Elon Musk es, con diferencia, la persona más rica del planeta. Su patrimonio siguió aumentando a finales de 2025. Ha roto nuevos récords, al ser el primer multimillonario en amasar un patrimonio de más de 700.000 millones de dólares. Pero eso no es lo único que explica que el magnate y excolaborador de Trump reaccione con vehemencia o indiferencia ante las amenazas regulatorias de la Unión Europea. Grok, el asistente IA que ha desarrollado con su empresa xAI, empezó a generar miles de deepfakes desnudando a mujeres de la plataforma a discreción de otros usuarios.
El multimillonario ha acabado cediendo a la presión. Primero limitó la posibilidad de generar imágenes con Grok en X, la red social antes conocida como Twitter, a los usuarios de pago. Finalmente, hace tan solo un par de días, la compañía anunció nuevas medidas para evitar que el asistente IA continúe editando “imágenes de personas reales con ropa reveladoras, como bikinis”. El fenómeno, bautizado como bikinigate, ha afectado a miles de usuarias, muchas de ellas menores de edad.
A pesar de que Bruselas ha mostrado su disconformidad y que incluso Von der Leyen se manifestó “horrorizada” por el fenómeno, xAI solo ha acabado cediendo después de que el fiscal de California lanzara un comunicado. “Mi oficina anuncia una investigación sobre xAI para determinar si violó la ley y cómo”. Hasta entonces, Musk era tajante: achacaba la responsabilidad penal del material a los usuarios que lo solicitan. También advirtió que forzar a xAI a introducir límites en la herramienta era censura.
El precio de la impunidad
¿Por qué xAI ha cedido solo después de que el fiscal general de California se haya pronunciado? Todavía no está claro si su investigación se acabará convirtiendo en una demanda concreta. Medios estadounidenses ya sopesan qué leyes estatales y federales podrían invocarse, y qué multas millonarias imponerse. Sin embargo, hay algo que hace entender por qué Europa no ha sido determinante. Para empezar, Bruselas no ha anunciado todavía la apertura de ningún procedimiento con su Reglamento de Servicios Digitales, la regulación comunitaria que aborda precisamente la responsabilidad de las plataformas ante la proliferación de material considerado ilegal.

Pero la posibilidad de una nueva multa europea tampoco preocupa a Musk. Aquí la respuesta es puramente monetaria. Por un lado, la sanción máxima que estipula el Reglamento de Servicios Digitales es un 6% de la facturación anual de la compañía infractora. X dejó de ser una empresa cotizada en 2022, cuando Elon Musk formalizó la compra de Twitter por 44.000 millones de dólares. Por esa razón su contabilidad ya no es pública.
Sin embargo, The Wall Street Journal supo que la plataforma tuvo una facturación de 2.700 millones de dólares en 2024. Bloomberg, más recientemente, asegura que en los tres primeros trimestres de su actual año fiscal, X consiguió superar las expectativas con más de 2.000 millones de dólares en ingresos. Esto implica que una sanción del Reglamento de Servicios Digitales no superaría los 140 millones de euros. El 0,02% del patrimonio neto de Musk, por hacerlo más gráfico.
Titubeos comunitarios
La multa podría oscilar esas cifras, aunque es complicado calcularlas teniendo en cuenta que X fue adquirida por xAI, otra de las empresas de Musk, el año pasado. La propia Unión Europea anunció en junio que investigaría los cambios en la estructura societaria de la red social. Con todo, los números no van desencaminados: la misma X de Elon Musk ha sido la primera empresa tecnológica en ser multada con el Reglamento de Servicios Digitales. Lo fue el año pasado y con 120 millones de euros. La razón: falta de transparencia relacionada con el icono que los usuarios de pago tienen en la plataforma.
Entonces, Musk reaccionó de forma airada. Respondió a la publicación en X en la que la cuenta oficial de la Comisión anunciaba la sanción administrativa con un insulto, bullshit, un desprecio que se traduce como “mierda”. Horas después dijo que la Unión Europea debía ser abolida. Más tarde, el propio Donald Trump salió al paso de la noticia en declaraciones ante periodistas. “Europa va por muy mal camino”. “Tienen que tener mucho cuidado al hacer muchas cosas”, amenazó. No hay noticias de si esta multa fue recurrida al Tribunal de Justicia de la UE.

Por el momento, Bruselas solo ha pedido a xAI que guarde los registros de Grok en 2026 para poder determinar si ha infringido la normativa comunitaria. Un portavoz de la Comisión también aseguró que estaban siguiendo muy de cerca el caso. A pesar de ello, ha sido otro regulador, el británico Ofcom, el que ha iniciado una investigación invocando su Ley de Seguridad Digital, análoga al europeo Reglamento de Servicios Digitales.
Un reglamento en entredicho
Por el momento Grok, el asistente IA del emporio xAI de Elon Musk, tiene límites para seguir desnudando a usuarias de la red social. Sin embargo, una reportera de The Washington Post probó a que la herramienta la desnudara en la aplicación propia de Grok, al margen de X, y la plataforma lo hizo. En otros modelos de IA generativa de la competencia, como OpenAI o Google Gemini, el servicio suele responder una frase genérica indicando que no puede hacer tal cosa. Con Musk, esto no sucede.
Bruselas presentó hace años su Reglamento de Servicios Digitales. Lo hizo para no fiar todo el escrutinio a las tecnológicas a las leyes de competencia y al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). Este tratado, fundacional de la Eurozona, era la única herramienta que Bruselas tenía hasta entonces contra las grandes tecnológicas. Con esos procedimientos, Bruselas impulsó sanciones históricas de más de 1.000 millones de euros a compañías como Microsoft, Amazon o Meta. Ni con esas Bruselas puede reivindicar un éxito total. La propietaria de Facebook o Instagram, sin ir más lejos, ha tenido problemas para cumplir el Reglamento General de Protección de Datos… que entró en vigor en 2018.
La aplicación del Reglamento de Servicios Digitales recaía en las competencias del comisario europeo de Mercado Interior, quien hasta 2024 era el francés Thierry Breton. Breton se marchó del Colegio de Comisarios enfrentado con Von der Leyen, quien acabó nombrando al francés Stéphane Séjourné como su sucesor. Pero con Musk y Trump al otro lado del Atlántico, la eficacia y pertinencia de esta regulación que tanto persiguió también la excomisaria de Competencia, Margrethe Vestager, está más cuestionada que nunca.


