Las mujeres son mayoría en el sistema universitario español: suman casi el 56% del total. Sin embargo, solo representan el 28,6% del alumnado en estudios STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), el 27,1% en ingeniería y apenas el 15,9% en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), según datos del Monitor de Educación y Formación de la Comisión Europea. La “persistencia de estereotipos” es uno de los retos a superar, como así reconoció la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Sara Aagesen, en la Jornada STEM de Artículo14 “Ellas programan el futuro”. “La presencia de mujeres referentes aumenta el interés de las niñas. Ven casos reales y se inspiran”, afirmó Sara Aagesen.
En este sentido, la trayectoria de Carla Rigat, ingeniera industrial y gerente de Mantenimiento de Clece en Cataluña, es un ejemplo de cómo la formación STEM puede favorecer el acceso de las mujeres a oportunidades laborales en sectores tradicionalmente vinculados a perfiles masculinos. Como profesional referente, Rigat comparte cómo ha sido su trayectoria hasta ser la responsable del funcionamiento y la coordinación de varios servicios de Mantenimiento en Clece, empresa de referencia en la gestión de servicios esenciales.
Las carreras de ingeniería siguen contando con una mayor presencia masculina en las aulas. ¿Qué le llevó a decantarse por estos estudios?
Siempre he sentido una gran curiosidad por comprender cómo funcionan las cosas. Desde muy joven me apasionaban las matemáticas y la física porque me proporcionaban una base sólida para analizar problemas y encontrar soluciones. La ingeniería despertó mi interés, precisamente, por su carácter transversal: ofrece una formación rigurosa y versátil, con aplicaciones en ámbitos muy diversos.
Más que una vocación ligada a un sector concreto, lo que me motivaba era que los conocimientos adquiridos me daban la capacidad de desarrollar una visión analítica que permite optimizar procesos, afrontar retos complejos y desarrollar soluciones innovadoras en entornos técnicos.
Además, como mujer en un ámbito tradicionalmente masculinizado, también vi en la ingeniería una oportunidad para contribuir a romper estereotipos y demostrar que el talento, la capacidad y la creatividad no entienden de género.
Por todo ello, elegí la ingeniería, una profesión que me permite completar el proceso: combinar el pensamiento analítico con la innovación, aportar valor a través de la mejora continua y mantener abiertas múltiples oportunidades de desarrollo profesional.
¿Por qué cree que sigue siendo un sector con tan poca presencia femenina?
En mi opinión, actualmente sigue existiendo la creencia de que hay sectores en los que el trabajo lo deben desarrollar los hombres, por lo que todavía queda mucho recorrido por hacer en nuestra sociedad. Sin embargo, trabajar en un sector donde históricamente ha existido una mayor presencia masculina, especialmente en las áreas más operativas, me ha permitido comprobar el potencial que las mujeres pueden aportar en ámbitos como la organización, la planificación y la gestión.
En este sentido, trabajar en Clece ha reforzado mi convicción de que la diversidad enriquece a las organizaciones. Gracias a la existencia de grupos de trabajo conformados por personas de diferentes géneros, identidades sexuales o edades, entre otros aspectos, es posible proporcionar perspectivas complementarias, capacidad de visión global y habilidades de gestión que contribuyen a generar mejores resultados y equipos más sólidos.
Aunque es cierto que en nuestra sociedad continúan existiendo barreras que alejan a las mujeres de las carreras STEM, creo que hemos avanzado y continuamos avanzando hacia la normalización de que ocupemos puestos de responsabilidad y liderazgo, y formar parte de ese cambio es un estímulo adicional en mi carrera profesional.
Para mí, el reto no es demostrar que podemos liderar en este sector, sino seguir impulsando un modelo profesional en el que el talento, la capacidad y la aportación de valor sean factores imprescindibles que definan las oportunidades de crecimiento.
¿Cómo podría nuestra sociedad fomentar y hacer más atractivas estas carreras para las mujeres?
Debemos poner en valor no solo la capacidad técnica de las mujeres, sino también nuestra visión organizativa y estratégica orientada hacia los resultados. Tenemos, en general, un nivel de autoexigencia muy alto, pues siempre hemos tenido que demostrar nuestra valía y nuestro potencial, y eso hace que siempre vayamos un paso más allá, que no nos conformemos con llegar al objetivo, sino que busquemos alcanzarlo contemplando las variables que pueden afectarnos durante el camino y en el futuro.
Usted es un ejemplo de un perfil STEM en el área de servicios esenciales, ¿cuál cree que es la aportación de la ingeniería a servicios como la limpieza, el mantenimiento o, incluso, el cuidado de personas dependientes en el hogar?
La contribución principal, desde mi punto de vista, es la eficiencia. Un perfil STEM en los servicios esenciales aporta una capacidad de análisis 360º que permite detectar tanto los puntos fuertes como los aspectos de mejora, con el objetivo de dar respuesta de forma inmediata a cualquier problema y que la afectación sobre el servicio y las personas sea mínima o nula.
La capacidad de evaluación de todas las variables que pueden afectar a un servicio, unida al conocimiento de la tecnología, hace que la gestión sea mucho más eficiente y sencilla. Cada actividad y, concretamente, cada tipo de servicio tiene unas características y particularidades muy definidas, por lo que no se pueden aplicar las mismas soluciones.

¿Puede explicarnos, con ejemplos prácticos, como la ingeniería mejora la vida de las personas en los servicios que ofrece Clece?
La ingeniería tiene un impacto más directo en la vida de las personas de lo que a veces pensamos. En Clece, nuestro trabajo consiste en aplicar el conocimiento técnico para que los servicios sean más seguros, eficientes y sostenibles. Y ello repercute tanto en los equipos de profesionales que los prestan como en las personas usuarias.
En mi caso, la ingeniería me ha enseñado a analizar problemas de forma estructurada, identificar las causas de una incidencia y buscar soluciones. Aunque mi responsabilidad no consiste únicamente en identificar estas incidencias, sino en anticiparme a ellas planificando actuaciones preventivas, optimizando recursos, mejorando el rendimiento de las instalaciones y garantizando que los edificios y equipamientos funcionen de forma óptima.
El conocimiento técnico también ayuda a la toma de decisiones basada en datos, a la evaluación de riesgos y a priorizar actuaciones. Por ejemplo, cuando gestionamos una instalación compleja, necesitamos analizar, entre otros aspectos, consumos energéticos, necesidades de los profesionales y posibles oportunidades de mejora para ofrecer un servicio de calidad al cliente.
Asimismo, considero que es fundamental destacar que la ingeniería va más allá de la parte técnica. Como gerente, me ayuda a coordinar equipos multidisciplinares y a gestionar proyectos. Mi trabajo consiste en encontrar el equilibrio entre la eficiencia operativa, la innovación y las necesidades de las personas. Se trata de que todas las “piezas” estén bien engranadas.
¿Qué factores han sido decisivos para poder alcanzar la responsabilidad de los servicios de Mantenimiento de Clece en Cataluña?
Creo que mi recorrido profesional ha sido posible gracias a una combinación de esfuerzo, compromiso, capacidad de aprendizaje y orientación a resultados. Siempre he procurado asumir nuevos retos con una actitud proactiva, buscando aportar valor a la organización, impulsar mejoras y generar confianza a través del trabajo realizado.
Asimismo, mi formación académica y la experiencia adquirida me han permitido desarrollar una visión técnica y de gestión que encaja con las necesidades del sector de los servicios esenciales.
Y, por supuesto, ha sido fundamental haber encontrado una compañía como Clece que apuesta por las personas, que combina la excelencia operativa con un fuerte compromiso social. Este entorno me ha brindado la oportunidad de crecer profesionalmente, asumir nuevas responsabilidades y seguir aprendiendo de forma constante. Además, la capacidad para liderar equipos multidisciplinares, coordinar distintos servicios y mantener una visión global de las operaciones ha sido clave para consolidar mi trayectoria en el ámbito del mantenimiento y alcanzar la posición que desempeño actualmente en Cataluña.
¿Qué aporta este trabajo a su carrera profesional?
Este trabajo me ha permitido desarrollar una gran capacidad para estructurar, optimizar y dar claridad a los procesos, además de fortalecer un estilo de liderazgo basado en la confianza, la cercanía, la escucha activa, la empatía y la colaboración. A lo largo de mi trayectoria laboral, he aprendido que los mejores resultados se alcanzan fomentando el diálogo, aprovechando el talento de los equipos y construyendo entornos de trabajo donde todas las personas puedan aportar su valor.
Además, la gestión de equipos diversos, proyectos complejos y entornos en constante evolución me ha permitido fortalecer competencias como la comunicación, la toma de decisiones y la capacidad para impulsar el cambio. También me ha ayudado a desarrollar una visión más amplia, abierta y equilibrada de los retos y oportunidades, siempre con el objetivo de generar valor para la organización y para las personas que la integran.
En un contexto como el actual, en el que la inteligencia artificial (IA) está cambiando la forma de gestionar a los equipos, ¿cómo ha integrado la IA?
Durante los últimos años, Clece ha impulsado su apuesta por la integración de la tecnología en los servicios y la digitalización de los procesos. No obstante, somos conscientes de que la Inteligencia Artificial representa un nuevo reto, pero también una oportunidad con gran potencial de desarrollo para la compañía.
En mi opinión, la IA debe entenderse como una herramienta complementaria al trabajo de las personas, orientada a optimizar tareas que faciliten el análisis, la toma de decisiones, la innovación y la resolución de situaciones complejas, gracias a su capacidad para procesar grandes volúmenes de información e identificar patrones de forma ágil.
Por ejemplo, en el ámbito del mantenimiento, la IA puede contribuir a anticipar incidencias antes de que se produzcan, a detectar desviaciones respecto a los parámetros habituales de funcionamiento y a prever necesidades futuras a partir del análisis de datos históricos. Todo ello favorece la evolución hacia modelos de mantenimiento más predictivos, permitiendo reducir incidencias y mejorar la calidad del servicio.
Considero que el futuro pasa por integrar la tecnología con el conocimiento, la experiencia y el criterio de las personas. La Inteligencia Artificial aportará una mayor capacidad de análisis y acceso a la información, pero aspectos como la visión estratégica, el juicio profesional, el conocimiento del negocio y la comprensión de las necesidades de los clientes y los equipos continuarán siendo elementos diferenciales del lado humano. Por ello, es fundamental que las organizaciones sigan impulsando esta transformación, de la mano de la plantilla, con una actitud abierta al aprendizaje, la adaptación y la mejora continua.
¿Cómo se imagina el sector de los servicios esenciales que gestiona Clece en el futuro?
Creo que el futuro de los servicios esenciales pasa por combinar, de forma equilibrada, la cercanía a las personas usuarias de nuestros servicios con una mayor especialización técnica y una gestión cada vez más innovadora. Aunque la tecnología tendrá un papel protagonista, el factor humano seguirá siendo el elemento diferencial en servicios que impactan directamente en la calidad de vida de la sociedad.
En los próximos años, veremos una mayor digitalización de los procesos, una gestión más avanzada de los datos y una incorporación creciente de herramientas que permitan anticipar necesidades y prever soluciones.
Al mismo tiempo, será fundamental seguir profesionalizando el sector, apostando por la formación continua, la especialización de los equipos y la incorporación de nuevos perfiles técnicos que aporten conocimiento y valor añadido. En definitiva, imagino un sector más tecnológico, profesionalizado y eficiente, pero sin perder nuestro lado humano.


