La reunión de ministros de Defensa de la Unión Europea celebrada este lunes en Bruselas dejó al descubierto una fractura que ningún comunicado oficial nombra: la Operación Aspides, encargada de garantizar la seguridad de las rutas comerciales en el Mar Rojo, funciona a media máquina y no hay acuerdo para reforzarla. La Alta Representante, Kaja Kallas, planteó directamente la necesidad de comprometer más medios, con un argumento sencillo: si se asigna una tarea a una misión, es obligación garantizarle los recursos necesarios.
Según fuentes diplomáticas, solo dos Estados miembro mostraron disposición a evaluar contribuciones adicionales de buques. Sus nombres permanecen en reserva. En una organización de veintisiete países, la respuesta a una llamada de refuerzo se reduce a dos posibles voluntarios.
España se mantiene en Atalanta
España fue una de las más explícitas en su posición. La ministra de Defensa, Margarita Robles, descartó enviar refuerzos a Aspides y defendió que el Gobierno ya está comprometido con la Operación Atalanta, la misión antipiratería en el Índico. Su argumento fue claro: la Unión Europea opera actualmente tres misiones navales simultáneas en la zona, Atalanta, Aspides e Irini, y comprometer más recursos a una significaría debilitar otra. “Nosotros vamos a continuar en la operación Atalanta y en ningún caso vamos a enviar nuevos barcos”, afirmó.

La amenaza en Yemen se agrava
Lo que precipitó esta conversación incómoda fue el deterioro de la situación en Yemen. Las milicias hutíes han consolidado posiciones clave alrededor del estrecho de Bab el Mandeb, el paso de entrada al Mar Rojo desde el Índico, incluyendo la captura de la ciudad de Moca, la más próxima a este enclave estratégico. La propia Kallas había advertido la semana pasada desde Nueva York sobre el “empeoramiento de la situación” y sus implicaciones para los intereses europeos.
Las consecuencias son tangibles: los ataques de las milicias rebeldes contra el comercio internacional han obligado a navieras a redirigir rutas, aumentando costos y retrasando entregas en una economía europea ya presionada.
No es solo cuestión de voluntad
Kallas fue más allá del número de buques. Enfatizó que importa la “calidad” de los medios, refiriéndose a la necesidad de contar con naves de escolta capaces de operaciones defensivas reales. No cualquier buque sirve. Esto significa que el problema no es únicamente la falta de voluntad política, sino también la carencia de capacidades especializadas en varias armadas europeas.

Un patrón que se repite
Este episodio no es aislado. La Unión Europea define prioridades estratégicas sin siempre disponer de capacidad para hacerlas cumplir con recursos reales. Aspides fue lanzada con ambición pero opera constreñida. Atalanta lleva años con presupuestos ajustados. Irini, la misión contra el tráfico de armas en Libia, lucha por visibilidad. Bruselas coordina, pero no controla.
Para Madrid, la posición es pragmática: con recursos limitados, mejor consolidar la presencia donde ya existe que dispersarse. Para la Alta Representante, la incapacidad de coordinar más esfuerzos representa un eslabón más en la cadena de políticas exteriores europeas que no terminan de traducirse en poder real.

