La escena no suele tener focos, pero sí una carga de responsabilidad que pesa. Una teniente, recién incorporada a la comandancia de su tierra, dirige desde septiembre de 2025 el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga en Córdoba. Lleva apenas tres años de trayectoria en el Instituto Armado, pero ya ha vivido seis operativos de gran envergadura contra el tráfico de estupefacientes.
Y en ese aterrizaje rápido, casi sin margen para el rodaje pausado, la realidad le ha colocado delante lo esencial: decisiones que se toman con tensión, meses de investigación que se condensan en horas y un mapa provincial en el que el narcotráfico se desplaza, se adapta y busca huecos.
La teniente explica en Cadena SER que su vocación le viene de familia. Su padre, dice, le permitió conocer desde dentro el oficio y también sus costes personales: riesgos, sacrificios y una rutina que a menudo exige estar donde otros preferirían no mirar. Ese aprendizaje previo no evita el vértigo, pero sí fija una idea que repite con convicción: nunca se imaginó dedicándose a otra cosa.
Desde esa mezcla de determinación y pragmatismo se entiende su papel al frente del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga, una unidad que trabaja con paciencia cuando nadie observa y con precisión cuando llega el momento de actuar.
Seis operaciones, 80 detenidos y una provincia bajo vigilancia
En los últimos seis meses, el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga que dirige ha contribuido a desarticular organizaciones dedicadas al narcotráfico en puntos muy distintos de la provincia:
- Bujalance
- Palma del Río
- Belmez
- Puente Genil
- Rute
- Peñarroya-Pueblonuevo
- Córdoba
El balance, según el recuento de las operaciones, asciende a 80 detenidos y varios puntos de cultivo o venta de droga desmantelados.
La responsable del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga reconoce, además, que en algunas investigaciones se encontró parte del trabajo adelantado gracias a compañeros con mucha experiencia y alta especialización. En su relato aparece una idea que define el funcionamiento real de estas unidades: aquí importa tanto la veteranía como la capacidad de abrir líneas nuevas cuando lo anterior ya no basta.

Por eso habla de “nuevas líneas de trabajo” que están impulsando y que, asegura, deberían dar resultados. Y también deja caer una reclamación contenida, casi inevitable: más personal sería “de agradecer”, aunque con los recursos actuales considera que el equipo está respondiendo.
El día del golpe: planificación, juzgado y factor sorpresa
Cuando llega la fase decisiva, la tensión cambia de forma. La teniente describe esos días como la resolución de meses de planificación, con un componente central: la coordinación. En la explotación operativa, explica, su papel se parece al de quien organiza recursos humanos en tiempo real. Tiene que integrar a las unidades propias, a las de apoyo y, al mismo tiempo, coordinarse con el juzgado para que cada actuación cuente con autorización y haya secretarios judiciales suficientes para practicar registros.
El Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga trabaja con una premisa que no admite adornos: el factor sorpresa es clave para tumbar estructuras. Por eso, antes de intervenir, la Guardia Civil evalúa la conflictividad de las zonas, posibles reacciones violentas y necesidades de despliegue en función de los objetivos: cuántas entradas simultáneas, cuántas detenciones, cuántos apoyos. Con esa suma de variables —y algunas más— se solicitan refuerzos y se ajustan medios, también a partir de las sugerencias de quienes se encargan del componente más táctico.
Su primer gran despliegue dentro del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga fue en Rute, con una intervención en tres bloques completos de viviendas sociales usados para cultivar marihuana. En su relato, el punto álgido es “encontrar la droga y practicar las detenciones”, pero no termina ahí. Inmediatamente después, el equipo amplía indagaciones con documentación, teléfonos móviles y la información que se obtiene sobre el terreno. La operación continúa cuando parece haber acabado.
Pueblos pequeños, redes móviles y cooperación más allá de España
A partir de esas pesquisas, la teniente afirma que las organizaciones intervenidas recientemente son independientes entre sí, aunque en momentos puntuales hayan podido interactuar. La razón, apunta, es que operan en distintos escalones de la actividad criminal: transporte, venta al por mayor o menudeo. Ese reparto, lejos de simplificar, obliga al Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga a mirar con lupa cómo se conectan —o cómo se evitan— entre ellas.

El trabajo en localidades pequeñas añade otra dificultad. En provincias con menos población puede haber menos movimiento que en grandes ciudades, pero investigar en pueblos exige una discreción casi quirúrgica: seguimientos, indicios, vigilancia sin levantar sospechas. La teniente lo resume de forma simple: los vecinos notan hasta cuándo entra un coche nuevo. Por eso el Equipo de Delincuencia Organizada y Antididroga selecciona perfiles de efectivos, rasgos físicos e incluso vehículos, buscando camuflaje y normalidad. No llamar la atención, en determinados entornos, se convierte en una parte esencial del trabajo.
El diagnóstico que hace sobre Córdoba es doble: la provincia sigue siendo un punto de paso y, a la vez, un posible destino interior para organizaciones asentadas en la costa de Andalucía que se desplazan al percibir más presión policial. En paralelo, describe una profesionalización del narcotráfico con técnicas más depuradas y tecnologías que sorprenden, aunque matiza que no se aprecia un incremento de la violencia o de la resistencia frente a la autoridad como ocurre en otros puntos de Andalucía.
La colaboración ciudadana también es esencial
En ese tablero, la buena conexión por carretera —con la Autovía A-4 como vía relevante— es aprovechada para mover mercancía o almacenarla de forma provisional. La teniente señala que el hachís y la cocaína siguen siendo las sustancias con mayor volumen de incautación. Y subraya que la respuesta del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga pasa cada vez más por la cooperación: más contacto con otras unidades de Policía Judicial, como las de Málaga y Sevilla, más intercambio con el Cuerpo Nacional de Policía y más coordinación con entidades extranjeras, como el Bundeskriminalamt.
Como ejemplo de esa red, cita la Operación Califa-Área 23, que acabó con diez detenidos: nueve en España y uno en Alemania. “Las redes de cooperación —sostiene— son clave para explotar grandes operaciones”. Pero añade otra pieza, igual de decisiva y más silenciosa: la colaboración ciudadana.
Muchas investigaciones, recuerda, arrancan por avisos anónimos a una patrulla o por contactos discretos. Y ahí, insiste, el compromiso del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga es proteger la identidad de quien da el paso.
