La renta fija no suele levantar pasiones, pero vuelve a estar en el centro de muchas carteras. Después de tres años de tipos disparados, bajadas aplazadas y bonos moviéndose con más violencia de la habitual, millones de ahorradores han regresado a los fondos de deuda buscando rentabilidad sin grandes sobresaltos. El problema es que ese equilibrio vuelve a ser más difícil de conseguir.
Los bonos vuelven a pagar intereses atractivos frente a la etapa de tipos cero, cuando muchos fondos conservadores apenas daban rentabilidad, pero el camino fácil ya se ha agotado. Mar Barrero, directora de análisis de Arquia, calcula que, si sigue abierto el riesgo de subidas de tipos, las carteras más conservadoras sin exposición a Bolsa podrían quedarse este año en rentabilidades “en el entorno del 2%”.
En fondos de renta fija con duraciones entre uno y cuatro años, el objetivo puede acercarse “al entorno del 3,5%” si la inflación se relaja y los bancos centrales mantienen los tipos sin cambios.

Menos duración, menos sustos
Con una inflación situada en España en el 3,2%, un fondo conservador puede estar en positivo y aun así no proteger del todo el poder adquisitivo. El inversor tiene que mirar cuánto puede sufrir su fondo si vuelven a subir los tipos, qué peso tiene en deuda de peor calidad, si invierte en bonos muy largos y si el producto ha demostrado capacidad para aguantar episodios como el de 2022 o las caídas de marzo.
En opinión de Ignacio Amo, experto en análisis y selección de fondos de Mapfre Inversión, “ahora el valor añadido está en la capacidad y flexibilidad del gestor”. La primera prueba está en la duración. Un fondo puede parecer conservador y sufrir si acumula bonos largos justo cuando el mercado vuelve a descontar inflación más persistente. Cada subida de las rentabilidades de los bonos, lo que se conoce como TIR (tasa interna de retorno), reduce el valor de la deuda que ya tiene el fondo en cartera.
Amo reconoce que “el componente de renta fija ha sufrido algo más de lo habitual, sobre todo de la mano de los fondos muy sensibles a la duración”. Por eso muchos inversores han vuelto a mirar hacia productos más cortos o monetarios, mucho menos expuestos a las oscilaciones de mercado.
Fondos monetarios
Mar Barrero, directora de análisis de Arquia, destaca por su parte, que “los fondos que mejor se han comportado en los periodos de mayor volatilidad han sido, sin duda, los monetarios”. Según explica, “han sido los únicos productos que han mantenido su crecimiento de forma continuada, sin apenas retrocesos en sus valores liquidativos”.
La búsqueda de estabilidad tampoco significa renunciar por completo al crédito. El problema es que el mercado vuelve a separar con mucha más claridad la deuda de calidad de los segmentos más agresivos.
Amo explica que, dentro de la renta fija, sigue favoreciendo “la deuda de gran de inversión frente a la deuda de alto rendimiento o high yield”, porque las emisiones de peor calidad “ofrecen poco colchón ante posibles ampliaciones de diferenciales, especialmente en un entorno donde la volatilidad sigue elevada”.
Dos fondos conservadores pueden ofrecer rentabilidades parecidas y, sin embargo, asumir riesgos muy distintos. Uno puede apoyarse en deuda corporativa sólida y vencimientos cortos. Otro puede buscar algo más de rentabilidad aumentando peso en high yield o deuda emergente, segmentos que suelen reaccionar con mucha más violencia cuando el mercado se pone nervioso.
Bonos ligados a inflación
Barrero considera que “en un entorno inflacionista, pero sin subidas de tipos significativas, los fondos que invierten en bonos ligados a la inflación se encontrarían entre las opciones más atractivas”.

Eso sí, tampoco funcionan como un escudo automático. Si los bancos centrales se ven obligados a endurecer otra vez la política monetaria, estos fondos también pueden sufrir por duración. Barrero recuerda que en 2022 algunos productos de la categoría con más sensibilidad a tipos o activos de menor calidad llegaron a perder más del 5%, mientras otros con duraciones más bajas consiguieron cerrar el ejercicio en positivo.
Un fondo conservador puede mezclar deuda pública, crédito corporativo, flotantes, bonos ligados a la inflación o monetarios y mantener un riesgo razonable. Otro puede buscar unas décimas extra de rentabilidad cargándose de más sensibilidad a tipos o de crédito más arriesgado.
La diferencia no siempre se ve en el nombre del producto. Sobre el papel pueden parecer similares, pero reaccionan de forma muy distinta cuando el mercado cambia de dirección. Eso explica por qué fondos conservadores casi idénticos han acabado ofreciendo resultados muy diferentes desde que la inflación ha vuelto a golpear a los bonos.

