Xavi Puebla (Barcelona, 1969) compagina la docencia en el Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya, donde se formó en dirección cinematográfica y guion, con una filmografía de cuatro largometrajes. Debutó con Noche de fiesta (2000) y, después de Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), por la que recibió el Gaudí a mejor guion, estrenó A puerta fría (2012), protagonizada por Antonio Dechent, María Valverde y Nick Nolte. Este drama sobre el mundo laboral pasó por el Festival de Málaga, donde obtuvo el Premio de la Crítica y el de mejor actor para Dechent. Catorce años después de aquel largometraje, Puebla regresa con Femenino, singular, presentada también en Málaga y estrenada ahora en salas.
Su protagonista es Vico Escorcia (Ciudad de México, 1996), actriz con trayectoria entre México y Estados Unidos en títulos como ¡Que viva México!, Una pequeña confusión y la miniserie Texas Rising. En su primera producción española interpreta a Nayeli, una joven mexicana que trabaja como empleada de hogar para una familia barcelonesa mientras sostiene a distancia una relación y afronta una sucesión de dificultades económicas, afectivas y burocráticas. Junto a ella, Nora Navas interpreta a Andrea, la madre de la familia para la que trabaja.
Meses después de conversar con ambos durante el Festival de Málaga, Artículo14 vuelve a reunirse con Puebla y Escorcia con motivo del estreno de la película para hablar de aquello que entonces apenas había espacio para abordar: la forma cinematográfica de Femenino, singular, la experiencia migratoria, el catalán como herramienta dramática y el legado de Jesús Méndez, coguionista de la película, fallecido antes de verla terminada.

La película parece plantear varias cuestiones enormes —migración, maternidad, clase, trabajo, libertad—, pero lo hace desde una historia muy pequeña y cotidiana. ¿Era importante que nunca pareciera una película «sobre temas», sino sobre una persona concreta?
Xavi Puebla: Es fundamental; no lo voy a decir mejor que tú. Creo que el cine tiene que explicar muy poco y, por supuesto, no tiene que ser discursivo. No debe imponer al público una manera de pensar ni siquiera de leer la historia, sino dejarle margen para interpretar lo que está viendo. Eso no está reñido con exponer una serie de cuestiones que son candentes y forman parte de nuestra realidad. Pero creo que en una película debe prevalecer la emoción sobre la reflexión. Me gustan las películas que plantean temas importantes, pero no las que elaboran un discurso a partir de ellos. La idea de partida era poner al ser humano en el centro, acompañar a Nayeli y, sobre todo, compartir su intimidad. Sufrir con ella, de alguna manera. Es una película que invita a compartir esa emoción a lo largo del metraje.
Describes Femenino, singular como una película «humilde, susurrante», que pide fijarse en un gesto, un objeto o incluso un llanto lejano. ¿Cómo se convierte esa idea casi teórica en decisiones concretas de puesta en escena?
Xavi Puebla: Me parecía obligatorio que hubiera una coherencia entre la humildad del personaje y la humildad de la película. Eso no significa que no tenga un grado de elaboración o que no esté cuidada, sino que sobraban los efectismos. Tenía que ser una película que hablara en voz baja y estuviera llena de detalles más subterráneos. Para mí, la forma es el reto principal a la hora de abordar cualquier proyecto: qué forma debe tener y cómo tienes que contar esa historia mediante imágenes y sonidos para expresar lo que contiene el guion. Eso es lo que más me estimula y aquí quería huir de cualquier pirueta visual. La cámara debía estar al servicio del personaje, pero eso no significa desactivar la expresividad de la imagen. Me enerva un poco cierta tendencia del cine naturalista a renunciar a la intención expresiva. Creo que el cine debe ser expresivo y que la imagen y el sonido deben tener una carga de información. Siempre tiene que haber una intención.
Por eso son importantes decisiones como dónde colocar la cámara, desde qué distancia filmar a la protagonista, cuándo moverla y cuándo no, cómo trabajar los segundos términos o qué importancia adquieren los fondos. Y también está el trabajo de la banda sonora, porque esta es una película que transcurre en gran parte dentro de la cabeza de Nayeli. Ella piensa mucho sobre las decisiones que tiene que tomar. Hay incluso cosas que le suceden de las que no es completamente consciente y que va descubriendo a medida que avanza la película, especialmente en la segunda parte. Me interesaba que todo aquello que se encuentra en su interior fuera aflorando de manera casi subliminal. La segunda parte es la que más me estimula cinematográficamente porque se construye sobre la primera. Las decisiones de puesta en escena ya no pueden ser las mismas. En la primera, la cámara se sitúa mayoritariamente a la altura de su mirada; está con ella en su itinerario cotidiano, pero también mental. En la segunda, a veces adopta una posición más baja, como si evocara aquello que se está removiendo en su organismo y que terminará llevándola a tomar determinadas decisiones.
Nayeli soporta una acumulación de dificultades, pero la película nunca la presenta únicamente como una víctima. Hay algo casi heroico en la forma en que sigue adelante.
Xavi Puebla: Sí. Para mí hay cierta épica en su comportamiento. No deja de ser alguien discreto, que no llama la atención, que no toma grandes decisiones y que, con ese carácter tan solícito y entregado a los demás, incluso sacrifica su propio bienestar. Pero hay una resiliencia. Es una mujer de mármol. No hay manera de socavar su moral: por muchas cosas que le sucedan, sigue adelante. Echo en falta ese tipo de personajes en el cine. Creo que hace falta recuperar cierta épica cotidiana, que puede ser tan básica como ser coherente con unas ideas, actuar con responsabilidad, asumir las consecuencias de los propios actos y no desfallecer.
Vico, eres mexicana interpretando a una mexicana que vive en Barcelona. ¿Había cosas de Nayeli relacionadas con la experiencia migratoria que tú reconocieras y otras que sintieras muy alejadas de tu propia experiencia?
Vico Escorcia: Sí. Creo que la experiencia del migrante puede ser muy solitaria. No ha sido necesariamente mi experiencia, o no durante todo el tiempo; va y viene. Podemos encontrarnos en entornos donde existe cierta comunidad y en otros donde no, y también podemos quererla o no quererla. Hay un caminar constante hacia el confort, hacia sentirse en casa estando tan lejos de casa. En el caso de Nayeli, además, hablamos de una mujer muy distinta a mí. Quizá, si Vico hubiera vivido sus mismas circunstancias, habría tomado decisiones diferentes. Pero el caso de Nayeli es muy específico, y eso no quita validez a que haya mujeres que incluso busquen esa soledad en determinados momentos, ya sea por cierta vergüenza respecto a sus circunstancias o por otras razones. Creo que no podemos generalizar la experiencia del migrante. Pero sí siento que un factor común puede ser esa experiencia de soledad, y eso está muy bien retratado en la película.

Xavi, esta es tu primera ficción larga desde A puerta fría. Después de catorce años, ¿hay algo que antes habrías contado de una manera mucho más explícita y que ahora prefieres dejar fuera de campo?
Xavi Puebla: Totalmente. Yo tenía 42 años cuando hice A puerta fría. Ahora estoy en otro lugar y veo la vida de una manera diferente. Me gano la vida con la docencia. No he podido hacer todas las películas que habría querido, aunque me siento un privilegiado por haber dirigido cuatro largometrajes de ficción y algunas otras cosas. Pero durante todo este tiempo me he seguido dedicando al cine desde la educación. Eso te mantiene en contacto con gente llena de ilusión y de ideas nuevas, de la que también bebes. Hay una interacción: no solo intentas transmitir los conocimientos que te ha dado la experiencia, sino que el alumnado también es una fuente de inspiración absoluta. Y, por otro lado, estar reflexionando permanentemente sobre el cine hace que durante estos catorce años llegues a conclusiones que antes quizá no habías formulado. Una idea que siempre había intuido y que he ido consolidando es que, para mí, en el cine lo importante es el subtexto.
Como espectador —y me gusta más ser espectador que cineasta; si tuviera que renunciar a una de las dos cosas, preferiría dejar de hacer cine antes que dejar de verlo—, lo que más me atrae de una película es que me interpele, que me invite a participar. Cuando una película está llena de brechas, de agujeros bien calibrados —no porque esté deshilachada, sino porque se ha construido respetándome como espectador y haciendo imprescindible mi participación—, es cuando realmente me entretiene. A partir de esa experiencia como espectador y de todos estos años de docencia, he ido afianzando esa idea de hacer un cine que no sea explícito, que se base en la sugerencia y deje espacio para la interacción. Que el espectador tenga que preguntarse por aquello que está viendo. Que haya misterio. Una película que no esté cerrada en sus significados, sino que permita al espectador formar parte de la obra.
Vico, esta es tu primera vez trabajando en catalán. No es la lengua materna de Nayeli e incluso hay una escena en la que Nora Navas le corrige expresiones más propias de México. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Preferiste aprenderlo previamente o acercarte a él como lo haría el personaje, a medida que vive allí?
Vico Escorcia: Creo que los actores tenemos un mal. Justo hace dos horas me escribió un director y me preguntó: «Vico, ¿tú juegas al ajedrez?». Yo le contesté: «No, pero aprendo». Con esta película pasó un poco eso. Cuando llegó el casting me dijeron: «Hay unas tres o cuatro escenas en catalán. ¿Puedes hablarlo?». Y yo: «No, pero aprendo. No pasa nada». Para la audición hubo una escena en catalán que aprendí fonéticamente. La directora de casting, Alejandra Alaff, me mandó una nota de voz leyéndola junto a su asistente, Irene. Pude escuchar la fonética y la cadencia e imitarlas. Ese fue mi primer acercamiento al catalán.
Una vez seleccionada, con el billete a Barcelona comprado, una coach de catalán asignada y empezando ya a trabajar con el guion, descubrí que más del 60 % de la película iba a ser en catalán. Fue un trago muy amargo, no te voy a mentir. Estábamos a tres semanas del rodaje. Tengo una especie de espejismo sobre mí misma por el que creo que puedo lograr lo que me propongo. Una seguridad completamente ilusoria de «sí, sí, no pasa nada, lo sacaré adelante». Y hasta ahora no me ha fallado. Decidí hacer una inmersión completa. Por experiencias anteriores había aprendido que no tenía sentido intentar aprender un idioma entero en tres semanas. Necesitaba aprender unos textos concretos y comprender perfectamente lo que estaba diciendo para poder interpretarlos, no limitarme a repetirlos. En eso me concentré. Ahora mismo no podría mantener una conversación en catalán; me sé mis textos y ya está.

Xavi Puebla: Ella lo dice con la humildad que la caracteriza, pero Vico tiene muchos talentos. Uno, sin duda, es el interpretativo, pero también posee una facilidad sorprendente para los idiomas y una tenacidad que creo que comparte con Nayeli. En otro sentido está mucho más emancipada que el personaje, pero es igual de perseverante: le gustan los retos. En tres semanas aprendió sus diálogos con una fonética increíble.
Vico Escorcia: También tenía una gran coach de catalán, Irene Ferré. Se lo agradezco muchísimo.
Xavi Puebla: Claro. Pero hizo un trabajo excelente. Muchas otras personas se habrían apocado ante esa dificultad y ella cogió el toro por los cuernos. La cuestión del idioma era consustancial a la historia. Cuando hablamos de la experiencia de una persona migrante que llega a una sociedad nueva, encontrarse con una lengua que no es la propia puede convertirse en otro obstáculo para la integración. Además, define muy bien a Nayeli. Es una persona dada a los demás, rigurosa y disciplinada, así que no había duda de que intentaría integrarse de la manera más orgánica posible en esa nueva realidad. Y eso implicaba hablar catalán. También define, sin necesidad de explicarla, su relación con el personaje de Nora Navas. El idioma puede ser un elemento de comunicación y de solidaridad, pero también puede convertirse en un obstáculo o incluso en un instrumento de dominio sobre el semejante. Todo eso enriquecía la película.
La película está dedicada a Jesús Méndez, guionista que, según has contado, está detrás de cada secuencia aunque no la llegara a ver terminada. Después de tantos años de desarrollo, ¿qué parte de la película reconoces especialmente como suya?
Xavi Puebla: Toda. El guion cambió mucho, pero lo escribimos los dos. Partimos de una situación personal que él estaba viviendo; la iniciativa fue suya y lo desarrollamos juntos. Después sufrió transformaciones en varios momentos del proceso. Durante la búsqueda de financiación fue cambiando; se llegó a plantear una posible coproducción que también obligaba a modificar determinadas cosas y, unos meses antes del rodaje, se incorporó una tercera guionista, Mireia Vidal. Nos parecía fundamental incorporar una mirada femenina que, como dos hombres, seguramente se nos escapaba. Ha habido personajes que desaparecieron y secuencias que cayeron o se transformaron, pero la esencia no cambió. Es exactamente la misma. Jesús falleció en 2019. No llegó siquiera a ver cómo arrancaba la película, pero está permanentemente presente en ella. Es una película suya.
