La transformación de Serena Williams tras probar el Zepbound: “Me siento más feliz y con más energía para estar con mis hijos”

La experiencia de Serena Williams con Zepbound ha abierto un debate global sobre maternidad, cuerpo y salud

Serena Williams durante su rueda de prensa en Oviedo.
@fundacionprincesadeasturias

Durante años, Serena Williams fue sinónimo de potencia física, resistencia extrema y una relación casi mítica con su propio cuerpo. La mejor tenista de su generación —y para muchos, de la historia— construyó su leyenda desde la fuerza, desafiando estereotipos y reivindicando una corporalidad alejada de los cánones tradicionales.

Por eso, la transformación reciente de Serena Williams ha generado un debate que va mucho más allá del peso o la imagen. Habla de maternidad, de salud, de expectativas sociales y de la presión que también sufren las mujeres más admiradas del planeta.

La propia Serena Williams ha contado que, tras sus embarazos, su cuerpo ya no respondía como antes. No se trataba de volver a competir ni de alcanzar un ideal estético concreto, sino de recuperar sensaciones básicas: energía, ligereza, bienestar cotidiano. En ese contexto decidió probar Zepbound, un fármaco de la familia de los agonistas GLP-1, siempre bajo supervisión médica.

Me siento más feliz y con más energía para estar con mis hijos”, ha explicado. Una frase que resume el enfoque personal —y no competitivo— de su decisión.

Un cambio físico que ha abierto un debate global

La transformación física de Serena Williams no pasó desapercibida. En alfombras rojas, eventos públicos y apariciones recientes, su imagen ha evidenciado una pérdida de peso notable. Bastó eso para que surgieran rumores, especulaciones y titulares apresurados. Sin embargo, la extenista optó por algo poco habitual en el ecosistema de celebridades: hablar con claridad y sin rodeos. Confirmó el uso de Zepbound y puso el foco en el proceso, no en el resultado.

En el relato de Serena Williams, el medicamento no aparece como una solución milagro, sino como una herramienta más dentro de un camino complejo. La exdeportista ha insistido en que su decisión responde a una etapa vital concreta, marcada por la maternidad y por un cuerpo que ya no es el de la atleta de élite que dominó el circuito durante dos décadas.

La transformación de Serena Williams tras probar el Zepbound: "Me siento más feliz y con más energía para estar con mis hijos".

El caso de Serena Williams conecta con una conversación más amplia que atraviesa a millones de mujeres: qué ocurre con el cuerpo después de ser madre y qué expectativas impone la sociedad, incluso a quienes parecen invencibles. La extenista ha relatado cómo, pese a mantener hábitos activos y una vida saludable, no lograba sentirse bien del todo. No era una cuestión de disciplina ni de voluntad, sino de biología y de cambios profundos tras el embarazo.

En ese sentido, la experiencia de Serena Williams desmonta uno de los grandes mitos contemporáneos: que todo se soluciona con esfuerzo. Su testimonio introduce matices en un debate a menudo polarizado, donde el uso de fármacos se presenta como trampa o atajo. Ella lo plantea desde otro lugar: el del autocuidado y la honestidad.

Entre la inspiración y la polémica

Que Serena Williams haya hablado abiertamente del uso de Zepbound ha generado reacciones encontradas. Para algunos, su testimonio ayuda a normalizar conversaciones incómodas sobre salud metabólica y cambios corporales tras la maternidad. Para otros, existe el riesgo de idealizar tratamientos médicos en personas que, aparentemente, no los “necesitan”.

La propia Serena Williams ha respondido a estas críticas sin victimismo ni confrontación directa. Ha recordado que cada cuerpo es distinto y que su experiencia no pretende sentar cátedra. “No estoy diciendo que sea para todo el mundo”, ha venido a subrayar, marcando una línea clara entre compartir vivencias y prescribir soluciones.

La transformación de Serena Williams tras probar el Zepbound: "Me siento más feliz y con más energía para estar con mis hijos".

En un momento en el que muchas celebridades eluden explicar sus transformaciones físicas, la decisión de Serena Williams de dar la cara resulta significativa. No solo por su peso mediático, sino porque siempre fue una figura incómoda para los estándares tradicionales. Su carrera estuvo marcada por la defensa de su cuerpo tal y como era, por la resistencia a los juicios ajenos y por una relación frontal con la opinión pública.

Precisamente por eso, su transformación actual no invalida ese discurso anterior, sino que lo complejiza. Serena Williams no reniega de lo que fue, ni de la atleta poderosa que redefinió el tenis femenino. Simplemente reconoce que ahora está en otro lugar, con otras prioridades y otras necesidades.

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