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Emprender siendo mujer en Irán: la historia de Nazanin Daneshvar

Es la fundadora de la plataforma de comercio electrónico de descuentos más grande en Irán y una inversora que traspasa fronteras

La emprendedora iraní, Nazanin Daneshvar

Emprender nunca es fácil. Hacerlo siendo mujer y en Irán, todavía menos. En un país con restricciones culturales, sanciones económicas y profundas desigualdades de género, Nazanin Daneshvar se ha convertido en un referente internacional en el mundo de la tecnología. Es la fundadora de la plataforma de comercio electrónico de descuentos más grande en Irán y una inversora que traspasa fronteras. Y solo tiene cuarenta y dos años.

Nazanin Daneshvar nació en Teherán en 1983 y se formó en tecnologías de la información en la prestigiosa Amirkabir University of Technology de la capital iraní. Tras sus estudios, trabajó como desarrolladora en Londres y Berlín, lo que le dio una base sólida e internacional en el desarrollo de software.

Antes de dar el salto definitivo como empresaria, Daneshvar cofundó Maidunak, el primer supermercado online en Irán, un proyecto que no sobrevivió ante las enormes dificultades logísticas y regulatorias del país, pero que le supuso un aprendizaje decisivo para sus siguientes retos. En un entorno donde el comercio digital apenas estaba despegando, aquel fracaso le enseñó hasta qué punto innovar en Irán exigía no solo talento tecnológico, sino también una enorme capacidad de resistencia.

En 2011, Nazanin y su hermana lanzaron Takhfifan, una plataforma de comercio electrónico enfocada en descuentos y ofertas diarias similar al modelo de Groupon, pero adaptada al contexto de su país. En pocos meses, la empresa se volvió rentable y se expandió hasta convertirse en la mayor plataforma fundada por una mujer en Teherán, con millones de clientes. Un proyecto que experimentó un crecimiento inmenso: de dos mujeres a más de 250 empleados y que consolidó un modelo de negocio que conectaba comercios y consumidores. Pero más importante fue la dimensión que alcanzó como ejemplo de liderazgo para otras mujeres en el mundo de la tecnología.

La trayectoria de Daneshvar no estuvo exenta de obstáculos. En los primeros años, incluso tuvo que llevar a su padre a reuniones de negocios para que los potenciales socios tomaran en serio sus planteamientos, debido a prejuicios en torno a que una mujer estuviera al frente de una empresa tecnológica. Sin embargo, esa misma determinación le permitió romper esos techos culturales y posicionarse como un referente. Su trabajo en este terreno la llevó a ser seleccionada en 2019 como una de las ‘eTrade for Women Advocates’ por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), un reconocimiento global que destaca a mujeres que impulsan el comercio electrónico desde países en desarrollo.

La iniciativa de esta empresaria la ha llevado también hacia la inversión en startups tecnológicas y de capital de riesgo. Desde Berlín, trabaja como General Partner en Angel Invest Fund, uno de los fondos de inversión más activos en etapas tempranas en Europa. En ese rol, apoya a fundadores, especialmente en áreas de inteligencia artificial y tecnología emergente. Una mujer que además promueve, en sus participaciones públicas, la importancia de la diversidad de género en tecnología y financiamiento en un sector donde, todavía, hay un largo camino por recorrer para garantizar que las mujeres y las personas migrantes tengan representación plena en puestos decisivos dentro de la inversión y la innovación tecnológica.

El impacto de Nazanin Daneshvar va más allá de cifras de crecimiento y reconocimiento internacional. Ha sido mentora de mujeres emprendedoras, ha hablado en foros globales sobre liderazgo femenino y ha sido un modelo de inspiración para muchas jóvenes en Irán y comunidades emprendedoras alrededor del mundo. Su historia demuestra cómo, incluso en entornos desafiantes, la innovación y el liderazgo femenino pueden abrir puertas y triunfar en los negocios. Una visionaria tecnológica joven, que necesitó acudir con su padre para ser escuchada pero que hoy en día es todo un referente para otras mujeres de su generación y de su país.

Porque en Irán, aunque las mujeres son mayoría en las universidades (suman el 60% del total de estudiantes), en el mercado laboral su presencia se diluye. Con una tasa de desempleo que duplica a la de los hombres, ganan además de media menos de la mitad por realizar exactamente los mismos trabajos. Si nos fijamos en las esferas más altas, el número de mujeres que ocupan los espacios de poder se estrecha. Por eso una figura como la de Daneshvar es tan valiosa, porque sirve de espejo para otras mujeres que necesitan saber que pueden lograrlo.

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