Tiempos complejos para el sindicalismo. Han pasado catorce años desde la última huelga general. Las grandes centrales siguen protagonizando el diálogo social, firmando subidas del Salario Mínimo Interprofesional o negociando los Acuerdos para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC). A pesar de que la actividad sindical sigue siendo imprescindible en el tejido productivo español, muchas organizaciones se desangran. Y la OCDE tiene datos sobre la herida.
La última edición del estudio Focus on Spanish Society, editada por el think tank Funcas, recoge muchas de las cifras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos va sumando año a año. En concreto, la publicación destaca que el nivel de la afiliación sindical en España se ha reducido “de forma paulatina desde comienzos de la década de 2000”, cuando el 15% de los asalariados pertenecían a un sindicato. Ya era un nivel “relativamente bajo”. Ahora, la cifra se mueve entre el 12% y el 13%.
Para muchas de las entidades sindicales consultadas por Artículo14, estas cifras no explican del todo la realidad laboral española. UGT, CCOO, CGT, USO o CNT son siglas ligadas a las conquistas de derechos laborales, y todas ellas han compartido su parecer sobre el último análisis de Funcas que se ha distribuido entre los medios. Hay dos perspectivas. La primera: la afiliación no es un indicador importante. La segunda: hay sindicatos que están creciendo exponencialmente.
Evolución
La evolución de la afiliación a los sindicatos en España ha sido dispar. España empieza a compartir sus datos desde el 78. Un año antes se firman los Pactos de la Moncloa, se aprueba la pluralidad sindical y se elimina la afiliación obligatoria al sindicalismo vertical. El primer dato de afiliación a sindicatos entonces, en plena Transición, roza el 40% de la masa laboral. Se desploma al año siguiente. Inicia una travesía en el desierto en los años 80, consolidado ya el modelo de comités de empresa y elecciones sindicales.

En los 90 la afiliación a sindicatos remonta y se estabiliza en el 15%, y en los albores del 15-M vive un pequeño auge. Hasta hoy, con los números cayendo y en sintonía con lo que sucede en la mayoría de países de la OCDE. En la mayoría, salvo en los países nórdicos o Italia. Suecia, por ejemplo, es el país con el mayor número de afiliados a sindicatos. Más del 65% de su población activa. ¿A qué se debe?
Lo explican muy claro Fernando Luján de Frías, vicesecretario general de Política Sindical de UGT, o Marcelo Ortega, secretario de Comunicación de Comisiones Obreras. “Mezclar los datos de distintos países es un poco confuso”, aclara este último. “Hay realidades muy distintas”. Ambos cuadros de las organizaciones mayoritarias detallan que en otros países como Suecia que las mejoras de un convenio que negocie un sindicato solo las disfrutan los afiliados al mismo. “Por eso hay afiliaciones masivas en otros países”, aclaran, donde en ocasiones ni siquiera existe el SMI.
Reflejo del mercado
Tanto Luján de Frías como Ortega creen que el de la afiliación como indicador se queda corto. Ni CCOO ni UGT detectan una caída sustancial de la base, “aunque es verdad que tampoco ha crecido exponencialmente”. CCOO y UGT oscilan el millón de afiliados cada una. Luján de hecho reivindica que “ni todos los partidos políticos juntos” superan en afiliación a la UGT. Pero ambos ponen el foco más bien en los delegados sindicales, en las personas que son elegidas por sus compañeros de trabajo para representarles.
“¿Hemos de suponer que los sindicatos estamos perdiendo capacidad de influencia en los centros de trabajo? Los datos demuestran todo lo contrario. En los últimos cinco años el número de representantes elegidos de las listas de UGT en las elecciones sindicales ha pasado de 86.000 a 109.000”, explica Luján de Frías. Ortega reivindica, por su parte, que en algunas provincias españolas el 50% de los delegados y miembros de los comités de empresa iban en una lista de su organización.

Ortega, por ejemplo, sí reconoce un descenso en la base de afiliados a CCOO, aunque tanto él como el cuadro de UGT también coinciden en otro análisis. “Es una representación del mercado laboral”. En palabras del secretario de Comunicación de CCOO, los jóvenes no se afilian hasta que se estabilizan en el mercado laboral, tras unos primeros años de experiencias profesionales breves o esporádicas. Además, ambos enfatizan la idea de que el trabajo de los sindicatos “beneficia a todo el mundo”. “Desde la negociación del SMI”, apostillan, “a las asesorías jurídicas, disponibles también para no afiliados”.
Fuera de los mayoritarios
Hay vida más allá de UGT y CCOO y otras centrales sindicales entienden también que la afiliación a los sindicatos puede estar cayendo, pero no es su caso. La Unión Sindical Obrera nació en los 50 como una organización impulsada por sectores cristianos de clase trabajadora. Esta central cerró 2025 rozando los 150.000 afiliados, su nuevo récord. Laura Estévez, su secretaria de Comunicación, explica que llevan una década en ascenso. Una de sus apuestas: la gente joven y las redes sociales. “Antes te afiliabas en el sindicato que tenía sede en tu localidad. Con internet eso ha cambiado”.
Lo mismo sucede en CGT. Fuentes de la organización anarcosindical detallan que su percepción en torno a la caída de la afiliación es la contraria. “Será en los mayoritarios”, añaden. De hecho, la Confederación General del Trabajo habla de un crecimiento explosivo en territorios como Cataluña, donde su afiliación se ha multiplicado un 83% en la última década. La organización, que también participa en las elecciones sindicales, centra sus atributos en la participación de sus afiliados hasta convertirlos en militantes.
USO o CGT no sólo divergen de UGT y CCOO en la interpretación de los datos de la OCDE. El secretario de Comunicación de Comisiones, por ejemplo, no cree que se vaya a abrir el debate en torno al modelo sindical, que tiene pros y contras. “Igual que es complejo para nosotros afiliar a gente, en otros países los sindicatos no participan en la legislación laboral. En España sí”, recuerda. Mientras Trabajo habla ahora de llevar la democracia a la empresa, en USO han denunciado ante la OIT la actual Ley de Libertad Sindical. Creen que obstaculiza el crecimiento de las organizaciones no mayoritarias.

El papel de la mujer
Donde sí hay más convergencia en todas las centrales es en el rol que la mujer está recibiendo en la nueva demografía sindical. La paridad está cerca en organizaciones como CCOO y UGT, tanto en las bases como en sus cuadros y cargos. Sucede lo propio en USO, que desde hace años consideran haber llegado a esa anhelada paridad. Estévez explica que las cifras varían, eso sí, dependiendo del sector. Las organizaciones son un espejo del mercado laboral: “En Industria los compañeros se matan por encontrar delegadas mujeres”.
La paridad se está alcanzando precisamente porque la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo en las últimas décadas. CGT va un paso más allá: abundan en que son precisamente las mujeres las que explican su crecimiento. Las mismas fuentes apostillan que son ellas las que han empezado a protagonizar conflictos donde antes el resto de sindicatos no los planteaban. Por ejemplo, en sectores como el retail textil.
Sin embargo, encontrar mujeres en los cargos más altos de las organizaciones sigue siendo complicado. Solo CNT tiene en estos momentos una secretaria general a nivel confederal. Es Erika Conrado, que también destaca el crecimiento exponencial que está viviendo la organización. También en términos de paridad. “En los últimos ocho años el número de afiliadas se ha triplicado mientras que el de afiliados se ha duplicado”, explica. CNT también fue la primera central sindical en tener una secretaria general mujer a nivel nacional, Ana Sigüenza, en el año 2000. Pero en el sindicalismo todavía queda por hacer.
