Los expertos ya lo dan por hecho: los precios subirán alrededor de un 3% y los alimentos serán más caros en 2027

El BCE espera que la inflación continúe elevada y advierte de que los alimentos pueden ganar peso en las subidas de precios de 2027

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, pronuncia un discurso en una conferencia de prensa tras la reunión del Consejo de Gobierno del BCE en Fráncfort del Meno (Alemania), el 17 de abril de 2025.
EFE/EPA/RONALD WITTEK

La vuelta de la inflación al objetivo del 2% tendrá que esperar. El encarecimiento de la energía provocado por la inestabilidad geopolítica ha cambiado las perspectivas económicas de la zona euro y el Banco Central Europeo (BCE) asume ya que los precios continuarán aumentando a un ritmo cercano al 3% durante lo que queda de 2026.

La advertencia procede de Philip Lane, economista jefe del BCE, quien ha explicado que la inflación probablemente se mantendrá alrededor de ese nivel durante los próximos meses. La cifra queda muy lejos del impacto sufrido durante la crisis inflacionaria de 2022, pero continúa claramente por encima del objetivo de estabilidad del 2% perseguido por Fráncfort.

El problema podría cambiar de protagonista cuando llegue 2027. Si durante este año buena parte de las presiones proceden de la energía, Lane advierte de que los alimentos pueden convertirse en uno de los principales motores de la inflación el próximo año. A las consecuencias de las tensiones internacionales se añade la amenaza de fenómenos meteorológicos como El Niño, capaces de alterar cosechas y precios agrícolas en diferentes partes del planeta.

Eso no significa que el BCE espere una inflación general del 3% durante todo 2027. Su escenario central es más moderado: actualmente proyecta una tasa media del 2,3% para ese ejercicio. Sin embargo, el riesgo de que determinados productos de la cesta de la compra sigan encareciéndose permanece abierto.

La inflación seguirá cerca del 3% durante el resto de 2026

La situación ha cambiado considerablemente respecto a las expectativas existentes a comienzos del año. El BCE había avanzado durante los últimos ejercicios hacia la normalización de los precios, pero el nuevo shock energético ha obligado a revisar al alza sus proyecciones.

“No es como el 10% que tuvimos en 2022, pero el 3% sigue estando muy por encima del objetivo del 2% que tenemos”, explicó Lane en una entrevista concedida a la radiotelevisión pública irlandesa RTÉ. El economista espera que la tasa continúe aproximadamente alrededor de ese nivel durante el resto del ejercicio.

Los últimos datos de Eurostat confirman que la presión todavía no ha desaparecido. La inflación de la zona euro se situó en julio en el 2,9%, frente al 2,8% registrado durante junio. En el conjunto de la Unión Europea alcanzó el 3%.

España se encuentra incluso por encima de esas referencias. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó que el IPC español alcanzó en julio el 3,6% interanual, cuatro décimas más que un mes antes. La inflación subyacente, que excluye determinados elementos más volátiles, aumentó hasta el 3%.

Qué significa realmente que los precios suban un 3%

La inflación

Una tasa de inflación del 3% no significa que todos los productos vayan a subir exactamente ese porcentaje ni que los precios aumenten un 3% cada mes.

El indicador compara cuánto cuesta de media una cesta representativa de bienes y servicios respecto al mismo periodo del año anterior.

Un ejemplo sencillo ayuda a entenderlo. Si una cesta determinada costaba 100 euros hace doce meses y todos sus componentes evolucionaran exactamente al ritmo de una inflación del 3%, ahora costaría alrededor de 103 euros.

El efecto más importante aparece cuando esas subidas se acumulan durante varios ejercicios. Que la inflación disminuya del 3% al 2% tampoco significa generalmente que los precios vuelvan al nivel anterior. Significa que continúan subiendo, pero lo hacen más despacio.

Esta distinción explica por qué muchas familias pueden seguir percibiendo un coste de vida elevado incluso cuando las estadísticas reflejan una moderación de la inflación.

El BCE espera una moderación en 2027, pero los alimentos preocupan

La previsión central del BCE introduce un matiz importante. Sus técnicos calculan actualmente que la inflación media de la eurozona será del 3% en 2026, bajará hasta el 2,3% en 2027 y regresará al objetivo del 2% en 2028.

Los economistas independientes consultados periódicamente por el propio banco central son incluso ligeramente más optimistas. La última Encuesta a Expertos en Previsión Económica sitúa sus expectativas en el 2,7% para 2026, el 2,2% para 2027 y el 2% para 2028.

Por eso no puede afirmarse que los expertos den por hecho una inflación general del 3% durante todo 2027. Lo que sí existe es un consenso mucho mayor acerca de que el regreso estable al 2% será más lento de lo previsto y de que los riesgos siguen inclinados al alza.

Uno de esos riesgos está precisamente en el supermercado.

Por qué los alimentos pueden encarecerse en 2027

La inflación

Lane considera que la evolución de los alimentos será especialmente importante durante el próximo año. Actualmente la inflación alimentaria de la eurozona es relativamente moderada, pero el economista jefe del BCE espera que su peso aumente en 2027.

Una de las amenazas procede de El Niño. Este fenómeno climático altera las temperaturas del Pacífico y puede modificar los patrones de lluvias, sequías y temperaturas en algunas de las principales zonas agrícolas del mundo.

Sus consecuencias no son idénticas para todos los cultivos ni en todos los países. Sin embargo, investigaciones del propio BCE han observado históricamente que los episodios de El Niño pueden ejercer una presión alcista sobre los precios mundiales de las materias primas alimentarias.

El problema tiene además cierto retraso. Una mala cosecha o un encarecimiento de las materias primas no aparece necesariamente al día siguiente en el precio de una barra de pan, una tableta de chocolate o una botella de aceite. El impacto va atravesando la cadena de producción, transformación, transporte y distribución antes de llegar al consumidor.

Por eso parte de los efectos meteorológicos que se produzcan durante los próximos meses pueden terminar reflejándose en los supermercados durante 2027.

La energía continúa siendo el gran riesgo inmediato

Antes de llegar a ese escenario, la mayor preocupación sigue siendo el precio de la energía. El BCE ha vinculado la revisión al alza de la inflación al encarecimiento del petróleo y del gas provocado por la guerra y las tensiones en Oriente Próximo.

La energía tiene además una capacidad particular para extenderse a prácticamente toda la economía. Un petróleo más caro no solo aumenta el precio del combustible que paga un conductor.

También encarece el transporte de mercancías, determinados procesos industriales y buena parte de la cadena logística. El gas, por su parte, puede repercutir sobre el coste industrial y sobre la producción de fertilizantes utilizados posteriormente en la agricultura.

Una crisis energética prolongada puede terminar trasladándose a bienes, servicios y alimentos, incluso aunque inicialmente la subida se concentre únicamente en petróleo, gas o electricidad.

Lane reconoce que el escenario dependerá en gran medida de cuánto duren las actuales tensiones. “Si tenemos una guerra indefinida en Oriente Próximo”, advirtió, el impacto relativamente contenido observado hasta ahora sobre la economía mundial puede cambiar.

Los tipos de interés siguen en el 2,25%

La inflación

La evolución de los precios tiene una segunda consecuencia directa para millones de ciudadanos: condiciona las decisiones sobre los tipos de interés.

El BCE elevó en junio en 25 puntos básicos sus tres tipos oficiales como respuesta al deterioro de las perspectivas inflacionistas. La facilidad de depósito, utilizada actualmente como principal referencia para orientar la política monetaria, quedó situada en el 2,25%. En julio, el Consejo de Gobierno decidió mantenerla sin cambios.

Eso no significa que exista una subida adicional decidida de antemano. El banco central insiste en que analizará los datos reunión a reunión y que no se compromete previamente con una determinada trayectoria de tipos.

Una inflación persistentemente alta reduce el margen para abaratar rápidamente el dinero. Y eso termina repercutiendo sobre hipotecas variables, créditos empresariales, préstamos al consumo y nuevas operaciones de financiación.

2027 puede traer menos inflación, pero no necesariamente precios más baratos

La paradoja que afrontarán los hogares durante los próximos meses es sencilla. Las previsiones apuntan a que la inflación debería moderarse en 2027 respecto a 2026, pero eso no significa que hacer la compra vaya a ser más barato.

Si el índice pasa del 3% al 2,3%, los precios seguirían aumentando de media. Simplemente lo harían a menor velocidad.

Y dentro de esa cesta general pueden existir grandes diferencias. Los alimentos podrían encarecerse más deprisa que otros productos si los riesgos meteorológicos identificados por el BCE terminan materializándose.

Por ahora, las previsiones centrales descartan una repetición del shock inflacionista de 2022 y esperan que la zona euro vuelva finalmente al objetivo del 2% en 2028. Pero la energía, la guerra y el clima han demostrado nuevamente hasta qué punto una previsión económica puede cambiar en pocos meses.

El escenario de 2027 sigue apuntando hacia una moderación. La pregunta ya no es únicamente cuánto bajará la inflación, sino qué productos seguirán encareciéndose incluso cuando el índice general empiece a respirar.

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