El aumento de las denuncias por acoso sexual en las Fuerzas Armadas se ha convertido en una de las señales más inquietantes del último informe del Observatorio de la Vida Militar. En 2024, este tipo de denuncias creció un 10,8%, hasta alcanzar las 51, el dato más alto de la serie desde 2016.
La cifra, por sí sola, ya obliga a mirar con atención. Pero el contexto la hace aún más relevante. Las Fuerzas Armadas atraviesan un momento marcado por problemas de reclutamiento, déficit de efectivos y dificultades para hacer más atractiva la carrera militar. En ese escenario, el aumento del acoso sexual en las Fuerzas Armadas introduce una alerta añadida. No basta con incorporar personal, también hay que garantizar entornos profesionales seguros.
El contraste es claro. Mientras la presencia de mujeres sigue creciendo —aunque lentamente—, también aumentan las denuncias por acoso sexual o por razón de sexo. Es una doble lectura que complica el relato de avance y obliga a abrir un debate más profundo sobre convivencia, protección y respuesta institucional.
Un dato que no puede tratarse como secundario
El incremento del acoso sexual en las Fuerzas Armadas no aparece como una nota al margen. El Observatorio lo recoge como uno de los indicadores más sensibles del año. Las 51 denuncias registradas en 2024 no solo suponen una subida respecto al ejercicio anterior, sino que marcan el máximo desde que se recopilan estos datos de forma sistemática.
La mayor parte de esas denuncias se concentró en el Ejército de Tierra. También hubo casos en el Ejército del Aire y del Espacio, la Armada, el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor de la Defensa. El reparto confirma que el problema no se limita a un único ámbito, aunque sí tenga más peso en determinadas estructuras.

Hay otro dato que agrava la preocupación: en el momento de cierre del informe, ninguna de estas denuncias había derivado todavía en condena o sanción. Ese elemento es especialmente delicado cuando se analiza el acoso sexual en las Fuerzas Armadas, porque afecta de lleno a la percepción de protección real que tienen las víctimas y a la confianza en los mecanismos de respuesta.
Más mujeres en las Fuerzas Armadas, pero con sombras
El mismo informe deja una noticia positiva en términos de representación: las mujeres ya suponen el 13,1% del total de las Fuerzas Armadas, una décima más que el año anterior. España, además, se sitúa por encima de la media de la OTAN en presencia femenina.
Ese avance, sin embargo, convive con la subida del acoso sexual en las Fuerzas Armadas, y eso obliga a evitar lecturas triunfalistas. Aumentar la presencia de mujeres es un paso importante, pero no suficiente. Si ese crecimiento no va acompañado de entornos seguros, protocolos eficaces y percepción de respaldo institucional, el progreso queda incompleto.
La cuestión de fondo no es solo cuántas mujeres entran, sino en qué condiciones desarrollan su carrera. Y ahí el dato del acoso sexual en las Fuerzas Armadas golpea directamente a la credibilidad del sistema. Porque una institución que quiere captar talento y retenerlo no puede permitirse zonas de desprotección o sensación de impunidad.
El impacto en la carrera militar y en la confianza interna
El debate sobre el acoso sexual en las Fuerzas Armadas no debe limitarse al plano disciplinario. También tiene una dimensión estructural. En un momento en el que se habla de falta de efectivos, de desinterés por algunas escalas y de dificultad para competir por talento, la seguridad en el entorno de trabajo se convierte en un factor central.

No es una cuestión reputacional menor. Afecta a la confianza interna, al clima profesional y a la percepción que tienen los posibles aspirantes sobre la carrera militar. Si la institución quiere ser más atractiva, necesita transmitir que dispone de mecanismos eficaces para prevenir, detectar y sancionar conductas de acoso.
Por eso, el aumento del acoso sexual en las Fuerzas Armadas no puede leerse como un problema aislado. Está conectado con el reto más amplio de modernizar las condiciones de vida y trabajo dentro de la institución. Algo que el propio debate sobre personal y retención ya había puesto sobre la mesa.
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