La literatura española arranca este curso con una imagen poderosa. Ya se ha revelado la portada oficial de La ciudad de las luces muertas, la nueva novela de David Uclés, ganadora del Premio Nadal 2026. Y el resultado no es una simple ilustración editorial, sino una auténtica declaración de intenciones. La cubierta condensa en una sola imagen el universo simbólico, histórico y literario que atraviesa la novela, reforzando la ambición de un proyecto llamado a ocupar un lugar central en el panorama narrativo del año.
Una Barcelona que es memoria, símbolo y ficción
Desde el primer vistazo, la portada de La ciudad de las luces muertas sitúa al lector en una Barcelona que no es del todo real, pero tampoco completamente imaginaria. Monumentos reconocibles conviven con escenas cotidianas, referencias culturales y figuras que parecen emerger de distintas épocas, como si la ciudad se hubiera convertido en un gran escenario donde el tiempo se pliega sobre sí mismo. Esta representación visual conecta directamente con el espíritu de la novela de David Uclés, que propone una mirada literaria sobre la ciudad como espacio de memoria, conflicto y transformación.

Uno de los elementos más llamativos de la portada de La ciudad de las luces muertas es su relación con la idea de la luz. Faroles, velas y lámparas aparecen repartidos por la escena. Pero, lejos de transmitir claridad o calidez, refuerzan una atmósfera crepuscular, casi fantasmal. La luz existe, pero no ilumina. Acompaña, observa, sobrevive. Esa paradoja visual dialoga con el propio título de la novela y anticipa uno de los grandes temas que David Uclés explora en su obra: la persistencia de la cultura y la memoria incluso cuando todo parece condenado a la oscuridad.
El individuo frente a la ciudad que se apaga
En el centro de la composición destaca una figura humana absorta en la lectura de un periódico. Un gesto aparentemente sencillo que adquiere un peso simbólico notable. En La ciudad de las luces muertas, esa imagen funciona como metáfora del ciudadano que intenta comprender el mundo que se desmorona a su alrededor. No hay heroísmo ni épica tradicional, sino observación, reflexión y una cierta melancolía que atraviesa la portada y la propuesta narrativa de David Uclés.

La portada también subraya el carácter coral de La ciudad de las luces muertas. No hay un único foco ni una jerarquía clara entre los elementos. Arquitectura, naturaleza, símbolos religiosos, referencias industriales y escenas cotidianas conviven en un mismo plano. Esta acumulación visual refuerza la idea de una novela que se construye a partir de múltiples voces y capas históricas. Una de las señas de identidad del trabajo de David Uclés y uno de los aspectos que más interés ha despertado tras la concesión del Premio Nadal.


