El BOE ha recogido esta semana la puesta en marcha de un programa de formación castrense voluntaria dirigido a las generaciones nacidas en 2007 y 2008. La medida no supone ningún paso hacia la recuperación del servicio obligatorio, suspendido en España en 2001, sino una ampliación del modelo profesional que las Fuerzas Armadas mantienen desde entonces.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha sido contundente al despejar cualquier duda: “No va a haber servicio militar, en absoluto“. La titular de Defensa insistió en que su prioridad es seguir apostando por unas fuerzas armadas profesionales, presentes en misiones internacionales y en la respuesta a emergencias como los incendios forestales.

La Constitución Española respalda este modelo en su artículo 30, que reconoce tanto el derecho como el deber de defender el país, e incluye la objeción de conciencia y fórmulas de participación no combatiente en ámbitos como la sanidad o la ayuda humanitaria. Solo ante una situación excepcional, y con autorización expresa del Congreso, podría activarse algún mecanismo extraordinario de movilización.
Disciplina, valores y una puerta abierta a las jóvenes
El programa persigue varios objetivos a la vez: acercar a la sociedad a las Fuerzas Armadas, ofrecer a los jóvenes una vía de formación práctica basada en la disciplina y el compromiso, y, de manera especial, atraer a más mujeres a una institución en la que históricamente han estado infrarrepresentadas. Los participantes podrán recibir instrucción militar básica en periodos de duración variable, con posibilidad de extenderse durante varios años.

La iniciativa llega en un momento en el que varios países europeos han optado por caminos más drásticos. Alemania y Suecia han reactivado fórmulas de servicio obligatorio o semipermanente ante el deterioro del entorno de seguridad en el continente. España, en cambio, mantiene su apuesta por el incremento progresivo de los efectivos profesionales como vía para fortalecer sus capacidades defensivas.
Las mujeres, el gran reto pendiente
La voluntad de impulsar la presencia femenina en las Fuerzas Armadas choca con una realidad que los datos del Ministerio de Defensa evidencian. De los 54.517 militares de carrera en activo en 2025, solo 6.134 son mujeres, lo que equivale al 11,2% del total, una cifra que apenas ha variado en los últimos años pese al crecimiento general de la plantilla.
El desglose por ejércitos muestra diferencias significativas. En el Ejército de Tierra, el más grande con 29.757 efectivos, las mujeres representan el 8,9% del total, aunque ese porcentaje mejora en cuerpos concretos como el de intendencia, donde alcanza el 14,7%, o el de ingenieros, con un 12,1%. En el Ejército del Aire y del Espacio, con 11.676 efectivos, la proporción femenina es del 11%. La Armada, con 10.999 militares de carrera, registra un 10,2% de presencia femenina.

El dato más llamativo está en los Cuerpos Comunes, que integran los cuerpos jurídico, de intervención, de sanidad y de músicas militares: allí las mujeres suponen el 39,1% de los 2.985 efectivos, el porcentaje más elevado de toda la estructura castrense y una excepción dentro del conjunto.
Más efectivos, pero la brecha persiste
En términos generales, las Fuerzas Armadas han incorporado a 2.415 militares de carrera en los últimos cinco años, lo que indica que el modelo profesional sigue siendo capaz de captar talento. Sin embargo, esa tendencia positiva no ha logrado reducir de manera significativa la brecha entre hombres y mujeres en la institución. El nuevo programa voluntario se presenta como una oportunidad para cambiar esa dinámica, especialmente entre las generaciones más jóvenes, que crecieron en un entorno de mayor igualdad formal pero que todavía no se ven reflejadas en los cuarteles en la misma proporción que sus compañeros.

