El futuro de Escribano e Indra vuelve a moverse en el tablero de la defensa española. Tras la salida de Ángel Escribano, el Gobierno habría reactivado las conversaciones para una posible operación sobre Escribano Mechanical & Engineering, la empresa familiar. Pero esta vez con una condición política, financiera e industrial muy clara: si los hermanos quieren avanzar en cualquier fórmula de integración, fusión o absorción, antes deberán rebajar su peso en Indra.
La operación no es menor. La SEPI, brazo inversor del Estado, posee alrededor del 28% de Indra. Eso la convierte en el principal accionista de la compañía. Los hermanos Escribano, por su parte, controlan en torno al 14% del capital a través de su grupo familiar, una participación que los sitúa como segundos accionistas de referencia y que ha estado en el centro de las tensiones de los últimos meses.
La condición de Moncloa: vender antes de negociar
Según la información publicada por ABC, el Gobierno no quiere que una eventual integración de Escribano en Indra refuerce todavía más el poder accionarial de la familia dentro del grupo tecnológico y de defensa. La premisa sería sencilla: antes de hablar de precio, estructura o calendario, los Escribano tendrían que vender una parte relevante de su participación.
El objetivo de Moncloa sería que los hermanos pasaran del entorno del 14,3% actual a una posición más cercana al 7% u 8%, en línea con otros socios estratégicos de Indra. Solo a partir de ahí se abriría la puerta a negociar una operación que permitiera al Estado, a través de la SEPI, tomar el control industrial de EM&E sin dejar a la familia Escribano con una influencia excesiva dentro de la compañía resultante.
La cuestión de fondo es el equilibrio de poder. El Ejecutivo quiere construir un gran polo español de defensa alrededor de Indra, pero no a costa de que los propietarios de Escribano ganen demasiado peso en la empresa llamada a ejercer ese papel tractor.
Una operación mixta para evitar más deuda

El diseño que se estudia pasaría por una fórmula mixta: parte del pago en efectivo y parte en acciones. La razón es financiera. Indra ha asumido en los últimos meses varias operaciones relevantes y no tendría margen cómodo para abordar una compra de gran tamaño exclusivamente con deuda.
La más importante ha sido Hispasat. El Gobierno autorizó en diciembre de 2025 la compra del 89,68% de la compañía por parte de Indra por 725 millones de euros, una operación llamada a reforzar su posición en el sector espacial y satelital. A esa compra se suman otras inversiones en activos estratégicos, desde Epicom hasta Deimos, pasando por Paradigma Digital, GTA o Park Air, dentro de una estrategia de crecimiento acelerado en defensa, tecnología y espacio.
Por eso, pagar Escribano solo con caja o endeudamiento no parece la opción preferida. La alternativa sería entregar acciones de Indra como parte de la operación. Pero ahí aparece de nuevo el problema: si los Escribano no reducen antes su participación, podrían terminar con un peso todavía mayor en el capital.
El precio, otro punto de fricción
La valoración también será un campo de batalla. Según la información de partida, los Escribano aspirarían a una cifra mínima próxima a los 2.000 millones de euros por EM&E, mientras que en el entorno del mercado se barajan referencias más bajas, entre 1.000 y 1.500 millones. Reuters publicó este mes que las conversaciones para integrar Indra y Escribano se habían reactivado, con una valoración defendida por los propietarios de EM&E superior a los 2.000 millones y con una estructura todavía abierta entre efectivo y acciones.
Para el Gobierno, rebajar el precio sería tan importante como ordenar el accionariado. La operación tendría sentido industrial, pero solo si no compromete la estabilidad financiera de Indra ni entrega a los Escribano una posición demasiado poderosa dentro del grupo.
Las plusvalías de los Escribano en Indra

La posición de la familia en Indra se construyó por fases. Primero entraron en 2023 con una participación superior al 3%, después elevaron su apuesta hasta el entorno del 8% y, más tarde, volvieron a comprar acciones hasta consolidarse como segundos accionistas de la compañía.
Según las cifras publicadas, el precio medio de entrada estaría muy por debajo de la cotización actual. Eso significa que una venta parcial permitiría a los Escribano aflorar fuertes plusvalías. En el sector se calcula que la revalorización de su paquete podría rondar los 1.000 millones de euros, aunque el dato dependería del precio final de venta, del volumen colocado y de la estructura financiera asociada a sus acciones.
Ese último punto también es relevante. Parte de los títulos estarían pignorados como garantía de financiación bancaria, con JP Morgan como asesor financiero y entidad clave en la estructura. La familia habría recurrido a derivados y préstamos para financiar su entrada en Indra, lo que obliga a ordenar cualquier desinversión con cuidado.
El trasfondo: crear un campeón nacional de defensa
La jugada de fondo es clara: el Gobierno quiere que Indra gane tamaño, músculo industrial y capacidad tractora en el sector de la defensa. La integración de Escribano tendría lógica desde ese punto de vista, porque EM&E es una compañía española con tecnología propia, fuerte presencia en sistemas militares y un papel creciente en programas estratégicos.
Pero el caso se ha convertido en algo más que una operación industrial. También es una disputa por el control. La salida de Ángel Escribano de la presidencia de Indra, tras meses de tensiones por el posible conflicto de interés entre su cargo y la compra de su propia empresa familiar, dejó el terreno preparado para una nueva etapa.
Indra nombró después a Ángel Simón como presidente no ejecutivo y reforzó el papel ejecutivo de José Vicente de los Mozos, en una reorganización impulsada tras la crisis de gobernanza.
