Inversión

Bonos, Bolsa y refugios ante la nueva tormenta de la deuda

La intervención de Washington en el mercado de bonos reabre la presión sobre la Bolsa y la deuda de largo plazo

El mercado de bonos lleva todo el verano mandando serios avisos y esta semana ha terminado obligando al Tesoro estadounidense a mover ficha. La rentabilidad del bono a 30 años alcanzó el martes 18 de agosto el 5,34%, su nivel más alto desde 2007, y un día después Washington anunció que duplicará determinadas recompras de deuda larga para intentar aliviar la presión. Los tipos bajaron durante unas horas, pero volvieron rápidamente hacia los máximos.

Hasta aquí, malas noticias para quien ya tenía bonos largos. Pero ahora viene la parte interesante para el inversor. Mientras una parte de la renta fija pierde dinero, otros activos están aprovechando exactamente el mismo movimiento. El oro subió más de un 3% tras el anuncio del Tesoro y bitcoin acumuló un avance del 13% en dos sesiones, mientras el dólar se debilitaba. Al mismo tiempo, los bonos cortos siguen soportando mucho mejor la tormenta que los vencimientos largos.

¿Qué está pasando aquí?

Lo primero es entender que una subida de las rentabilidades no golpea por igual a todos los bonos. Cuanto más largo es el vencimiento, mayor suele ser la sensibilidad del precio a los cambios de tipos. Por eso el daño se está concentrando precisamente en la deuda de mayor duración, mientras los vencimientos cortos pueden devolver antes el capital y reinvertirlo en nuevas emisiones que ya ofrecen tipos más altos.

Los datos de las carteras españolas muestran bien esa diferencia. El 97% de los fondos de deuda soberana europea disponibles en España pierde dinero en 2026, con una caída media cercana al 0,76%, mientras los fondos diversificados de renta fija retroceden alrededor del 0,25% y la deuda corporativa europea todavía conseguía mantenerse ligeramente en positivo. Así que no, la renta fija no se está comportando como un bloque.

Los primeros ganadores

La deuda ultracorta y de corto plazo parte con una ventaja bastante evidente. Sufre menos cuando suben las rentabilidades y permite renovar antes la cartera con bonos nuevos que pagan más. En un mercado donde el bono español a diez años ha llegado a rondar el 3,7% y buena parte de la deuda soberana europea de largo plazo acumula pérdidas, reducir duración significa reducir buena parte de la exposición al movimiento que está castigando las carteras.

También está resistiendo mejor el crédito corporativo de calidad. El riesgo existe, especialmente si una subida prolongada de los tipos termina dañando la economía y aumentando los impagos, pero por ahora ha soportado mejor el golpe que la deuda soberana de larga duración.

¿Y los bonos ligados a la inflación? También han ganado atractivo. Los TIPS estadounidenses a diez años han llegado a ofrecer alrededor de un 2,42% de rentabilidad real, es decir, por encima de la inflación. No eliminan el riesgo de precio si los tipos siguen subiendo, pero permiten cobrar una rentabilidad real que hace pocos años habría parecido extraordinaria.

Oro y bitcoin

Desde los niveles inmediatamente anteriores a la intervención del Tesoro de Estados Unidos, el oro ha subido alrededor de un 4,5%, desde la zona de los 4.350 dólares hasta superar los 4.540 dólares, mientras bitcoin se ha disparado alrededor de un 20%, desde unos 64.400 dólares hasta acercarse a los 78.000.

En el caso del oro, Julius Baer interpreta el movimiento como una señal de que los metales preciosos están muy pendientes de lo que suceda con el billete verde y los tipos estadounidenses. La entidad ha elevado sus objetivos para el oro hasta 4.500 dólares a tres meses y 4.800 dólares a doce meses, aunque no considera que Washington haya iniciado todavía un verdadero control de la curva de tipos.

Por otro lado, si el mercado interpreta que las autoridades intentan evitar que el aumento de la deuda se traduzca plenamente en tipos más altos, parte del ajuste puede trasladarse al dólar, algo que se lo resume en dos alternativas. O suben las rentabilidades o el dólar acaba haciendo parte del sacrificio.

Donde más duele

La otra cara está en los activos que necesitan dinero barato para funcionar bien. Los fondos de bonos largos son los primeros afectados, pero el golpe termina pasando a Bolsa. Las utilities suelen acumular mucha deuda y sus dividendos pierden atractivo cuando un bono público empieza a ofrecer rentabilidades cercanas al 4% o al 5%. El inmobiliario y las socimis sufren porque refinanciar promociones, edificios o adquisiciones cuesta más. Y las acciones de crecimiento reciben presión porque cuanto mayor es el tipo utilizado para descontar beneficios futuros, menos valen hoy esos beneficios.

La segunda vuelta

Hasta ahora hemos hablado de protegerse, pero las caídas también están empezando a cambiar las oportunidades.

Cuando un inversor ya posee un bono y su precio cae, pierde dinero. Cuando todavía no lo tiene, exactamente la misma caída significa que puede comprarlo con una rentabilidad superior. Algo parecido ocurrió en 2023, cuando la venta de bonos llevó el diez años hacia el 5% y terminó generando un punto de entrada atractivo después de que el mercado se estabilizara. La firma Yardeni no asegura que esta vez vaya a repetirse, pero considera posible que una nueva sobrerreacción termine creando otra oportunidad.

En ese caso, una estabilización posterior de los tipos podría empezar a devolver atractivo a duraciones algo mayores, porque además del cupón existiría la posibilidad de recuperar precio si las rentabilidades retroceden.

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