaje que, en parte por su entorno y en parte por sí misma, ha ido renunciando a su libertad. No pienso que ser migrante o pertenecer a un estrato socioeconómico bajo implique automáticamente menos libertad, pero en su caso sí se vive así. Hay un patrón muy presente en la experiencia de muchas mujeres: querer hacerlo todo bien, complacer, no hacer demasiado ruido ni ocupar demasiado espacio. Y en Nayeli eso está llevado al extremo. La película muestra lo que ocurre cuando esa renuncia a la identidad propia llega casi a su límite.
Xavi: También nos interesaba no presentar al personaje como una víctima completamente pura. Nayeli tiene responsabilidad en cómo vive su situación. Ha interiorizado ciertas creencias y comportamientos que la llevan a aceptar un papel que quizá no le corresponde. Esa falta de libertad no es fruto de una conspiración, sino de la manera en que funciona la sociedad y de lo que cada uno acaba asumiendo. A lo largo de la película hay un proceso de descubrimiento: entender que necesita su propio espacio. Y para conseguirlo tiene que empezar a decir que no, aunque sea de forma muy discreta. No es una rebelión espectacular, es más bien una resistencia silenciosa.

¿Creéis que la sociedad espera algo concreto de las mujeres?
Vico: Sí, completamente. Muchas veces parece que hay unas reglas implícitas: si las cumples, todo está bien; si no, hay consecuencias. Pero no se trata necesariamente de rebelarse haciendo lo contrario de lo que esperan de ti. Creo que el proceso interesante es preguntarse por qué hacemos ciertas cosas y si las haríamos igual si el peso de las expectativas sociales no existiera.
¿Cómo encontraste a Vico Escarnia?
Xavi: Primero hicimos un casting en Barcelona con actrices latinoamericanas, porque la nacionalidad del personaje la teníamos un poco abierta: queríamos encontrar a la mejor actriz y después concretar su procedencia. Hicimos muchas pruebas allí y también empezamos a buscar en Madrid, pero no terminaba de encontrar a alguien que me convenciera. Entonces abrimos un casting internacional gracias a la directora de casting, Alejandra Laff, que hizo un trabajo excelente. Contactó con agencias de distintos países y empezaron a llegar muchas propuestas. Cuando vi la prueba de Vico, fue casi inmediato. Luego puedes racionalizar la decisión, pero muchas veces es algo instantáneo: ya conoces al personaje porque lo has escrito y, cuando ves a la actriz adecuada, lo reconoces. Su fisonomía encajaba mucho con la idea que yo tenía, pero sobre todo fue determinante la interpretación que envió.
Y también sus ojos —lo digo siempre—. Tiene unos ojos que en pantalla son espectaculares. Durante el montaje nos dimos cuenta de algo curioso. Habíamos rodado los contraplanos habituales en las escenas de diálogo, pero muchas veces era más interesante escuchar al otro personaje mientras la cámara permanecía en su rostro. La cantidad de matices que reflejaba su cara, las reacciones al estímulo del otro personaje… era mucho más rico. Poco a poco fuimos quedándonos más tiempo con ella en pantalla.
¿Qué supone para vosotros presentar la película en Málaga?
Xavi: Tengo una relación muy larga con el festival. Mi primera película aquí fue en 2008 y desde entonces he vuelto varias veces, incluso como jurado o tutor de proyectos. Siempre me han tratado muy bien y para mí es un lugar muy especial. Ayer, cuando presentamos la película, sentí que ya no era solo un estreno: estaba rodeado de amigos que conocí precisamente gracias al festival. Eso hace que el momento sea aún más emocionante.
Vico: Para mí es la primera vez que vengo al festival y es un sueño hecho realidad. Para muchos actores es un destino muy importante, y para mí, como actriz mexicana, poder presentar aquí la película en un festival europeo tan relevante es algo que hace unos años ni siquiera habría imaginado.

Tu interpretación es muy contenida y se apoya mucho en la mirada. ¿Cómo preparaste el personaje?
Vico: Llevo quince años trabajando en México y en Estados Unidos, pero nunca había trabajado en Europa. Cuando surgió esta oportunidad, me lancé sin pensarlo. El proceso fue muy intenso, sobre todo porque yo no hablo catalán. Hice el casting en enero de 2025 y unas semanas después me pidieron una segunda prueba… en catalán. Me dieron la escena menos de veinticuatro horas antes. Poco después me ofrecieron el personaje. Volé a Barcelona menos de dos semanas después y tres semanas más tarde empezamos a rodar. En total tuve unas cinco semanas para prepararlo. Había más de sesenta escenas y, además del idioma, el personaje tiene una construcción emocional muy profunda. Así que decidí desaparecer del mundo durante la preparación y el rodaje. Me encerré en mi apartamento en Barcelona y pasaba prácticamente todo el día estudiando. Tenía incluso cartulinas con el mapa emocional de la película para entender cómo evolucionaba Nayeli a lo largo del tiempo. Dejé de hacer audiciones para otros proyectos porque quería dedicarle el cien por cien. Y, de alguna forma, viví una soledad bastante parecida a la del personaje.
Xavi: Además de su talento, Vico tiene algo muy valioso: es extremadamente disciplinada y muy madura en su manera de trabajar.
Vico, a nivel emocional, ¿cómo te afectó el personaje?
Vico: Me volví muy protectora con Nayeli. La sentía como alguien que habitaba dentro de mí y a quien tenía que cuidar. Emocionalmente fue muy duro. Desde el guion ya era un reto enorme. Había escenas que me daban mucho miedo, como el parto, porque simboliza muchas cosas para el personaje. Preparé muchísimo cada momento para poder acceder a esas emociones durante el rodaje, pero fue una experiencia muy intensa. Creo que tardé bastante tiempo en recuperarme después.Viví una sensación muy fuerte de soledad y desesperanza para conectar con la verdad del personaje. Y, cuando terminó el rodaje, tuve que volver a encontrarme conmigo misma.
¿Qué os gustaría que se llevara el espectador después de ver la película?
Xavi: Cada espectador tendrá su propia lectura. Para mí el cine tiene que ayudarnos a comprender al otro.Vivimos tiempos en los que el odio parece imponerse a la empatía, y creo que el cine puede tender puentes, abrir preguntas y hacernos reflexionar sobre nosotros mismos.
Siempre intento hacer las películas que me gustaría ver como espectador: películas que te enriquecen humanamente. A veces para llegar a eso hay que atravesar historias duras o incómodas, pero lo importante es el poso que dejan.
Vico: Creo que es una película que te rasca el corazón. No quiero imponer una interpretación concreta. Cada persona reaccionará de una manera distinta. Pero sí creo que es difícil salir indiferente, porque la película tiene una intimidad muy fuerte, tanto en la historia como en la forma de contarla. Lo único que espero es que mueva algo dentro del espectador.
