Las mujeres en las Fuerzas Armadas españolas están dejando una huella cada vez más visible. Madre e hija, la coronel Mercedes Alba Rodríguez y la capitán Mercedes Gragera Alba, son el ejemplo de cómo una vocación puede transmitirse de generación en generación. Artículo 14 habló con ambas sobre sus inicios, sus experiencias y los sacrificios que conlleva una vida dedicada a servir a España.
¿En qué momento decidieron que querían ser militares?
Para la coronel Mercedes Alba, la decisión de ser militar realmente lo lleva en la sangre. Criada en un ambiente totalmente inmerso en la milicia, siendo hija, nieta y sobrina de militares, la vocación militar siempre fue una constante en su vida. Sin embargo, cuando en 1988 llegó el momento de elegir carrera universitaria, las mujeres apenas acababan de ingresar en las Fuerzas Armadas y la milicia no era aún una salida profesional conocida ni habitual para ellas. Decidió entonces estudiar Derecho. Fue al terminar la carrera cuando descubrió la existencia del Cuerpo Jurídico Militar. En ese instante, cuenta, vio claramente que era su oportunidad: ahí confluían su vocación militar de toda la vida con su formación profesional.
La capitán Mercedes Gragera describe su camino de forma diferente pero igualmente determinante: la decisión de ser militar significaba unir sus dos grandes pasiones. La medicina siempre la había atraído por su vocación de servicio y la posibilidad de ayudar directamente a otros. El mundo militar, por su parte, lo vivió muy de cerca: tanto su madre como su padre son militares, y creció viendo su ejemplo en casa. Cuando llegó la universidad, descubrió que existía la posibilidad de estudiar medicina dentro del Ejército, ya como militar. No dudó en dar el paso: suponía unir ambas vocaciones, la sanitaria y la militar.

¿Cuál ha sido el destino o la misión que más les ha marcado a cada una?
A lo largo de su trayectoria, la coronel Mercedes Alba ha tenido la suerte de sentirse muy realizada en cada destino. Lo que realmente la define es la capacidad de conjugar en el Cuerpo Jurídico Militar “las dos grandes facetas de la profesión”: ha ejercido funciones de asesoramiento jurídico puro y también ha trabajado en el ámbito judicial. “De cada uno de esos lugares me he llevado grandes enseñanzas y experiencias humanas muy bonitas”, asegura.
Para la capitán Mercedes Gragera, la respuesta no admite dudas. “La misión que más me marcó fue mi primer embarque a bordo del Patrullero Serviola“, relata. Cuatro meses navegando por el Golfo de Guinea en los que ejercía como teniente médico en una operación real, siendo además la única médica a bordo. Fue un punto de inflexión: “Era la primera vez que ejercía como teniente médico en una operación real y, además, era la única médica a bordo”. Debía llevar a la práctica ella sola todo lo aprendido como estudiante. “Fue un tremendo reto tanto en lo personal como en lo profesional, pero la experiencia humana fue increíble”, concluye.

¿Qué ha cambiado en el trato hacia las mujeres militares desde que usted ingresó, Mercedes, hasta hoy?
Desde que la coronel Mercedes Alba ingresó en 1994, el cambio ha sido radical. “Ha cambiado muchísimo”, afirma. En aquella época, la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas era todavía muy reciente; estaban en fase de adaptación tanto a nivel de infraestructuras como de mentalidad. “El trato era respetuoso, pero no dejábamos de ser una novedad que generaba cierta expectación”, recuerda.
Hoy la situación es completamente diferente. “Lo que antes era una excepción ahora es una normalidad absoluta”, asegura. El trato actual es el de un compañero más, donde no se mira el género sino el mérito y la capacidad profesional de cada militar, lo que permite que las mujeres opten a todos los puestos de las Fuerzas Armadas.
¿Cómo han vivido la conciliación entre la vida familiar y la carrera militar?
Para la coronel Mercedes Alba, la conciliación entre vida familiar y carrera militar fue una etapa compleja. Cuando tuvo a sus cuatro hijos, apenas existían medidas de conciliación en las Fuerzas Armadas. “Para los hombres eran prácticamente inexistentes”, recuerda. “Nos tocaba hacer auténticos encajes de bolillos en casa para poder llegar a todo”, cuenta. La estructura no estaba pensada para flexibilizar el día a día como ahora.
Sin embargo, ve con satisfacción los cambios. “Hoy la conciliación es mucho mejor y se nota que la institución ha hecho un esfuerzo real para cambiar el chip”, asegura.
La capitán Mercedes Gragera ofrece una perspectiva diferente. Aunque aún no tiene cargas familiares, ve a sus compañeros con hijos. “En las Fuerzas Armadas tenemos las mismas medidas de conciliación que en el ámbito civil, y se nota que la institución está haciendo un esfuerzo importante”, explica. Reconoce que “por la naturaleza de nuestra profesión, a veces surgen dificultades y no siempre es fácil cuadrarlo todo”. Pero lo que la tranquiliza es que “existen medidas reales para apoyarles”, lo que le da serenidad de cara al futuro.

¿Qué supone para ustedes que los Cuerpos Comunes tengan una presencia femenina cercana al 40%?
La coronel Mercedes Alba ve en esta realidad un avance extraordinario hacia la igualdad real dentro de las Fuerzas Armadas. Que casi la mitad de los efectivos en los Cuerpos Comunes sean mujeres refleja la normalización de las militares en la institución, un reflejo fiel de la sociedad a la que sirven. Para ella, esto demuestra que las capacidades no entienden de género, sino de vocación y esfuerzo.
No obstante, la capitán Mercedes Gragera comparte esa misma visión. Para ella, este equilibrio es fantástico porque pone de manifiesto que lo que realmente cuenta es el trabajo y la capacidad de cada persona, más allá del género. El hecho de que casi la mitad de los efectivos sean mujeres significa que las normas son iguales para todos y que la presencia femenina en el día a día ya es totalmente normal, no una novedad que genere extrañeza.

¿Qué significa para ustedes compartir no sólo la profesión, sino también los valores que conlleva?
Compartir profesión e valores tiene significados profundos para ambas. Para la coronel Mercedes Alba, significa “un orgullo muy profundo y una gran complicidad”. Cuando tu hija elige tu misma profesión, y más aún una carrera tan particular como la militar, supone una gran satisfacción. Implica compartir los mismos valores y la misma visión del servicio a España, compartir una forma de vida. Su hija ha elegido este camino aun sabiendo las dificultades y los sacrificios que conlleva. “Ver su compromiso con el uniforme que viste me hace sentir especialmente orgullosa, tanto en lo profesional como en lo personal”, asegura.
Para la capitán Mercedes Gragera, esta experiencia significa “una enorme motivación”. Crecer viendo a su madre ha hecho que términos como la vocación, el servicio, la lealtad o el compañerismo no sean solo palabras, sino una forma de vida. Compartir profesión con ella implica tener el listón muy alto, pero más importante aún, significa tener a su lado a alguien que la entiende perfectamente, a quien acudir en los momentos difíciles con la certeza de ser comprendida y animada. “Compartir esta forma de vida es, para mí, un orgullo tremendo”, concluye.
