Día del Libro

Ofelia Editora: la lectora que quiso salvar libros del olvido y fundó su propia editorial a los 85

Irrumpe en el mundo editorial con un proyecto singular: reeditar novelas descatalogadas —muchas escritas por mujeres— que marcaron su vida

Ofelia, la mujer de 85 años que ha montado su propia editorial
Ofelia, la mujer de 85 años que ha montado su propia editorial
Montaje: Ana Capdepón

Ofelia habla de libros como quien habla de una vida vivida en paralelo. No hay en su relato distancia entre experiencia y lectura, entre biografía y ficción. A sus 85 años, después de una vida atravesada por el trabajo, la familia, el duelo y una relación íntima con la literatura, ha decidido fundar su propia editorial. No como gesto simbólico ni como capricho tardío, sino como respuesta a una constatación concreta: muchas de las novelas que la acompañaron durante décadas habían desaparecido de las librerías.

“Cuántas personas desearán leer esos libros y no están”, dice en conversación con Artículo14. Pero la primera afectada es ella misma, que desea volver a las lecturas que un día la hicieron vibrar y no puede. En esa frase, que parece sencilla, se condensa la lógica de todo el proyecto.

Ofelia Editora nace así, desde una falta. Desde el vacío que dejan los libros cuando dejan de circular. Pero también desde una intuición: que hay obras —y especialmente obras escritas por mujeres— que han sido relegadas no por su calidad, sino por una historia editorial que no siempre ha sido justa.

Ofelia Editora: la lectora que quiso salvar libros del olvido y fundó su propia editorial a los 85
Ofelia Editora: la lectora que quiso salvar libros del olvido y fundó su propia editorial a los 85

La escena que activa todo ocurre hace relativamente poco. Ofelia, que siempre ha sido lectora voraz, empieza a buscar aquellas novelas que la habían marcado en su juventud. No es una operación nostálgica, sino una forma de volver sobre textos que habían dejado huella. Entonces descubre que muchos de ellos están descatalogados. Ni se encuentran, ni se reeditan, ni circulan.

Podría haber sido una decepción privada. Sin embargo, se convierte en el punto de partida de una decisión radical. “Voy a hacerlo yo”, recuerda que pensó. Y lo hizo.

La vida en los libros

Para entender el proyecto de Ofelia hay que volver atrás, a una infancia marcada por la ausencia y la lectura. “Tuve una infancia muy dramática y muy solitaria. Mi madre murió cuando yo nací”, cuenta. En ese contexto, los libros no fueron un entretenimiento, sino una forma de habitar el mundo.

Leía todo lo que encontraba, y también lo que no debía, en su Chile natal. “Había muchos libros prohibidos, que le robaba a mi padre de su biblioteca. En aquella época leí de todo, también lo que no entendía: los rusos, Shakespeare, literatura de todos los países… Me leía todos los libros sin ton ni son”.

No había un criterio, pero sí una intensidad. La lectura no era un acto pasivo, sino una experiencia total, especialmente después de que su padre rehiciera su vida con una madastra con la que nunca se llevó bien. “Yo vivía los libros. Me llevaron a un internado y me refugié en ellos, los vivía: andaba alegre cuando estaba en lo mejor de la novela, y cuando pasaban las desgracias andaba toda triste, porque yo vivía en el libro, no en la realidad”.

Ese vínculo no se rompe nunca. Atraviesa su vida adulta, su matrimonio —al que llega a los 30 años como una decisión de independencia— y también su relación con el trabajo. “Yo me puse a trabajar porque no quería ser mantenida de nadie”, explica. Trabajó en una notaría, estudió Diseño Industrial hasta que las dificultades económicas la obligaron a dejarlo. Su trayectoria profesional no tuvo que ver con el mundo editorial, y ella misma subraya que esa es precisamente su ventaja.

Editar desde la intuición

Ofelia no pretende convertirse en una editora al uso. No hay en su proyecto una vocación de mercado ni una estrategia de posicionamiento. Tampoco un discurso de renovación del panorama literario. Lo que hay es algo más simple y más difícil de replicar: una lectora con criterio.

“Yo lo único que hago en el fondo es leer y dar las ideas”, explica. A su alrededor, un equipo profesional se encarga de hacer viable cada título. Pero la selección, la intuición inicial, es suya. Esa forma de trabajar introduce una lógica distinta en el proceso editorial. No parte de tendencias ni de estudios de mercado, sino de una experiencia acumulada durante décadas de lectura y de una memoria que reconoce aquello que merece volver.

Los primeros títulos del catálogo responden a esa lógica. Entre ellos, Circe, de Annie Vivanti, o Masako, de Kikou Yamata. Novelas que, más allá de su valor literario, ofrecen una mirada específica sobre la condición femenina en contextos históricos y culturales diversos.

 

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En ellas, Ofelia identifica una constante: mujeres que, de una u otra forma, se enfrentan a los límites de su tiempo. “Es feminista porque muestra cómo la mujer es ignorante, no sabe lo que es la vida”, dice al hablar de Circe. No hay en su lectura un análisis académico, sino una interpretación atravesada por la experiencia.

Rescatar como acto político

La dimensión feminista del proyecto no es un añadido, sino una estructura de base. Ofelia ha vivido en primera persona las desigualdades que atravesaban el mundo laboral en los años 60. “Los jefes creían que las mujeres que trabajaban era para que hicieran lo que quisieran con ellas”, recuerda. El acoso, la falta de protección, la imposibilidad de denunciar sin consecuencias, atraviesan su discurso. Y, sin embargo, no guarda rencor ni resentimiento.

“Vi muchas desigualdades y mucho acoso laboral en las oficinas en mi tiempo”, insiste. Y ese recuerdo se convierte en criterio editorial. “Yo siempre opto por mujeres”, afirma con rotundidad.

No se trata solo de recuperar autoras olvidadas, sino de devolver al presente una genealogía que ha sido interrumpida. De poner en circulación relatos que permiten entender cómo se ha construido —y limitado— la experiencia femenina a lo largo del siglo XX. En ese sentido, Ofelia Editora funciona también como un archivo vivo. Un espacio donde la memoria literaria se activa y se conecta con el presente.

Una segunda vida

La creación de la editorial coincide con una nueva etapa vital. Tras enviudar en 2015, después de más de cuarenta años de matrimonio, Ofelia se enfrenta a un tiempo distinto. Un tiempo en el que, lejos de replegarse, decide iniciar un proyecto. “No tengo ninguna experiencia editorial”, repite, “pero tengo una vida entera de lecturas”.

Esa biografía atraviesa todas sus decisiones: en los libros que elige, en las historias que rescata, en las mujeres que decide volver a poner en circulación. Hay en su catálogo una resonancia personal, una forma de reconocerse en otras.

Ofelia Editora: la lectora que quiso salvar libros del olvido y fundó su propia editorial a los 85
Ofelia Editora: la lectora que quiso salvar libros del olvido y fundó su propia editorial a los 85

“Muchas mujeres se van a sentir identificadas conmigo”, dice. Y no es una afirmación retórica. Durante décadas, muchas de ellas no pudieron desarrollar plenamente su vocación profesional: no tuvieron acceso a espacios de decisión ni pudieron elegir. “Hasta los años 90 no podíamos realmente incorporarnos al mercado laboral casi en igualdad”, recuerda.

La editorial aparece entonces como una forma de recuperar ese tiempo. No en términos de compensación, sino de continuidad. Como si la lectura, que siempre estuvo ahí, encontrara ahora una forma de desplegarse en el mundo.

El futuro como posibilidad

El proyecto acaba de comenzar, con tres títulos inaugurales, dos ya en imprenta y uno previsto antes de la Feria del Libro de Madrid. Pero la ambición va más allá. Ofelia habla de abrirse a otros géneros, de explorar la novela negra, la narrativa breve, incluso de incorporar autoras contemporáneas con las que se identifique. No hay un plan cerrado, sino una dirección.

“Estoy feliz”, dice. Y esa felicidad no tiene que ver con el éxito, sino con la posibilidad de seguir leyendo y compartiendo. Si piensa en el futuro de Ofelia Editora, no lo hace en términos empresariales. “Me gustaría ser intermediaria, que todavía muchas mujeres puedan encontrar su voz”, explica. Su proyecto introduce otra lógica diferente a la productividad o a la productividad: la de la permanencia, la de los libros que resisten el paso del tiempo, aunque el mercado los haya olvidado.

Con su trabajo —rescatar, reeditar, volver a poner en circulación— va más allá de una apuesta cultural. Hay una forma de intervenir en el presente a través del pasado. De recordar que la historia de la literatura también se escribe desde lo que se pierde.

Ofelia, que lleva toda la vida leyendo, ha decidido que algunos de esos libros no vuelvan a desaparecer. Y lo ha hecho sin pedir permiso. Como hizo tantas otras cosas en su vida. Porque, como ella misma dice, “voy a hacer esto”… y lo hace.

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