Carmen Parodi fue uno de los quince estudiantes de la Universidad de Cádiz que participaron en el primer crucero de instrucción universitaria impulsado por la Armada Española. Recién graduada en el doble grado de Administración y Dirección de Empresas y Finanzas y Contabilidad, relata a Artículo14 su experiencia de seis días a bordo del Buque de Asalto Anfibio Galicia, donde convivió con alumnos de la Escuela Naval Militar y con estudiantes de la Universidad de Navarra.
P: ¿Qué estudia y cómo llegó a esta experiencia?
R: Estudié el doble grado de ADE y Finanzas-Contabilidad en la Universidad de Cádiz, donde me gradué justo el día de esta entrevista. En cuanto a cómo llegué al buque, la Armada solo solicitó estudiantes con buenos expedientes y dejó que cada facultad aplicara su propio criterio de selección. En mi caso, la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales nos eligió directamente a mi compañero Rafa y a mí por nuestro expediente. No nos apuntamos a ningún listado; fueron ellos quienes nos ofrecieron la oportunidad.

P: ¿Qué esperaba encontrarse a bordo?
R: Sinceramente, no tenía conocimiento de que nos íbamos a enfrentar y eso es lo más bonito; ni sabíamos qué actividades nos tenían preparadas. Pensábamos simplemente que formaríamos parte de la vida del barco como cualquier otro marinero. La Armada, sin embargo, se portó de manera extraordinaria y nos brindó una experiencia única con muchísimas actividades.
P: ¿Cuál fue el momento más impactante de la travesía?
R: Sin duda, el vuelo en helicóptero sobre Cádiz. No nos dijeron que íbamos a sobrevolar la ciudad y, al principio, solo se veía mar. De repente apareció el castillo de San Sebastián, muy cerca de mi casa, y fue un momento muy emocionante. Ver mi ciudad desde esa perspectiva es algo que nunca había experimentado.

Pero hay otro momento que también fue maravilloso: cuando llenaron el dique del buque para practicar la salida de las lanchas de desembarco y nos permitieron bañarnos en alta mar. Para mí fue especialmente significativo porque tengo talasofobia y logré superarlo.
P: ¿Cómo es la vida a bordo?
R: Es completamente diferente. Dentro de un buque hay tantas personas implicadas en que todo funcione que resulta difícil de imaginar desde fuera. La dotación trabajaba las 24 horas del día, cada uno con sus tareas, como una máquina perfecta. A nosotros nos proponían actividades voluntarias, sin ninguna obligación. Una noche, por ejemplo, hicimos guardias por turnos desde las dos de la mañana hasta las ocho. Con la emoción del viaje era imposible descansar antes, así que la mayoría no completamos la guardia entera. Yo me retiré a las seis de la mañana.
P: ¿Qué relación encuentra entre su carrera y lo vivido a bordo del buque?
R: Es una pregunta muy interesante porque el buque funciona exactamente igual que una empresa. El comandante podría ser el CEO y cada persona tiene un rol definido dentro de esa estructura. Me resultó muy valioso analizar cómo se toman las decisiones, cómo se comunican los miembros de la dotación y cómo se gestionan los recursos.
De hecho, tuve largas conversaciones con la teniente de intendencia del barco para entender su trabajo, que no es otro que gestionar los recursos y la logística a bordo. Tengo la intención de desarrollar una carrera académica y este campo me resulta muy interesante para investigar.

P: ¿Qué aprendió que no habría podido aprender en un aula?
R: Aprendí que los miedos son miedos hasta el día en que decides que deben dejar de serlo. Me enfrenté a situaciones que jamás hubiera imaginado y las superé. También descubrí que tenemos una Armada potente, con una infraestructura completamente volcada hacia los ciudadanos españoles. Velan por nuestra seguridad en todo momento y podemos estar muy orgullosos de ello.
P: ¿Cómo percibió el papel de la mujer a bordo?
R: A mí me parece que la mujer tiene exactamente la misma importancia que cualquier hombre en ese buque. La dotación femenina del Galicia era del 15%, superior a la media habitual en las tripulaciones de la Armada. Son mujeres fuertes, muy inteligentes e igual de capaces que cualquier otro miembro de la dotación.
Tuve la suerte de coincidir con la teniente de intendencia Celia, quien nos atendió durante gran parte de la travesía; podría decir que, como profesional, es una gran militar y, en lo personal, una gran persona. También la teniente médica Carlota nos acompañó durante el viaje y nos mostró el hospital del buque, que es enorme y está muy bien equipado. De hecho, debido a los mareos que sufrí, tuve que hacerle una visita.
P: ¿Cambió su visión de las Fuerzas Armadas?
R: Por supuesto que sí. La imagen que uno puede tener de los militares es la más bélica: personas serias y distantes que generan cierto temor. Pero es todo lo contrario. Son personas cálidas y familiares que trabajan en todo momento para el ciudadano. Sus tareas no se limitan a los conflictos bélicos, sino que abarcan la protección, las expediciones y la ayuda a la sociedad. Creo que la mayoría de los españoles no lo percibe así. Yo, desde luego, no lo percibía y doy gracias a la Universidad de Cádiz y al profesor Enrique García Luque por permitirme vivir esta experiencia.
P: ¿La recomendaría?
R: Sin ninguna duda. Todos mis compañeros la han seguido con mucha envidia, envidia sana, y con ganas de que el año que viene puedan ser seleccionados.

