El 17 de octubre se convirtió en una fecha especial para Mar Molné. Apenas un día después de cumplir 24 años, la tiradora tarraconense se proclamó campeona del mundo de foso en los Mundiales celebrados en Atenas. El título individual coronó una competición muy sólida, construida desde la regularidad y el control emocional. Molné mantuvo un nivel alto durante todas las rondas y llegó a la final con confianza. El oro no fue fruto de un día aislado. Representó la culminación de un proceso de crecimiento constante.

La final enfrentó a Molné con la italiana Silvana Stanco, una de las grandes referencias del circuito internacional. El duelo exigía precisión y temple. Molné respondió con inteligencia competitiva, supo gestionar cada lanzamiento y mantuvo la calma en los momentos decisivos. Además del éxito individual, el campeonato dejó una alegría colectiva. España conquistó el oro por equipos femeninos, con Molné formando trío junto a Fátima Gálvez y Beatriz Martínez, confirmando el excelente momento del tiro español.
La herida de París como motor
El triunfo en Atenas adquiere mayor dimensión si se observa el contexto reciente. En los Juegos Olímpicos de París 2024, Mar Molné disputó la final y terminó en cuarta posición, a un paso del podio. La decepción fue profunda. El margen era mínimo y la oportunidad, única. Aquella final olímpica dejó una mezcla de orgullo y frustración, también abrió un periodo de reflexión. Competir al máximo nivel exige algo más que técnica.

Lejos de estancarse, Molné utilizó esa experiencia como aprendizaje, ajustó rutinas, trabajó el aspecto mental y reforzó la gestión de la presión. En Atenas se la vio más serena, más constante y capaz de sostener el nivel sin dejarse llevar por el contexto. Esa evolución explica su victoria. No fue una revancha directa, si no, una respuesta construida con paciencia.
Una campeona consolidada
Con solo 24 años, Mar Molné ya acumula experiencia en finales olímpicas y mundiales. Ese bagaje no resulta habitual a su edad. La sitúa en una posición privilegiada dentro del panorama internacional. Su progresión no se ha detenido tras el éxito. Al contrario. El oro refuerza su estatus y eleva las expectativas de futuro.

Atenas confirmó una realidad. Mar Molné ya no es solo una promesa. Es una campeona del mundo. Ha demostrado capacidad para aprender de la derrota y transformarla en rendimiento. El tiro español encuentra en ella una figura sólida, preparada para sostener la exigencia del alto nivel durante muchos años.


