Hace exactamente un año, Iberdrola presentó al mercado una de las mayores apuestas inversoras de su historia. La eléctrica anunció el 24 de septiembre de 2025 un plan estratégico de 58.000 millones de euros hasta 2028 con una dirección muy definida: aumentar el peso de las redes eléctricas, concentrar buena parte del crecimiento en Reino Unido y Estados Unidos y transformar progresivamente al grupo en una compañía con ingresos más regulados y previsibles.
Doce meses después, la evolución bursátil ha acompañado esa estrategia. Iberdrola se ha revalorizado alrededor de un 30% desde la presentación del plan, después de pasar de los 15,645 euros por acción con los que cerró aquella jornada a cotizar por encima de los 20 euros. El comportamiento de la compañía llega además después de un ejercicio en el que sus resultados han respaldado una de las grandes tesis presentadas entonces a los inversores: las redes están convirtiéndose en el principal motor de crecimiento del grupo.
El plan diseñado por Iberdrola contemplaba 58.000 millones de euros de inversión bruta entre 2025 y 2028, un 30% más que durante el periodo anterior. De ese volumen, 37.000 millones se destinarían a redes eléctricas y otros 21.000 millones a generación renovable y clientes. La compañía decidió también concentrar aproximadamente el 65% de las inversiones en Reino Unido y Estados Unidos y dirigir el 85% del total hacia países con calificación crediticia A.
Las redes empiezan a justificar la gran apuesta de Iberdrola
La fotografía transcurrido el primer año apunta precisamente hacia ese cambio de perfil. En el primer semestre de 2026, el EBITDA ajustado de Iberdrola alcanzó los 8.050 millones de euros, un 7,4% más, mientras que el beneficio neto ajustado ascendió a 3.565 millones, con un crecimiento del 7,8%, según los datos analizados por Bankinter.
La diferencia aparece al observar cada negocio. El EBITDA de redes aumentó un 13,2%, hasta los 4.213 millones de euros, mientras generación y comercialización avanzó un 1,6%, hasta 3.837 millones. La mayor base de activos regulados, las inversiones realizadas y la incorporación de Electricity North West en Reino Unido explican buena parte de ese crecimiento.
“El principal motor de este crecimiento iba a ser la división de redes”, explica a Artículo14 Aránzazu Bueno, analista de Bankinter especializada en el seguimiento de Iberdrola. Ese era precisamente uno de los pilares del plan presentado hace un año: aumentar la base de activos regulados desde los 49.000 millones de euros registrados en 2024 hasta aproximadamente 70.000 millones en 2028.
Iberdrola preveía destinar 37.000 millones a estas infraestructuras, con una rentabilidad regulatoria media ponderada cercana al 9,5%. El atractivo para el grupo está también en la estabilidad: buena parte de estas inversiones funciona bajo marcos regulatorios establecidos a largo plazo, reduciendo la exposición directa de los resultados a los cambios del mercado eléctrico.
Bankinter ya espera que Iberdrola supere sus objetivos de 2028

El plan original establecía para 2028 un EBITDA de alrededor de 18.000 millones de euros y un beneficio neto ajustado de 7.600 millones. Sin embargo, las estimaciones actuales de Bankinter van ya algo más lejos: el banco calcula para ese ejercicio un EBITDA ajustado de 18.881 millones y un beneficio neto atribuible ajustado de 7.880 millones.
La propia Iberdrola ha elevado además durante 2026 sus expectativas a corto plazo. La compañía comenzó el ejercicio esperando que el beneficio neto ajustado creciera alrededor de un 6%, pero tras los resultados del primer trimestre elevó la previsión a más de un 8%.
La transformación busca también reducir la volatilidad del grupo. El objetivo es que en 2028 aproximadamente el 75% del EBITDA de Iberdrola proceda de redes reguladas o de generación respaldada por contratos a largo plazo, dejando únicamente una cuarta parte más directamente expuesta a los precios del mercado.
Ese incremento de la visibilidad sobre los futuros ingresos es una de las claves que Bankinter destaca para explicar su visión sobre la compañía. Pese a la fuerte subida acumulada en Bolsa, Bueno considera que todavía existe margen. “Yo creo que sí que tiene capacidad, lo que pasa que claro, nos tenía muy, muy mal acostumbrados de subir muchísimo todos los años”, señala.
Bankinter mantiene actualmente una recomendación de compra sobre Iberdrola. “El precio objetivo tenemos en 23,6. Sí, todavía le vemos potencial”, afirma Bueno. La entidad había elevado precisamente su valoración desde los 21,80 euros anteriores hasta 23,60 euros después de revisar sus estimaciones.
La deuda y la valoración ponen el contrapunto

La expansión también tiene un coste financiero. La deuda neta de Iberdrola alcanzó los 53.972 millones de euros al cierre del primer semestre, frente a los 50.182 millones registrados al terminar 2025. Bankinter reconoce además que el mayor coste de la deuda ha sido uno de los elementos que han presionado negativamente las cuentas durante este ejercicio.
Bueno resta, no obstante, dramatismo al riesgo que supone la refinanciación. “El calendario de vencimiento de deuda no es todo el año que viene, es muy gradual y lo tiene ya muy atado, muy a largo plazo, o sea que tampoco va a ser algo que le vaya a estropear”, explica la analista.
Iberdrola está complementando esa financiación mediante rotación de activos y alianzas. “Ya ha hecho algunas, evidentemente está rotando muchos activos y generalmente donde más quiere crecer es en redes. Porque todas las oportunidades que vengan en redes, pues ahí se mira”, añade Bueno.
El mercado, sin embargo, no mantiene una visión completamente uniforme sobre cuánto recorrido queda después de la subida. Mientras Bankinter fija su precio objetivo en 23,60 euros, Bestinver mantenía el 17 de septiembre una recomendación de mantener y situaba su rango de valoración entre 18,40 y 21,50 euros, con la acción entonces en 20,24 euros. La divergencia refleja una de las cuestiones que empiezan a cobrar importancia después de un avance bursátil cercano al 30%: cuánto crecimiento futuro está ya incorporado en el precio.
Iberdrola llega así al primer aniversario de su plan con buena parte de las principales variables moviéndose en la dirección planteada en septiembre de 2025. Las redes crecen a doble dígito, las previsiones de beneficio han mejorado y Bankinter ya calcula unas cifras para 2028 superiores a los objetivos originales. El siguiente examen será comprobar si la eléctrica vuelve a elevar formalmente sus metas. Por ahora no existe una fecha anunciada para una actualización del plan, pero después de doce meses de ejecución el punto de partida de Iberdrola es sustancialmente distinto al de hace un año.

