El estadounidense Alfred Thayer Mahan definió el control del mar en el siglo XIX como el dominio absoluto y continuo de los espacios marítimos, lo que permitía a una potencia naval proyectar su influencia económica, diplomática y militar en el mundo. Más de un siglo después, ese concepto sigue siendo válido, pero el escenario ha cambiado radicalmente. Hoy, cualquier fuerza naval que quiera acercarse a una costa enemiga debe enfrentarse a lo que los militares llaman A2/AD, es decir, sistemas diseñados específicamente para impedirlo.
El término A2/AD, que viene del inglés Anti-Access/Area Denial, hace referencia a una combinación de misiles de largo alcance, radares, sistemas de guerra electrónica y otros medios que un adversario despliega para impedir que fuerzas enemigas entren en una zona determinada o se muevan libremente dentro de ella. En la práctica, significa que acercar un buque de guerra a una costa protegida por este tipo de sistemas es cada vez más peligroso y costoso.
Es en este contexto donde un análisis publicado en el Boletín de Infantería de Marina plantea un diagnóstico claro: la Fuerza de Infantería de Marina española tiene capacidades útiles, pero insuficientes para operar de forma efectiva en este tipo de entornos.

Qué puede hacer hoy la Infantería de Marina y qué no
Los autores del análisis, los capitanes Raúl Martínez Rodes y José María de Victoria Fernández, distinguen entre dos conceptos clave: el control del mar, que consiste en poder utilizar los espacios marítimos en beneficio propio, y la denegación del mar, que consiste en impedir que el adversario los utilice.
En el primer caso, la Infantería de Marina española dispone de algunas capacidades útiles: puede realizar operaciones de interdicción marítima, reconocimiento especial, acción directa, protección de buques y defensa antiaérea limitada. También puede ejecutar operaciones anfibias de alcance y entidad limitados.
Sin embargo, el diagnóstico se vuelve más severo cuando se analiza la denegación del mar. Los autores concluyen que la única aportación actual significativa de la Infantería de Marina en este ámbito procede de las capacidades de acción directa de sus unidades de élite. La razón es simple: le faltan los medios para detectar objetivos a larga distancia, atacarlos con precisión y hacerlo mientras permanece en una zona donde el adversario también puede verla y atacarla.
En concreto, el análisis identifica tres grandes carencias: la falta de medios ISR suficientes para obtener información a distancia, la ausencia de sistemas de fuegos de largo alcance y la pérdida por obsolescencia de la capacidad de guerra electrónica.

La solución: fuerzas pequeñas, distribuidas y conectadas
La respuesta que plantea el análisis no pasa por construir unidades más grandes ni por acercar más los buques a la costa. En lugar de concentrar la fuerza en un único punto fácilmente detectable, las unidades deberían distribuirse en diferentes posiciones dentro de la zona disputada, manteniéndose conectadas entre sí y con la Fuerza Naval.
Para ello, el artículo propone un concepto denominado Espacio Anfibio Ininterrumpido, que busca eliminar la separación tradicional entre los buques y las unidades desplegadas en tierra. Las futuras Naves de Alta Movilidad Táctica, conocidas como Namtac, serían esenciales en este modelo, permitiendo distribuir pequeñas unidades de Infantería de Marina por el espacio marítimo y litoral con movilidad, vigilancia y capacidad de actuación en diferentes puntos.

Misiles antibuque, drones y guerra electrónica
El análisis propone además una serie de capacidades concretas para transformar la Infantería de Marina de cara a 2050. El Sistema Lanzador de Alta Movilidad, o Silam, aparece como una de las principales vías para dotar al Tercio de Armada de fuegos precisos de largo alcance, una capacidad actualmente inexistente. A ello se sumarían la incorporación de municiones merodeadoras, nuevos sistemas de drones para detección y adquisición de objetivos, y la recuperación de la guerra electrónica.
Una de las propuestas más ambiciosas es estudiar la incorporación de misiles antibuque Naval Strike Missile en configuración terrestre sobre vehículos Vamtac, siguiendo el modelo estadounidense. Esta capacidad permitiría a la Infantería de Marina ocupar posiciones avanzadas, desplazarse y ocultarse, contribuyendo a impedir el movimiento de unidades navales adversarias tanto en operaciones en el exterior como en la defensa del territorio nacional.

