Sole Giménez: “A las mujeres en la música siempre se nos ha exigido demostrar más”

La cantante y presidenta de la Academia de la Música reflexiona sobre su nuevo disco 'Ser humano', la cosificación femenina en la industria, la falta de mujeres en los ámbitos técnicos y la necesidad de que el sector musical español actúe unido

Sole Giménez lleva más de cuatro décadas sobre los escenarios, pero habla de la música con la serenidad de quien aún la considera una forma de comprender el mundo. Su voz —la que marcó una época al frente de Presuntos Implicados y la que después ha sostenido una sólida carrera en solitario— regresa ahora con Ser humano, el primer adelanto de un nuevo disco que propone detenerse en medio del ruido contemporáneo. En medio del ruido, de la prisa y de la discusión permanente, la cantante defiende una idea sencilla: volver a mirarnos, escucharnos y reconocer aquello que todavía nos une.

La conversación con Sole Giménez transita inevitablemente por su trayectoria, una de las más largas y respetadas de la música española, pero también por las preguntas que siguen abiertas en la industria: el lugar de las mujeres, la presión de la imagen, la dificultad de sostener carreras duraderas y la necesidad de que el sector musical actúe unido. A sus 62 años, y al frente de la Academia de la Música de España, la artista observa el presente con una mezcla de lucidez y esperanza. “Soy una superviviente”, dice sin dramatismo. Quizá por eso Ser humano no es solo una canción nueva: es también una reflexión sobre todo lo aprendido después de cuarenta años intentando que la música siga siendo, ante todo, un lugar donde encontrarnos.

En un mundo tan polarizado, tu single Ser humano parece casi una canción que reivindica el abrazo frente a todo lo que nos separa.

Creo que la canción, que ha escrito Pedro Guerra y ha compuesto Pablo Cebrián, habla precisamente de eso: de la necesidad del abrazo, del contacto, de volver a la esencia. Porque, como bien dices, parece que existe una gran voluntad de separarnos. Y al ser humano la separación siempre le ha sentado bastante mal. De hecho, cuando nos unimos somos capaces de hacer cosas mejores; cuando nos desunimos, siempre ganan los malos. Hay que tomar conciencia de eso.

Ahora, por ejemplo, las redes sociales, el scroll infinito, también nos separan. Incluso perdemos la capacidad de atender, de atendernos a nosotros mismos y de atender al otro. Por eso hay que tomar conciencia de qué está pasando y de qué necesitamos realmente. Y lo que necesitamos es lo que siempre ha necesitado el ser humano: volver a la esencia, a respirar, a la palabra, al sosiego. No estamos inventando nada. Siempre ha estado ahí. De hecho, somos eso. Lo que dice esta canción es que hay que regresar a esa esencia.

¿Tú practicas ese scroll infinito?

No, porque he leído bastante sobre eso y creo que con WhatsApp ya tengo bastante en mi vida. Trabajo mucho con WhatsApp, con el correo, con el teléfono, y con eso ya tengo suficiente. Pero sí me doy cuenta de algo muy esencial: las redes sociales, y en particular ese scroll infinito, viven de nuestro tiempo. De eso se hacen millonarias muy pocas personas: de nuestro tiempo y de nuestra falta de atención. Y yo no quiero dedicarle ni regalarle ni un minuto ni un duro más a nadie más que a mí misma, si puedo.

Has visto muchísimos cambios en la música. Venimos de una época en la que ir a comprar un disco era casi un ritual: ahorrar, encontrarlo, sentarse a escucharlo, leer las letras, mirar quién había tocado. Y ahora muchas veces la escucha parece reducida a darle a un botón mientras hacemos otra cosa. ¿Hemos perdido también esa capacidad de contemplación?

Sí, de dedicarle tiempo a un disco, a escucharlo de verdad, a atenderlo, a mirar las letras, a fijarte en quién ha tocado. Creo que la gente de mi generación, la que ha vivido así la música, todavía lo aprecia y lo hace. Pero sí es cierto que para las nuevas generaciones es más difícil detenerse en ese detalle, porque han conocido la música y la viven de otra manera. No sé si es bueno o malo, pero es lo que es.

Sole Giménez en su entrevista con Artículo 14
Jorge Herrera

Y, sin embargo, artistas como tú seguís apostando por el disco como concepto, no solo por una cadena de singles.

No tiene nada que ver. Un disco es un concepto. Trabajamos con la idea de que todo tenga sentido. Luego, evidentemente, la industria va como va y tienes que sacar un single, luego otro, inventarte algo para que haya otro más, y así sucesivamente, para que el proyecto tenga más vida. Pero un disco cuesta muchísimo hacerlo. Yo llevo un año trabajando en este álbum y el esfuerzo no es solo de tiempo o de dedicación: también es económico, emocional, de todo tipo. Para que luego se escuchen diez o veinte segundos de un fragmento en TikTok.

La velocidad a la que vamos y esta forma tan rápida de consumir hace que no apreciemos las cosas, y eso no pasa solo con la música. A mí me parece ya asombroso que la gente vea series a velocidad acelerada para llegar antes al final. Pienso en todo el trabajo que hay detrás: la iluminación, el plano, el diálogo. También hay que apreciar eso, porque si no se aprecia el trabajo ajeno, ¿qué queda?

¿Cuál es entonces el concepto de este nuevo disco?

El concepto es precisamente “Ser humano”: el ser humano frente a lo artificial. Vamos a abrir un buen debate con algunas de las canciones. Y en otras nos dedicamos a explorar lo que significa ser un ser humano.

¿Crees que hemos perdido algo innato y que ahora tenemos que reconquistar incluso lo que significa descansar, contemplar o simplemente estar?

Sí, porque te alejas de eso, te desconectas de la esencia. Es muy fácil: tanto ruido, tanta distracción y tanta velocidad te llevan a terminar el día y preguntarte qué has hecho, cómo lo has hecho y dónde has puesto la atención. Y, muchas veces, te das cuenta de que no la has puesto en ningún sitio. Ni siquiera en tu hijo, que a lo mejor está al lado hablándote mientras tú miras una pantalla, contestas un correo o respondes un mensaje. Y así nos pasa a todos.

Tú llevas además tu carrera sobre los hombros. A eso se suman otros puestos, otras responsabilidades, entrevistas, gestión… Son muchas cosas a la vez.

No me considero una heroína, en el sentido grandilocuente del término. No he combatido en ninguna guerra. Pero sí soy la heroína de mi propia vida, porque hay que hacerlo todo y hacerlo todo lo mejor posible. En eso sí. Yo me considero una superviviente y una trabajadora nata. Y ahí sí hay que introducir una mirada de género, porque ser mujer marca una diferencia.

Siempre digo que el fenómeno fan, que explota en los sesenta con los Beatles, por ejemplo, consistía en una gran cantidad de mujeres siguiendo a un grupo reducido de hombres. Y el fenómeno fan sigue funcionando, en parte, así. ¿Qué ocurre entonces? Que la industria entiende que cuando entra un artista hombre por la puerta va a tener más recorrido y más posibilidades que una mujer. Eso ha sido así desde entonces. Las mujeres siempre hemos tenido que demostrar mucho más, dar mucho más el callo para que crean en nosotras, para que nos den una oportunidad, para que se entienda que podemos tener público.

La idea de que las mujeres venden menos en festivales, por ejemplo, es una losa que nos ha caído encima durante mucho tiempo. Y eso hace que el recorrido sea mucho más difícil.

Sole Giménez, cantante y presidenta de la Academia de la Música de España, presenta Ser humano, adelanto de su nuevo trabajo discográfico
Sole Giménez, cantante y presidenta de la Academia de la Música de España, presenta Ser humano, adelanto de su nuevo trabajo discográfico

¿A ti te ha pasado concretamente?

A mí me pasa diariamente.

¿Hoy, después de la carrera que tienes y presidiendo la Academia de la Música?

Claro. Soy mujer y tengo 62 años. Así que sí, por supuesto. Nadie lo ha tenido fácil en la música; este es un mundo para corredores de fondo, para quienes se quedan durante mucho tiempo. Pero si eres mujer, además tienes que enfrentarte a una industria que se mueve por intereses que siguen priorizando de alguna manera las carreras de los hombres. Las de las mujeres también interesan, porque cada vez tienen más espacio, pero la diferencia sigue existiendo.

¿Crees que las carreras de las mujeres en la música han estado especialmente unidas a la imagen y a la cosificación?

Ese es otro de los asuntos que a mí me gustaría abordar en algún momento con calma. Porque, por supuesto, cada una es dueña de su cuerpo y tiene todo el derecho a exhibirlo o a no exhibirlo. Eso es indiscutible. Pero cuando hablamos de cosificación, hablamos de algo más complejo: de mujeres que optan por dar una imagen pública que responde a un patrón completamente paternalista y patriarcal. Y yo me pregunto si ellas mismas se lo cuestionan.

Porque una puede decir: “Mi culo es mío”. Bien, de acuerdo. Pero también es cierto que el patriarcado ha querido históricamente que enseñáramos el culo. Hablemos de eso. Es necesario hablarlo porque hay muchas niñas que no se cuestionan nada y son demasiado pequeñas para entender estas cosas. También hay que hablar de la sexualización del lenguaje, por ejemplo.

Yo recuerdo el caso de Mari Trini. Había vivido en Londres, había estado en París, traía una imagen absolutamente existencialista para aquella época, de gran sobriedad, sin enseñar nada. Llevaba vestidos largos. Y se pasó media vida peleando contra el rumor de que tenía una pierna falsa. Al final tuvo que hacer un desnudo en Interview para demostrar que tenía el cuerpo perfectamente. Es una trampa terrible: entrar en la lógica del sistema para desmontarla desde dentro.

A mí me gustaría sentarme con artistas que salen al escenario con muy poca ropa y determinadas actitudes y decirles: tienes todo el derecho a hacerlo, pero hablemos de ello. Porque todo eso es precisamente lo que históricamente se nos ha pedido.

Hay artistas que han decidido ir por el camino contrario: no teñirse, no maquillarse, no performar, simplemente cantar, y también han recibido muchísimas críticas por ello. DUDAS sobre el nombre de la artista citada en este fragmento de la entrevista original.

Claro, y eso demuestra que es muy difícil entrar en esta industria y querer triunfar saliéndote de lo canónico o yendo contra corriente. Pero una cosa es tener una actitud conscientemente rebelde, de oposición frontal, y otra muy distinta es ser natural. Yo soy una mujer a la que le gusta verse mona, ponerme rímel si tengo que hacer una televisión, arreglarme si me apetece. Pero no tengo necesidad de enseñar piernas ni nada por el estilo porque nunca lo he hecho, no va conmigo. Otra cosa es querer triunfar sí o sí y pasar por todos los agujeros de aguja que te vayan poniendo delante.

Eso nos lleva a casos como el de Zahara, que ha denunciado que desde las discográficas se construía una imagen de ella para convertirla en producto. ¿A ti te sucedió algo parecido?

Yo llevo ya muchos años fuera de la gran industria. He perdido un poco esa referencia porque llevo quince años trabajando al margen de ella. Cuando yo estaba dentro, supongo que al principio alguien intentaría algo, pero debieron de ver pronto que por ahí no había recorrido conmigo. Si tú no das pie, es más difícil. No sé exactamente cómo funciona la industria ahora mismo, aunque sí conozco experiencias como la de Zahara y me parece muy valioso que las cuente. Además, ella argumenta muy bien lo que dice, habla desde su experiencia sin convertirla automáticamente en una ley general, pero sí extrae conclusiones importantes.

Tú misma dices que, en esos casos, o te vuelves independiente o haces piña. Y esa idea de unirse para defenderse parece muy de mujeres.

Es un poco el camino que hay que seguir.

En “Ser humano” también aparecen la mentira y los recuerdos. Tú empezaste cantando en un coro de iglesia y vivimos ahora un cierto revival religioso. ¿Qué relación tienes hoy con esos recuerdos y con la espiritualidad?

Depende de la época, pero no tengo demasiado presente la infancia. Sí pienso en ella cuando veo a mis padres tan mayores, tan mayorcitos, pobrecitos míos. Pero no soy una persona que mire demasiado al pasado. No soy nostálgica. Nunca he sido demasiado religiosa; sí espiritual, y creo que son cosas diferentes.

De hecho, soy más budista que cualquier otra cosa, aunque tampoco las normas van conmigo. También los budistas tienen sus normas, claro, y ahí ya empiezo a rebelarme. Lo que está ocurriendo ahora con esta necesidad de volver a algo trascendente creo que tiene que ver con la enorme necesidad que tenemos todos de encontrarnos. Pero sinceramente no creo que la religión, tal como la conocemos, sea el camino. La espiritualidad sí; la religión, no. La espiritualidad entendida también como no quedarse en lo material, sino ir más allá, preguntarse de dónde somos, por qué somos, cuestionarse muchas cosas. Pero que me digan que un señor con barba decide mi vida, no.

La artista Sole Giménez, con más de cuatro décadas de carrera, reflexiona sobre la industria musical y el lugar de las mujeres en ella
La artista Sole Giménez, con más de cuatro décadas de carrera, reflexiona sobre la industria musical y el lugar de las mujeres en ella

Dices que no eres nostálgica, pero se cumplen ya muchos años desde el final de Presuntos Implicados. ¿No sientes nostalgia de aquella etapa?

No. Lo que sí me da nostalgia son las oportunidades que se nos daban a quienes empezamos en los ochenta y en los noventa. Había programas de música en televisión, en la radio sonaban novedades, entraban estilos muy distintos, había espacio para probar. De eso sí tengo nostalgia. De lo demás, más que nostalgia, siento gratitud por haberlo vivido. Pero no puedo quedarme mirando hacia atrás: tengo que mirar este momento, que es muy diferente.

¿Qué es la música para ti?

Es la sangre que me corre por las venas. Me vertebra. No sabría hacer otra cosa. No sería quien soy sin la música. Puede convertirse en una profesión, por supuesto, pero para mí es muchísimo más que eso.

¿Y nunca te ha pesado profesionalizar algo tan querido?

Por eso, no; por otras dificultades, sí. El gran problema es que cuando te conviertes en profesional ya casi nunca escuchas una canción desde la ingenuidad absoluta. Alguna vez ocurre, pero es raro. Para que una canción me sorprenda de verdad tiene que ser muy especial. Y “Ser humano” lo fue. Me tocó profundamente.

Has dicho que hasta se te saltaban las lágrimas. ¿Por qué te tocó tanto?

Porque es hermosísima. A mí me conmueve la belleza. La belleza, en la música, a veces está muy presente y otras veces está escondida y hay que buscarla. Pero de vez en cuando te encuentras con canciones como esta, que son pura belleza.

Estás muy en contacto con la música nueva, también por tu trabajo en la Academia. ¿Qué te interesa ahora especialmente?

Me interesa mucho lo que están haciendo algunas mujeres jóvenes. Unas más que otras, naturalmente, pero me parece que hay gente que merece mucho la pena. No sé cuál va a ser el recorrido real de todo eso, porque veo mucha distorsión en el mundo de la música. No hay una tendencia clara, no se sabe qué va a querer el público dentro de cinco años, no hay nada que arraigue demasiado. Y eso es lo que más me preocupa: que no haya algo común, algo que vivamos todos a la vez. Veo muchas piezas, pero no alcanzo a ver bien el puzzle entero. Todo está demasiado atomizado, demasiado microscópico.

Sin embargo, sí se ha producido un gran auge de la música en español. En tu generación, la referencia cultural seguía siendo claramente anglosajona.

Sí, eso ha cambiado. Pero la cuestión es qué entendemos por música en español. ¿Solo reguetón? Porque, claro, si reducimos todo a eso, el problema es enorme. Yo llevo mucho tiempo muy interesada por la música latinoamericana y siempre he pensado que la música latina —no solo la española, la latina en general— es posiblemente la más rica del mundo en ritmos, en variedad, en estilos. Es inmensa. Que nos quedemos solo con un género me parece lamentable.

El reguetón es uno más, un híbrido de otros ritmos, pero si te pones a estudiar la música de cada país ves que cada uno tiene sus propias formas, sus propios compases, su propia riqueza. Lo que tendríamos que hacer es explotar esa riqueza entre nosotros, darla a conocer, porque es inmensa. Ojalá la música latina rompa esa barrera y se dé a conocer en toda su amplitud.

También se ve que mucha música urbana está yendo a la raíz, a la salsa, al Caribe, al folklore.

Ojalá. Me alegra, por ejemplo, que el disco de Bad Bunny haya ido hacia la salsa. A mí no me sorprende nada de lo que hay ahí, porque llevo toda la vida escuchando esa música, pero ojalá vayan a la raíz, porque la raíz es maravillosa. Ahí está la riqueza y de ahí podemos beneficiarnos todos. Natalia Lafourcade lo sabe bien, por ejemplo, porque siempre está muy pegada a la raíz. Ojalá vayamos por ahí, porque sería un lugar muy fértil para navegar y encontrar cosas.

Has reivindicado también muchas veces que faltan mujeres en la industria no solo delante de los focos, sino en la gestión, la producción, la técnica. ¿Ves cambios reales?

Desde que yo empecé, claro que ha habido cambios, porque entonces no había nadie. O había cuatro. Ahora sí hay más mujeres, evidentemente, pero ese cambio todavía tiene que tener más peso. Yo todavía no conozco ninguna gran estructura dirigida por una mujer. Están siempre abajo, siempre en posiciones inferiores. Aun así, sí ha habido un cambio.

Donde no me explico por qué apenas lo ha habido es entre los músicos y entre los técnicos. En la música clásica sí, ahí el cambio ha sido tremendo. Pero en el pop y en el rock sigue habiendo poquísimas mujeres instrumentistas profesionales. No sé si es porque no se les da la oportunidad o porque ellas mismas se cohiben, o por el ambiente, no lo sé. Y con los técnicos pasa lo mismo.

Siempre pongo el ejemplo de un estudio en Valencia, Milenia, que además es escuela de técnicos y productores. Todos los años me paso por allí y pregunto cuántas mujeres hay. A veces ha venido una sola entre cuarenta o cincuenta alumnos. Ahí también tenemos que decirles a las más jóvenes: también hay sitio para vosotras aquí, es un mundo interesantísimo y tiene salida. Hay que romper esas barreras de verdad. Yo llevo cuarenta años en esto y, si quiero montar una banda, apenas se me ocurren nombres de mujeres instrumentistas profesionales en Valencia que encajen en lo que necesito. En Madrid hay alguna más, claro, pero deberían ser muchas más.

Sole Giménez, histórica voz de Presuntos Implicados, regresa con Ser humano, una canción que reivindica el encuentro y la sensibilidad en tiempos de ruido
Sole Giménez, histórica voz de Presuntos Implicados, regresa con Ser humano, una canción que reivindica el encuentro y la sensibilidad en tiempos de ruido

Llevas algo más de un año al frente de la Academia de la Música. ¿Cómo está siendo esta etapa?

Sinceramente, nunca me lo había planteado, pero se dio el caso y tiré para adelante. La Academia es muy joven, apenas tiene tres años, y ahora estamos poniendo los cimientos. Queremos ponerlos muy bien para que esto dure mucho, porque este país necesita una Academia de la Música potente, fuerte, que unifique a todos los sectores que abarca la música.

Vamos poco a poco, sin prisa pero sin pausa, cimentando lo que consideramos necesario. Para mí todo esto es completamente nuevo y mis colegas están teniendo mucha paciencia conmigo. Estoy muy ilusionada. Ahora estamos preparando los próximos premios y esperamos dar un paso más para que cada año sean un poco mejores. Pero, sobre todo, si hay algo que me motiva de estar en la Academia es intentar que los profesionales de la música en España —la parte técnica, la artística, la creación, todas las áreas— nos sintamos una familia. Porque si no hacemos piña, esto no lo sacamos adelante y se nos cuela mucha basurilla por todas partes.

La música ocupa un lugar enorme en la economía y en la vida cultural española, y sin embargo da la impresión de que no siempre existe conciencia de su peso.

Exactamente. No tenemos conciencia real de la importancia de la música en España. Y hay que tomar conciencia, juntarnos y tirar hacia adelante juntos. Si estamos unidos, vamos a llegar mucho más lejos.

Para terminar: además de “Ser humano”, ¿qué suena ahora mismo en tu banda sonora mental?

Ahora mismo estoy llena de las canciones que estamos haciendo. Se me repiten continuamente. Cierro los ojos y estoy con alguna de ellas. El disco está ya acabado y estoy muy contenta porque tiene un sabor optimista, alegre, también meditativo y reivindicativo, pero en conjunto tiene buen sabor. Es muy reconocible, muy Sole Giménez. Lo hemos traído todo hacia casa y creo que va a gustar. Yo estoy muy contenta.

Y luego está el directo, claro. Empezaremos en Valencia, en mi tierra, en la terreta, y me hace muchísima ilusión arrancar allí. Después, todo lo que venga. Nosotros vivimos de la música, del directo. Así que ahí estaremos.