Inversión

El mundo cripto se pasa al oro y a los metales digitales

El oro digital movió en tres meses más dinero que durante todo 2025

Criptomonedas - Economía Las criptomonedas están en un mal momento, pero hay espacio para la recuperación.
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Tras años de pura montaña rusa con las criptomonedas, subidones históricos y algún que otro susto de infarto, muchos inversores se están haciendo la misma pregunta: ¿y ahora qué meto en mi cartera? No es que los inversores le hayan dado la espalda a bitcoin o Ethereum, pero sí que una parte de ese dinero pide algo más tangible, algo que se pueda “tocar”, sin perder la comodidad de comprarlo con dos clics desde el sofá. ¿La solución? El viejo y confiable oro de toda la vida, la plata, el cobre, el níquel e incluso el uranio.

La combinación puede parecer extraña, sobre todo porque estamos hablando de metales tokenizados. Eso significa coger un lingote de oro real y “trocearlo” digitalmente en miles de pequeñas participaciones digitales llamadas tokens. El metal sigue existiendo físicamente a buen recaudo dentro de una cámara acorazada, pero lo que compra y lleva en el móvil el inversor es un título digital que demuestra que un trocito de ese lingote es suyo.

Más dinero dispuesto a comprar

Y cada vez hay más dinero dispuesto a comprar esas pequeñas partes. Los últimos informes de CoinGecko calculan que el valor de estas materias primas tokenizadas ha pasado de 1.430 millones de dólares a 5.550 millones en apenas quince meses. Un salto del 289%. Eso es más que todo el volumen negociado durante el año anterior.

Los fuertes bandazos de las criptomonedas explican una parte de este movimiento, pero no toda. Bitcoin ha atravesado importantes correcciones durante 2026, mientras el oro ha recuperado un 12% desde los mínimos de julio en un escenario marcado por la inflación, las tensiones geopolíticas y las dudas sobre el dólar. Para quien ya se mueve con soltura en el universo cripto, poder añadir un activo que responde a fuerzas diferentes sin abandonar la pantalla empieza a tener bastante sentido.

Del lingote al token

Comprar metales hoy en día es menos misterioso de lo que parece. El proceso es directo: una empresa compra el metal real, otra de máxima seguridad lo custodia, y sobre ese respaldo se emiten los tokens en la pantalla.

Un lingote de oro cuesta una fortuna que no cualquiera tiene en el bolsillo. Con la tokenización, en lugar de obligar al inversor a comprarlo entero, esa propiedad se divide para invertir 50, 100 o 500 euros. No es necesario guardarlo en casa, pagar un seguro o buscar a quién vendérselo cuando se quiere recuperar el dinero.

El oro ha sido el gran laboratorio de este experimento, y dos gigantes se reparten casi todo el pastel: Tether Gold (XAUT) y PAX Gold (PAXG). Ambas opciones representan una onza troy de oro físico real y concentran el 90% de este mercado. Pero claro, el oro ya se les ha quedado pequeño a los inversores más atrevidos.

Más allá del oro

Plataformas como Metals.io han roto las reglas del juego, permitiendo comprar níquel, cobalto o uranio directamente desde el teléfono, un terreno que antes era exclusivo de multinacionales y contratos multimillonarios. Aunque ya cuentan con miles de clientes probando la fórmula, convertir esa inversión digital en el activo físico resulta bastante más complicado cuando detrás hay uranio en lugar de oro.

Datavault AI pretende llevar el experimento todavía más lejos con metales como el cobre y el antimonio. La compañía quiere crear participaciones sobre recursos que continúan bajo tierra y utilizar el dinero obtenido para ayudar a financiar su extracción, de manera que el inversor podría comprar su parte antes incluso de que el metal haya salido de la mina.

Una inversión sobre cobre todavía sin extraer incorpora bastantes más incógnitas que una participación respaldada por oro almacenado. Al movimiento del precio se añaden los costes de explotación, los permisos, los plazos y la posibilidad de que finalmente salga de la mina una cantidad distinta de la prevista.

La letra pequeña

Quien compra 100 euros de oro tokenizado asume riesgos diferentes a quien adquiere una moneda y la guarda directamente. El precio puede seguir siendo el del oro, pero entre el inversor y el metal aparecen la plataforma que vende el producto, la empresa que lo emite y la entidad encargada de custodiarlo.

Cada uno de esos intermediarios obliga a comprobar qué respaldo existe, quién certifica que el metal está realmente almacenado y qué derechos conserva el propietario si alguna de las compañías tiene problemas. Las condiciones para recuperar el activo físico tampoco son iguales en todas las plataformas y pueden incluir cantidades mínimas, comisiones y requisitos adicionales.

El cobre, níquel o uranio añaden más incógnitas

El cobre, el níquel o el uranio añaden todavía más preguntas por su pureza, procedencia, almacenamiento y regulación. Un inversor puede comprar una participación con dos pulsaciones en el móvil y descubrir después que venderla depende de un mercado con pocos compradores o que recibir el metal físicamente resulta directamente imposible.

Los ETF respaldados por oro permiten poner en perspectiva el tamaño que ha alcanzado por ahora esta nueva forma de invertir. Estos fondos llegaron a superar los 530.000 millones de dólares y las 4.000 toneladas de metal, mientras todo el mercado de materias primas tokenizadas se mueve todavía alrededor de los 5.500 millones.

CoinGecko calcula, sin embargo, que el oro digital negoció 90.700 millones de dólares únicamente durante los tres primeros meses de 2026, más que durante todo 2025. El oro sigue dominando ampliamente ese dinero, pero cobre, níquel, cobalto y hasta uranio ya empiezan a disputarse una pequeña parte de la pantalla.

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