Lidera una compañía que ingresa 120 millones de euros al año y que exporta el 90% de su producción a 20 países. Una empresa industrial, referente mundial en su sector, con sede en Burgos desde 1965. Y un caso insólito entre las cotizadas españolas, con una mujer en la presidencia y otra como consejera delegada.
Bibiana Nicolás-Correa Vilches (Madrid, 1977) es licenciada en Administración y Dirección de Empresas por CUNEF con corazón de arquitecta. Miembro de la tercera generación de la familia, preside Grupo Correa desde 2024, cuando falleció su padre, José Ignacio Nicolás-Correa Barragán.
Un explorador de nuevos mercados con el que trabajó mano a mano casi dos décadas. Cuando no estaban juntos, llegaban a hablar hasta 17 veces al día. “Sabía escuchar muy bien”, dice.
Ella, también. Escucha atentamente las preguntas, los intercambios en una conversación. Interviene para defender dos ideas: “en la industria hay un futuro para cualquier joven” y España y sus empresas son un modelo en todo el mundo.
Entre ellas, Grupo Correa, que se dedica a la máquina herramienta.
“Hacemos grandes máquinas, de 12 o 14 metros de altura, que sirven para hacer otras máquinas”, traduce la presidenta. “Grandes centros de mecanizado para piezas metálicas, normalmente de acero o titanio, que tienen que ser muy fiables” y cuya fabricación requiere entre 6 y 12 meses.
Como ejemplo, una imagen: “En los aerogeneradores, hay una pieza que se llama buje. Conecta las palas al eje principal y tiene unas características técnicas muy complejas para que las palas puedan rotar”.
Es el tipo de pieza que se fabrica con las máquinas de Grupo Correa desde 1957. Ese año, en un segundo piso de un edificio en Éibar (Guipúzcoa), el abuelo de Bibiana y su cuñado montaron una empresa de fresadoras manuales.
La carta de Éibar a Zúrich que lo cambió todo

Baldomero, recuerda su nieta, escribió una carta a su ídolo a nivel industrial, la empresa suiza Oerlikon, pensando que no recibiría respuesta. Le llegó un telegrama y una cita en Zurich a la que llegó con tiempo. Estuvo una hora paseando.
Al entrar, recibió esta bienvenida: “Me habían dicho que los españoles eran muy impuntuales, pero lleva una hora paseando por delante de la fábrica. Vamos a hacer cosas importantes juntos”.
Bibiana Nicolás-Correa explica que, de aquel viaje, “surgió una alianza por la que mi abuelo empezó a asumir sus controles de calidad y dio un salto cualitativo en su proceso de fabricación a unas máquinas más fiables y precisas”.
Si la innovación es seña de identidad desde los orígenes, también lo es la visión global desde que Baldomero bajó a la calle Gran Vía de Madrid, compró un mapamundi y dijo: “El mundo es el mercado”.
Su hijo, José Ignacio, se lanzó a recorrerlo. En 1983, vendió la primera máquina Correa en China. “Con Alsa, fuimos los pioneros”, asegura Bibiana.
En 2006, Correa fue el primer fabricante europeo en poner en marcha una fábrica en el país. Para su presidenta, “eso nos ha permitido conocer muy bien la cultura y tener un prestigio. Es un mercado importantísimo”.
Admite que “el país no está pasando por su mejor momento, pero hay sectores, como el aeronáutico, que van a seguir creciendo”. China aportó un 10,6% de los ingresos en 2025, por detrás del 16,8% de Italia —Europa es el primer mercado—.
“Desde Burgos vendemos a China y a todo el mundo, y desde China sólo vendemos a China y al Sudeste asiático”, señala Bibiana Nicolás-Correa.
Y desmonta el estereotipo asociado al gigante asiático. “No sólo es un mercado de precio; los clientes chinos no sólo compran por precio. Es una variable importante, pero también valoran la tecnología, la fiabilidad y el servicio”, destaca.
¿Temen que repliquen su tecnología? “Todavía no han sido capaces de copiarnos; nos preocupa que cualquiera, sea chino o de cualquier otro país lo haga”, puntualiza.
Defensa, un negocio al alza en Europa

La directiva, que hizo prácticas en Merrill Lynch y trabajó en asesoría financiera en KPMG antes de aterrizar en las empresas de la familia y en Grupo Correa, cree que el mejor mecanismo de defensa es la personalización.
“Esto no es fabricar sillas al menor precio posible ni vender miles de zapatos. No hacemos dos máquinas iguales: diseñamos lo que el cliente necesita y le acompañamos a lo largo de la vida útil de la máquina”, ahonda.
Sus máquinas cuestan en torno a un millón de euros, pero pueden alcanzar los cinco millones: “Es una inversión importante, a largo plazo, que va a cambiar su productividad, y es una decisión que no se toma sólo por precio”.
Entre los clientes del Grupo Correa están la automoción, el sector aeronáutico, el eólico o la defensa.
El primero está “en un momento de poca inversión”. Desde su punto de vista, “el crecimiento de ventas de los automóviles chinos a nivel mundial es imparable”. Para España, “sería importante que se establecieran aquí”, además de positivo para todo el ecosistema.
Donde sí crece la demanda es en los otros tres, sobre todo, en defensa.
“Europa está invirtiendo para ser más autónoma en la fabricación de distintos elementos del sector de la defensa, lo vemos desde hace tiempo. Para nosotros, es una industria a la que siempre hemos vendido y estamos notando que, por lo menos en Europa, está en plena ebullición“.
Más allá del Viejo Continente, hay oportunidades en Estados Unidos: “Están en un proceso de reindustrialización y no hay competidores americanos porque tradicionalmente eran un mercado de maquinaria herramienta japonesa. Ahora quieren tener menos dependencia exterior y se está convirtiendo en un mercado importante para los fabricantes europeos”.
Pero también en Kazajistán (5,9% de las ventas en 2025): “La culpa la tiene mi padre. En los últimos meses antes de fallecer, cuando ya estaba muy enfermo, se fue una semana con el comercial de la zona a recorrer el país. Había detectado una oportunidad en el sector ferroviario”.
Ampliación de la fábrica y máquinas más productivas

En los próximos años, el plan que pasa por “el desarrollo tecnológico, seguir presentes en todos los mercados posibles y ampliar la capacidad de producción porque, en cinco años, hemos duplicado la facturación haciendo un tetris“.
Ya está en marcha una inversión de 41 millones de euros para duplicar la capacidad de montaje en la fábrica de Burgos con 5.200 metros cuadrados y “hacer máquinas más grandes, complejas y fiables, que es lo que el mercado nos demanda… y lo más difícil de copiar”.
Al mismo tiempo, otro proyecto, Correa Mecanizado, para fabricar componentes de sus propias máquinas.
“Siempre hemos creído en la integración vertical y eso nos ha posicionado como una de las tres empresas más rentables de Europa en nuestro mercado; nos aporta flexibilidad y control de calidad”.
Correa Mecanizado será una parte del proceso productivo, pero también la fábrica del futuro, donde “nuestros clientes puedan visualizar en un showroom real la última tecnología de centros de mecanizado”.
Grupo Correa, que cotiza en la bolsa española desde 1989 y ganó 12 millones de en 2025, utiliza la tecnología para el mantenimiento predictivo de sus máquinas, que cuentan con sensores de temperatura, de consumo energético o de vibraciones.
Su presidenta explica el porqué: “Los clientes demandan máquinas cada vez más autónomas, que no paren o paren lo menos posible. Cuanto más tiempo funcionen, más productividad”.
Pero descarta que la llegada de la inteligencia artificial generativa impacte en el empleo.
“Está pensada para procesos repetitivos en los que va aprendiendo y nosotros no hacemos máquinas iguales, por lo que no sustituirá en ningún caso a la industria y a las personas que hay detrás”, zanja.
La mujer en la industria y en la empresa familiar
Grupo Correa tiene una bicefalia femenina y las mujeres ocupan otros puestos clave en la cúpula pero, en 2025, eran 60 de unos 475 empleados de media.
“Trabajamos la no discriminación, más que la diversidad; que ni por ser hombre ni por ser mujer tengas más ventajas ni más inconvenientes”, puntualiza Bibiana Nicolás-Correa.
En la empresa, “creamos un buen ambiente y por eso las pocas mujeres que salen de las escuelas de formación profesional nos tienen como primera opción”.
Y recalca: “Esto no es un negocio de hombre ni una industria de hombres”.
En su caso, está acostumbrada a ser de las pocas mujeres en la sala. O la única. “No me afecta; no me he sentido discriminada o atacada en ningún momento”, agrega.
Su padre le dio su confianza y, ahora, su propósito es avanzar hacia “una empresa mejor y, si es posible, más grande”.
En la familia Nicolás-Correa, primer accionista del grupo con un 29% del capital y con inversiones en inmobiliario, capital riesgo y el negocio agrícola —en concreto, en el pistacho ecológico—, la cuarta generación está representada por seis primos.
El negocio permea en las conversaciones de los domingos y “serán accionistas, pero no tienen por qué ocupar un puesto ejecutivo en la compañía; lo harán si se lo ganan”.
