Cuando el servicio militar obligatorio, la “mili”, se suspendió de forma definitiva en nuestro país, se dio un paso en firme para completar la profesionalización de las Fuerzas Armadas. Indirectamente, se abrió la puerta a los reservistas voluntarios, entre lo que se encuentra desde hace unos años una vecina de Cuenca.
Pero antes, es necesario aclarar cómo se ha llegado hasta este punto. Tras el fin de la “mili”, las únicas vías para la ciudadanía de sumarse a la defensa del país se dan mediante oposición, instrucción militar y similares.
No obstante, el Ministerio de Defensa quiso abrir la puerta a la población que quisiera participar como reservista voluntario. Es decir, de participar de manera temporal y voluntaria en actividades relacionadas con las Fuerzas Armadas. Se mantiene su estado de civil, pero este cambia a militar cuando ocurren unas actividades castrenses a lo largo del año que requieren su involucración.
Esta posibilidad es un derecho constitucional, creada en el Reglamento del Reservista Voluntario (2003) y posteriormente revalidada en la Ley de Defensa Nacional de 2005.
Desde aquel momento, ciudadanos y ciudadanas de diferentes profesiones y puntos del país han pasado por las filas de los diferentes cuerpos militares. Estos atraviesan una formación militar básica y otra específica, y cada cierto tiempo, son activados en los compromisos militares de las unidades a las que pertenecen.
Hoy en día, son unos 3.000 reservistas voluntarios en activo, a fecha de 2025. Y una de ellos es una mujer conquense, la cual se convirtió en en 2021 en la primera mujer de la zona en obtener la distinción.
Ana Belén, enfermera de Cuenca y reservista voluntario

Ana Belén Herraiz es de Cuenca, es enfermera en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en un hospital de la ciudad, corre maratones y además es reservista voluntario.
Según contó a Onda Cero Cuenca, siempre ha tenido pasión por las Fuerzas Armadas, y para ella era un sueño poder aportar su amplia experiencia como enfermera a los Cuerpos Comunes.
Su vínculo con el sector castrense le viene desde pequeña. Su propio padre formó parte del Ejército del Aire y del Espacio, llegando a estar en la reserva.
Además, fue su hermano mayor quien le habló de la convocatoria anual del Ministerio de Defensa y sus plazas de reservista voluntario. Él ha servido en el Ejército de Tierra, así que pudo explicarle bien las posibilidades.
Así pues, las ganas de ver su sueño hecho realidad le permitieron superar las pruebas y alcanzar su objetivo. De su instrucción se lleva un buen recuerdo, pues en la Escuela Naval Militar de Cádiz se llevó una grata experiencia y unos buenos compañeros.
En el momento en que ella ingresó como reservista voluntario, tenía 50 años. Ahora, se acerca a la edad máxima de 58 años para oficiales y suboficiales. Para tropa y marinería, el límite es hasta los 55 años.
De este modo, cada vez que los Cuerpos Comunes la han necesitado, la conquense ha acudido a la llamada con orgullo. Y sabiendo que sueño se ha hecho realidad cuando ha podido ser, puesto que nunca es tarde para nada en esta vida.

