El Auditorio Paco de Lucía del Centro de Arte de Alcobendas acogió este miércoles el Fit Mind Summit, una jornada dedicada al deporte y la salud mental. Aunque el cartel reunió a numerosas figuras del ámbito deportivo, las voces femeninas de Lola Fernández Ochoa, Jennifer Pareja y Miriam Gutiérrez se hicieron notar, mostrando las realidades más crudas de la alta competición: desde el abismo psicológico del día después de la retirada hasta el deporte como refugio frente a la violencia machista, pasando por la urgente necesidad de frenar el abandono deportivo en las adolescentes.

Del éxito a la oscuridad
Uno de los momentos más sobrecogedores de la jornada llegó de la mano de Lola Fernández Ochoa, presidenta de la Fundación Blanca. Su entidad nació a raíz del suicidio de su hermana, la primera mujer española en conseguir una medalla olímpica. “Pensamos que teníamos que hacer algo para ayudar a la gente y que esto no volviera a suceder; que el deportista entrene también la parte mental, no solo la física, y que no sea un prejuicio decir que vas al psicólogo”, reivindicó Lola.
Fernández Ochoa recordó que, en su época como esquiadora de élite, la gestión emocional era no existía: “No teníamos herramientas, éramos supervivientes. Yo en la vida tuve un psicólogo; ese coach que ahora tiene todo el mundo, nosotros lo teníamos en la familia”, lamentaba la esquiadora. En una disciplina de altísima velocidad y riesgo, su retirada llegó de forma prematura a los 22 años cuando su cabeza dijo basta: “Fue cuando escuché un ruido que me dijo hasta aquí. Fue la primera vez que tuve miedo en vez de ganas de ganar”.
La exesquiadora puso el foco en el duelo que supone el final de la vida deportiva y la necesidad de trabajar el ego: “Cuando te retiras, la adrenalina deja de formar parte de tu vida y llega un momento en el que ya no sabes a qué hora te tienes que levantar, qué tienes que desayunar o cuántas series hacer. Tienes todo el tiempo del mundo y no sabes qué hacer”. Además, denunció el prejuicio que aún sobrevuela en los vestuarios actuales: muchos deportistas acuden a los talleres de la fundación, pero confiesan que no se atreven a hablar con los psicólogos de sus propios clubes por miedo a que se lo cuenten al míster y no les pongan a jugar por tener algún ruido mental.
Para mostrar la desconexión entre el éxito deportivo y la soledad tras el retiro, Lola compartió una anécdota. Durante la grabación de un documental, preguntaron a varios deportistas dónde guardaban sus trofeos; la mayoría respondía que en cajas o en casa de sus padres. “Cuando mi hermana murió, encontré una caja donde ponía: “Medallas de los cojones”. Las medallas no te dan de comer”, sentenció.
La niña del agua que ya no es niña, ni del agua
Junto a Lola Fernández Ochoa, en la mesa moderada por Jaime Nava, y en la que también participó Jota Hombrados, lució el testimonio de Jennifer Pareja, elegida mejor jugadora de waterpolo del mundo en 2013. Su inicio fue accidental: “Tenía pánico al agua y en mi familia no había nadie del mundo del deporte. Iba por obligación para aprender a nadar, pero a las dos semanas estaba con un grupo de amigas y encontré un entorno que me hacía feliz”. Es más, cuando su padre le preguntaba al volver a casa si no prefería quedarse jugando en el parque, ella lo tenía claro: “No, papá, yo quiero ir a entrenar”. Años después se dio cuenta del porqué, cuando entrena es feliz y libre, y eso esa sensación es increíble.
Su salto a la élite a los 16 años en el CAR de Sant Cugat le obligó a trabajar con psicólogos para aprender a canalizar su carácter en un deporte de contacto físico. “Yo soy muy impulsiva y me costaba mucho mantener la concentración cuando me estaban dando puñetazos debajo del agua. Las rivales sabían que me iba del partido cuando me pegaban, así que ponían a una chica a pegarme”, relató la waterpolista. Aquel trabajo mental le permitió trazar una hoja de ruta y convivir con los nervios de la capitanía: “Me he puesto nerviosa toda mi vida; sonaba el himno de España y me entraban ganas de llorar, pero era la capitana y no podía dar esa imagen. Aun así, me encantaba ese nerviosismo”, afirmaba Pareja.
Sin embargo, el golpe más duro para su salud mental llegó la expulsión de la selección. Pareja tenía planificada su retirada tras el Europeo de Barcelona de 2018, pero todo se vino abajo dos años antes: “En 2016 me echan de la selección y a mí no se me cuidó. Salí del sistema y me preguntaba qué quería hacer”. Con el tiempo, logró reconciliarse con su trayectoria: “Es una paradoja: tenemos un problema a través del deporte, pero encontramos la solución a través del deporte también. Es una herramienta maravillosa para levantarte una vez más”.
Hoy, Pareja apuesta por “exigir con cariño” y dotar de recursos reales a las jugadoras, evitando la frustración de buscar en la vida fuera del deporte la misma dopamina de la competición: “No he intentado buscar fuera lo que me dio el waterpolo; me quedo con el recuerdo y busco otras cosas en mi vida profesional”. Asimismo, a petición de Lola Fernández Ochoa, expuso el drama de la carrera dual en el deporte femenino con el caso real de una excompañera de selección: “Terminó Ingeniería Bioquímica hace diez años mientras competía, pero al retirarse su título se considera obsoleto y ahora mismo no la contratan en ningún lado”. La apuesta por la carrera dual es importante para Jennifer, aún le paran por la calle como la niña del agua, cuando ella intenta huir de ese momento de su vida, ya que ahora no se dedica a ello. “Es dejar tu deporte, retirarte, y que en la calle te sigan recordando que eres la niña del agua, y ahora soy otra persona”.
Las niñas dejan antes el deporte
El primer panel de la mañana, moderado por Susana de los Reyes (Universidad Europea), puso sobre la mesa una estadística alarmante para el futuro del deporte femenino. Aunque cerca del 63 % de los adolescentes practica algún deporte, la cifra se desploma en la franja de los 12 a los 14 años, con una tasa de abandono mucho más pronunciada en las niñas.
En esa misma mesa, compartida con Javier Beirán, Carlos López y Diego Méntrida, la campeona del mundo de boxeo y actual concejala de Deportes y Turismo, Miriam Gutiérrez , aportó una reflexión para las jóvenes generaciones que sufren la presión del resultado: “Hay caídas en el deporte y en la vida; no todo el mundo llega. No mires la meta, disfruta el camino”.
La historia de superación de la propia Miriam Gutiérrez fue también el sustento de la ponencia de su “mentor”, Jero García. El exboxeador recordó cómo conoció a Miriam cuando vio en un pesaje las marcas de maltrato en su cuerpo al quitarse la ropa. Tras año y medio alejada del gimnasio por culpa de una pareja celopática y violenta, Miriam reapareció en la puerta del club con un niño en brazos tras haber sufrido una brutal agresión y le dijo a Jero una frase que cambió su destino: “Quiero boxear”. Más de veinte años después de empezar a saltar a la comba para retomar su vida, se proclamó campeona del mundo y su historia de resiliencia a través del boxeo dará el salto al cine basada en el relato del periodista Pedro Simón.
“Todos necesitamos una esquina en la vida: alguien que te levante cuando estés muerto y alguien que tire la toalla por ti si es necesario”, resumió Jero García sobre el vínculo que le une a Miriam y sobre el nacimiento de su propia hija, quien le salvó de una juventud marcada por la delincuencia y el TDAH. Una metáfora perfecta de lo que reclamaron Miriam, Lola y Jennifer durante todo el Fit Mind Summit: que el deporte español deje de mirar hacia otro lado y construya, por fin, una esquina segura para la salud mental y el futuro laboral de sus mujeres deportistas.

