La verde explanada de Finsbury Park permanecerá en silencio el próximo mes de julio. Lo que comenzó como una de las apuestas culturales más ambiciosas del verano británico ha terminado en un colapso total. El pasado martes, el gobierno del Reino Unido prohibió la entrada a Kanye West —ahora conocido legalmente como Ye—, lo que obligó a cancelar sus tres noches como cabeza de cartel del Wireless Festival. Horas después, la organización confirmaba la cancelación completa del evento.
El Ministerio del Interior interviene: “no sería beneficioso para el bien público“
El punto de inflexión llegó cuando el Ministerio del Interior rechazó la solicitud de West para obtener una Autorización Electrónica de Viaje (ETA). Fuentes gubernamentales justificaron la decisión alegando que su presencia “no sería beneficiosa para el bien público”.
La medida llega tras semanas de creciente presión política. El Primer Ministro, Sir Keir Starmer, había calificado la contratación del artista como “profundamente preocupante”, mientras que el secretario de Salud, Wes Streeting, cuestionó públicamente si el trastorno bipolar podía justificar la publicación de una canción titulada “Heil Hitler”. Con la negativa del visado, el Ejecutivo marca una línea clara frente a figuras con un historial reciente de retórica antisemita y pro-nazi.
La organización da marcha atrás
La reacción fue inmediata. Tras conocerse el veto, la organización del festival emitió un breve comunicado en el que afirmaba que “el antisemitismo en todas sus formas es aborrecible”. Un giro notable respecto a su postura inicial.
A comienzos de semana, Melvin Benn, director general de Festival Republic, había defendido la contratación del artista, apelando al “perdón y la esperanza” y argumentando que el festival debía ser un espacio para la música de West, no para sus opiniones. Sin embargo, esa defensa generó una fuerte contestación, especialmente por parte de la Campaña contra el Antisemitismo, que acusó al promotor de “lucrarse del racismo”. Con el artista vetado y la reputación del evento en entredicho, la cancelación terminó siendo inevitable.
Una disculpa tardía
La decisión del gobierno coincidió con un intento de rectificación por parte de Ye. En una declaración recogida por Variety, el rapero aseguró que su intención era ofrecer “un espectáculo que promueva el cambio” y propuso reunirse con miembros de la comunidad judía en el Reino Unido para “escucharles”.
El artista reconoció que “las palabras no son suficientes” y que debía “demostrar el cambio con [sus] acciones”. Sin embargo, sus críticos consideraron insuficiente este gesto, recordando tanto sus declaraciones recientes como el contenido de su obra, incluida una canción titulada “Heil Hitler” y la comercialización de productos con simbología nazi. Para el gobierno británico, la propuesta llegó demasiado tarde.
El éxodo de patrocinadores
Antes incluso de la intervención gubernamental, el festival ya mostraba signos de colapso. Un éxodo de grandes patrocinadores dejó al evento sin su base financiera.
Pepsi, socio principal durante más de una década, anunció su retirada a principios de semana. Le siguieron Diageo, Rockstar Energy y PayPal, que eliminaron su marca de todo el material promocional. Figuras como el actor David Schwimmer agradecieron públicamente a estas empresas su decisión, señalando que, aunque cree en el perdón, este exige “mucho más” que lo que el artista ha ofrecido hasta ahora.
La reacción de la comunidad judía
Para la Junta de Diputados de los Judíos Británicos, tanto la cancelación como el veto representan una victoria en la lucha contra la normalización del discurso de odio. Su presidente, Phil Rosenberg, subrayó que la defensa inicial del artista por parte del festival “no es algo que tranquilice a muchos dentro de la comunidad judía ni de otras comunidades”.
El escepticismo ya venía de antes. En 2023, Ye afirmó que ver a Jonah Hill en Infiltrados en clase le había hecho “volver a gustar los judíos”, una declaración que el propio actor calificó recientemente como “extraña”.
Un caso límite para la industria musical
La cancelación del Wireless Festival deja una imagen inédita en la industria musical: la caída de un evento de primer nivel provocada por la combinación de presión política, rechazo social y retirada corporativa.
El caso abre un debate incómodo sobre los límites de la libertad artística. Ye sigue siendo uno de los productores más influyentes de su generación, pero la decisión del gobierno británico marca un precedente claro: el talento no blinda frente a las consecuencias de determinados discursos.
Por ahora, cualquier intento de “demostrar el cambio” tendrá que producirse lejos de los escenarios del Reino Unido.
