Marc Murtra llegó a la presidencia de Telefónica el 18 de enero de 2025 con una idea incómoda: antes de intentar crecer, la compañía debía resolver algunos de los problemas que llevaba años aplazando. El primer tramo de su mandato ha estado marcado por las desinversiones, la reducción de plantilla, el recorte del dividendo y una disciplina financiera que ha castigado las cuentas a corto plazo.
La operadora considera ahora que esa fase de sacrificios ha dejado una estructura más sencilla y preparada para ejecutar su plan Transform & Grow. El mercado, sin embargo, ya no se conformará con nuevos ajustes. Telefónica tendrá que demostrar que puede convertir el saneamiento en crecimiento, generación de caja y mejora de los márgenes.
Los primeros datos de 2026 apuntan en esa dirección. En el primer trimestre, los ingresos aumentaron un 0,8% en términos constantes, el EBITDA ajustado creció un 1,8% y la deuda financiera neta descendió hasta los 25.342 millones de euros. Son señales positivas, aunque todavía insuficientes para dar por completado el cambio de ciclo.
La salida de Latinoamérica limpia el perímetro
Una de las primeras decisiones de Murtra fue acelerar la retirada de los mercados hispanoamericanos que habían perdido peso estratégico y generaban una elevada volatilidad financiera. Telefónica ha completado las ventas de Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia y Chile, mientras la salida de México sigue pendiente de las autorizaciones necesarias.
Las operaciones provocaron fuertes impactos contables. La compañía terminó 2025 con pérdidas de 4.318 millones de euros y volvió a registrar números rojos durante el primer trimestre de 2026 por las desinversiones de Chile, Colombia y México. Sin embargo, los negocios que permanecen dentro del grupo continuaron siendo rentables.
El objetivo es concentrar los recursos en cuatro mercados: España, Brasil, Alemania y Reino Unido. La nueva Telefónica será más pequeña geográficamente, pero también menos compleja y menos expuesta a las fluctuaciones monetarias y políticas que condicionaban sus resultados en Hispanoamérica.
El coste de reducir plantilla y dividendo

El segundo gran ajuste afectó a los gastos estructurales. El proceso de reducción de empleo pactado en España y en las unidades globales implicó un coste extraordinario superior a los 2.000 millones de euros, aunque permitirá disminuir los gastos recurrentes durante los próximos ejercicios.
Murtra también abordó una de las decisiones más sensibles para los accionistas: reducir el dividendo. Las acciones de Telefónica, conocidas históricamente como las “matildes”, habían construido buena parte de su atractivo sobre una remuneración estable. El pago correspondiente a 2026 será de 0,15 euros por acción, frente a los 0,30 euros de 2025.
La medida libera recursos para reducir deuda, invertir y disponer de margen ante posibles operaciones corporativas. A cambio, obliga a la compañía a ofrecer al accionista una nueva promesa. Ya no basta con pagar una rentabilidad elevada: ahora debe crear valor mediante el crecimiento del negocio.
España y Brasil sostienen el nuevo ciclo
Los dos pilares más sólidos son España y Brasil. El negocio español elevó sus ingresos y su EBITDA ajustado un 2% durante el primer trimestre. La compañía está beneficiándose de su posición en el segmento de mayor valor, de la mejora de la fidelidad y de una menor dependencia de las promociones agresivas.
Brasil continúa siendo el principal motor. Los ingresos crecieron un 7,4% y el EBITDA ajustado avanzó un 8,7%, impulsados por Vivo, la expansión de la fibra y el crecimiento de los servicios convergentes. Es el mercado con mayor capacidad para aportar crecimiento orgánico al grupo.
La situación resulta más exigente en Alemania y Reino Unido. Telefónica Deutschland sigue sufriendo la pérdida de clientes mayoristas de 1&1, mientras Virgin Media O2 debe mejorar su evolución comercial y rentabilizar las inversiones realizadas en sus redes.
La deuda baja, pero el examen empieza ahora

La reducción de la deuda constituye uno de los mayores avances de la etapa Murtra. Al cierre de marzo de 2026, la deuda financiera neta se situó en 25.342 millones de euros, casi 1.500 millones menos que al terminar 2025. El apalancamiento descendió hasta 2,72 veces el EBITDA.
Esta mejora mantiene a Telefónica dentro del grado de inversión y aumenta su flexibilidad. El plan para 2026 contempla un crecimiento de entre el 1,5% y el 2,5% tanto en ingresos como en EBITDA ajustado, además de un flujo de caja libre cercano a los 3.000 millones de euros.
Antonio Castelo, analista de iBroker, resume en La Vanguardia el cambio de percepción: «El mercado está mirando a Telefónica ya no tanto como una gran yield play, sino como una teleco obligada a demostrar crecimiento, disciplina financiera y capacidad competitiva».
Murtra también ha defendido la consolidación del sector europeo, aunque cualquier adquisición deberá respetar la disciplina financiera recién conquistada. Bruselas ha comenzado a mostrar una posición más favorable hacia las fusiones, pero Telefónica no puede construir su nueva etapa únicamente alrededor de una operación corporativa todavía incierta.
La fase de las decisiones dolorosas parece acercarse a su final. Ahora comienza la parte más difícil: demostrar que una Telefónica con menos deuda, menos países y menos costes también puede ingresar más, generar caja y recuperar la confianza de los inversores.

