El futuro del oro es todo un misterio, y puede que siga siéndolo durante un tiempo. Después de tocar los 5.400 dólares en enero, caer más de un 25 %, firmar su peor trimestre desde 2013 y llegar a perforar los 4.000 dólares, el metal vuelve a moverse alrededor de los 4.100. Ese nivel puede ser el inicio de una recuperación o solo una pausa antes de otra corrección.
La caída se explica, sobre todo, por el miedo a una inflación más persistente y a una Reserva Federal (Fed) obligada a subir tipos otra vez. Eso eleva la rentabilidad de los bonos, que se sitúan por encima del 4,4% y fortalece al dólar. Ambas cosas reducen el atractivo del oro para los inversores, porque no genera intereses.
Esos mismos inversores se preguntan ahora si el oro volverá a marcar máximos históricos en 2026 o si la subida de enero dejó el listón demasiado alto para lo que queda de año.
La barrera de los 4.000 dólares
La zona de los 4.000 dólares se ha convertido en la frontera que separa una corrección manejable de un problema más serio. El oro perdió esa cifra redonda el pasado 24 de junio durante la sesión, y desde entonces se ha mantenido ligeramente por encima de ese nivel hasta volver a alcanzar los 4.100 dólares. Eso no confirma suelo, pero sí indica que al primer intento de romper el soporte entró dinero comprador.
Según Société Générale, el punto más delicado estaría entre los 3.930 y los 3.885 dólares, la zona de mínimos de finales de octubre de 2025. La firma recuerda que la caída se aceleró después de perder la media de 50 días en marzo y que todavía no hay señales claras de un rebote importante. Si el oro logra superar los 4.100, el tono mejora. Si pierde los 3.885, el gráfico empieza a mirar hacia 3.750 y 3.600 dólares.

El dato del empleo
La recuperación de los últimos días ayuda. El dato de empleo de junio en Estados Unidos fue bastante más flojo de lo esperado, con 57.000 nóminas frente a las 115.000 previstas, y eso ha cambiado un poco el ánimo de los inversores. Menos empleo implica menos presión para que la Fed vuelva a subir los tipos y algo más de oxígeno para el activo.
Como explican los analistas de Saxo Bank, el oro ya no está en ese momento dulce en el que se compraba cada caída casi por reflejo. Ahora los operadores venden los rebotes, una señal bastante clara de que la confianza sigue tocada después de cuatro meses de descensos y del peor trimestre desde 2013.
¿Qué tiene que suceder para que el oro brille de nuevo?
El mercado necesita algo más que un mal dato de empleo para que el metal vuelva a atraer dinero con la fuerza de comienzos de año. Necesita que los bancos centrales renuncien a las subidas de tipos, una inflación menos amenazante, un dólar más débil y una salida más clara al conflicto con Irán.
El problema es que esos cuatro grandes frentes siguen abiertos y “la tendencia a medio plazo sigue siendo bajista”, según el análisis de Fairlead Strategies.
Puede haber valor a largo plazo, pero el impulso inmediato sigue dañado y comprar deprisa después de una caída así exige creer que el mercado ya ha dejado atrás lo peor.
En todo caso, los analistas de J.P. Morgan siguen viendo al oro por encima de los niveles actuales, con una previsión de 6.000 dólares por onza para el último trimestre de 2026 y de 6.300 dólares a finales de 2027.
A su vez, la actual combinación macroeconómica estadounidense de altos déficits, falta de consolidación fiscal y las consiguientes necesidades de financiación sugiere que todavía hay margen para que “el precio vuelva a subir a largo plazo”, afirman los estrategas de Bank of America.
Puede que tengan razón. Pero todavía no hay motivos claros que puedan desatar un nuevo rally del oro.

