El caso Manus sacude al sector tecnológico y abre una nueva guerra por el control de la IA

El caso Manus enfrenta a China y Meta tras el veto de Pekín a una compra de 2.000 millones de dólares que cambia las reglas de la IA global

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La compra de Manus por parte de Meta se ha venido abajo.
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El caso Manus se ha convertido en mucho más que una operación empresarial frustrada. El veto de Pekín a la compra de esta plataforma de inteligencia artificial por parte de Meta abre una nueva fase en la guerra tecnológica entre China y Estados Unidos. Ya no se trata solo de controlar chips, centros de datos o modelos fundacionales. También se trata de impedir que el talento, los datos y la tecnología desarrollados en el ecosistema chino terminen bajo el paraguas de una gran compañía estadounidense.

La decisión fue anunciada por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China, el principal organismo de planificación económica del país. Pekín ha ordenado bloquear la adquisición de Manus, una startup de IA nacida en China y trasladada después a Singapur, por parte de Meta. La operación estaba valorada en unos 2.000 millones de dólares y ya había avanzado lo suficiente como para plantear una pregunta incómoda: ¿puede China deshacer una compra transfronteriza cuando la empresa ya no está formalmente domiciliada en su territorio?

Qué es Manus y por qué despertó tanto interés

Manus irrumpió en marzo de 2025 con una versión preliminar accesible solo por invitación. Su llegada coincidió con el auge de las plataformas chinas de inteligencia artificial tras el impacto internacional de DeepSeek. En muy poco tiempo, Manus empezó a circular como uno de los nombres más prometedores del sector.

Su principal atractivo era su condición de agente de IA. Es decir, no se presentaba solo como un chatbot capaz de responder preguntas, sino como una herramienta diseñada para ejecutar tareas complejas con menos instrucciones. Desde programación hasta investigación de mercado, planificación o automatización de procesos. Ese perfil la convirtió en un objetivo muy apetecible para las grandes tecnológicas, en plena carrera por integrar agentes autónomos en sus servicios.

El acceso limitado ayudó a construir una sensación de exclusividad. La demanda creció, el interés inversor aumentó y Manus pasó de ser una promesa técnica a un activo estratégico. Y ahí empezó el problema.

El traslado a Singapur no bastó para escapar de Pekín

En julio de 2025, Manus trasladó a Singapur a parte de su personal radicado en China. La decisión encajaba con una tendencia conocida entre empresas chinas con ambición internacional: buscar una estructura más cómoda para captar inversión extranjera, reducir presión regulatoria y operar con mayor libertad fuera del ecosistema chino.

El ejemplo más citado suele ser Shein, aunque el caso de Manus tiene una dimensión más delicada por tratarse de inteligencia artificial avanzada. En sectores como el comercio electrónico, la mudanza corporativa puede ser una fórmula para ganar flexibilidad. En IA, Pekín parece ver algo distinto: una posible fuga de tecnología sensible.

La reacción china muestra que el domicilio formal ya no es suficiente para blindar una operación. Aunque Manus estuviera registrada en Singapur, su tecnología, su equipo fundador y parte de su desarrollo procedían de China. Para Pekín, ese origen basta para reclamar capacidad de intervención.

Meta entra en escena y dispara las alarmas

El caso Manus sacude al sector tecnológico y abre una nueva guerra por el control de la IA
Meta.
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La compra por parte de Meta elevó el caso a otro nivel. No era una adquisición cualquiera. Se trataba de un gigante estadounidense absorbiendo una compañía de IA con raíces chinas en un momento de rivalidad extrema entre Washington y Pekín.

Meta buscaba reforzar sus capacidades en inteligencia artificial, especialmente en el terreno de los agentes autónomos. Para la empresa de Mark Zuckerberg, Manus podía aportar tecnología, talento y velocidad en una carrera donde compiten OpenAI, Google, Anthropic, xAI y otros grandes actores. Para China, sin embargo, la operación podía interpretarse como una transferencia de valor estratégico hacia Estados Unidos.

Según Reuters, la decisión china refleja una vigilancia creciente sobre la inversión extranjera en tecnologías de frontera y una preocupación explícita por impedir que compañías estadounidenses accedan a talento e propiedad intelectual de origen chino en IA.

El veto y la gran duda: cómo se deshace una operación avanzada

El punto más complejo del caso Manus no está solo en la prohibición, sino en su ejecución. Pekín ha pedido a las partes que cancelen la transacción. Sin embargo, según las informaciones publicadas, la adquisición ya había avanzado con integración tecnológica, movimientos de personal y pagos a inversores.

Ahí está el núcleo del conflicto. China puede prohibir la inversión extranjera y reclamar la reversión de los activos. Pero deshacer una compra ya cerrada no es tan sencillo. Hay contratos, propiedad intelectual, empleados trasladados, pagos realizados y estructuras societarias que pueden haberse modificado durante meses.

The Guardian señala que Pekín ha justificado el bloqueo por el interés nacional y por la necesidad de restringir el control extranjero sobre activos tecnológicos estratégicos. Meta, por su parte, ha defendido que la operación cumplía con la legislación aplicable y aspira a encontrar una solución.

Un aviso para otras tecnológicas chinas

El mensaje de Pekín va mucho más allá de Manus. La decisión funciona como advertencia para otras startups chinas de inteligencia artificial con presencia internacional o estructuras desplazadas a Singapur. La lección es clara: salir jurídicamente de China no garantiza quedar fuera del alcance político y regulatorio de China.

Esto afecta a cualquier compañía que haya desarrollado tecnología en el país, conserve fundadores chinos, mantenga vínculos con equipos locales o dependa de conocimiento generado dentro del ecosistema tecnológico chino. El precedente puede enfriar futuras operaciones de compra por parte de empresas estadounidenses y obligar a los fondos internacionales a revisar con más cuidado sus inversiones en IA china.

La inteligencia artificial ya no se mide únicamente en términos de negocio. Para las grandes potencias, es infraestructura estratégica. Y eso convierte a compañías como Manus en piezas de una disputa mucho mayor.

El precedente de Didi y el regreso del control regulatorio

El caso recuerda inevitablemente a Didi, el gigante chino del transporte que salió a bolsa en Nueva York en 2021 pese a las reservas de Pekín. Poco después, la compañía fue sometida a una investigación de ciberseguridad, dejó de registrar nuevos usuarios durante meses, terminó retirándose de Wall Street y recibió una fuerte multa por vulneraciones relacionadas con la seguridad de datos.

Con Manus, Pekín parece querer evitar que la historia llegue demasiado lejos. La diferencia es que ahora no hablamos de movilidad, sino de inteligencia artificial. Y en la IA confluyen datos, capacidad computacional, automatización, software, propiedad intelectual y poder geopolítico.