Durante décadas, Allariz fue uno de tantos pueblos del interior gallego golpeados por la despoblación y el deterioro urbano. A finales del siglo XX su casco histórico presentaba edificios abandonados, calles degradadas y un patrimonio que parecía condenado a desaparecer. Sin embargo, lo que ocurrió en los años noventa transformó por completo su destino. Hoy, esta pequeña localidad situada junto al río Arnoia es considerada uno de los mejores ejemplos de rehabilitación urbana de Europa.
De la decadencia a la recuperación
A principios de los años noventa la situación de Allariz era preocupante. Muchas casas del centro histórico estaban en mal estado, algunas incluso en ruinas, y buena parte de la población había abandonado el municipio en busca de oportunidades en ciudades más grandes.
El cambio comenzó con un ambicioso plan de recuperación integral del casco histórico. El proyecto apostó por restaurar edificios tradicionales, recuperar espacios públicos y proteger el patrimonio arquitectónico. Lejos de optar por grandes construcciones modernas, la estrategia consistió en respetar la identidad histórica del pueblo.
Las antiguas viviendas de piedra fueron rehabilitadas, las plazas se acondicionaron y las calles recuperaron su trazado tradicional. También se impulsaron medidas para atraer actividad económica, con pequeños comercios, artesanía y espacios culturales.
Con el paso de los años, el resultado fue evidente: Allariz pasó de ser un pueblo deteriorado a convertirse en un modelo de regeneración urbana sostenible. El proyecto fue reconocido internacionalmente y recibió diversos premios europeos relacionados con el urbanismo y la conservación del patrimonio.
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Un paseo junto al río Arnoia
Uno de los mayores atractivos del municipio es su relación con el río Arnoia, que atraviesa el pueblo y crea un paisaje natural que combina agua, piedra y vegetación.
El paseo fluvial que recorre la orilla del río se ha convertido en uno de los lugares más agradables para descubrir Allariz. A lo largo del camino aparecen antiguos molinos restaurados, pequeñas pasarelas de madera y zonas verdes donde vecinos y visitantes se detienen para descansar.
Desde este paseo se obtienen algunas de las mejores vistas del casco histórico, con sus casas de piedra reflejadas en el agua y sus puentes tradicionales conectando ambas orillas. El entorno transmite una sensación de tranquilidad que contrasta con el bullicio de las grandes ciudades.
Además, el recorrido permite comprender cómo la recuperación urbana del pueblo no se limitó a los edificios, sino que también integró el paisaje natural como parte esencial del proyecto.
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El Festival Internacional de Jardines
Otro de los elementos que han contribuido a la proyección internacional de Allariz es el Festival Internacional de Jardines de Allariz. Este evento, que se celebra cada año en primavera y verano, reúne a paisajistas y diseñadores de diferentes países.
En el recinto del festival se crean jardines temáticos efímeros, cada uno con un concepto distinto. Las propuestas pueden ir desde composiciones botánicas tradicionales hasta proyectos más experimentales que mezclan arte, arquitectura y naturaleza.
Aunque durante el invierno el festival no está activo, el espacio sigue formando parte del atractivo del municipio y recuerda el papel que Allariz ha adquirido como referente en creatividad paisajística y sostenibilidad urbana.

Un destino que combina historia y naturaleza
Hoy, pasear por las calles de Allariz permite ver el resultado de décadas de trabajo en la recuperación de su patrimonio. Sus plazas empedradas, iglesias históricas y casas rehabilitadas crean un conjunto arquitectónico coherente que mantiene la esencia de la villa medieval.
Pero quizá lo más llamativo sea comprobar cómo un lugar que estuvo al borde de la decadencia ha logrado reinventarse sin perder su identidad. El secreto de su éxito ha sido apostar por la conservación, el respeto al entorno y una planificación urbana a largo plazo.
Gracias a esa estrategia, Allariz se ha convertido en un destino turístico tranquilo, sostenible y con personalidad propia, donde historia, naturaleza y cultura conviven en equilibrio.
Lo que en los años noventa parecía un pueblo condenado al abandono es hoy un ejemplo internacional de cómo recuperar un casco histórico y devolverle la vida. Y basta un paseo junto al río Arnoia para entender por qué.
