‘Outlander’ se despide: “Es una montaña rusa emocional”

Hablamos con los protagonistas de la exitosa seria sobre el legado y emoción de rodar la octava y última temporada tras trece años

Un fotograma de la serie Outlander.
EFE/ Movistar+

La octava temporada de Outlander llega con la doble misión de cerrar una de las sagas televisivas más influyentes de la última década y hacerlo sin traicionar el espíritu de la historia creada por la escritora Diana Gabaldon. Tras casi diez años en pantalla, la serie echa el cierre mientras todavía queda por publicarse la última novela del ciclo literario. El resultado es una despedida que, según sus responsables, busca satisfacer a los seguidores sin competir con el desenlace literario.

En un encuentro con la prensa en el que estuvo Articulo14, el reparto y los productores reflexionaron sobre el final de la serie y el impacto que ha tenido en sus vidas. Tuvimos oportunidad de conversar con Sophie Skelton, Richard Rankin, John Bell e Izzy Meikle-Small, junto con los productores ejecutivos Matthew B. Roberts y Maril Davis. El tono de la conversación dejó claro que el final de la serie no se vive como el cierre de una producción, sino como la despedida de una etapa.

La emoción de despedirse tras casi una década

Para los actores que han interpretado a los personajes durante tantos años, el final de la serie ha sido un proceso emocional complejo. Skelton, que encarna a Brianna MacKenzie, reconoció que rodar la última temporada fue una experiencia llena de lágrimas. Para ella, cada escena parecía tener un tono de adiós. “Estábamos un poco colgados de un hilo emocional. Cada momento de la temporada, cada escena, tenía algo de despedida. Hubo muchos momentos agridulces”.

La actriz subrayó que ahora, con distancia respecto al rodaje, la experiencia se vive como espectador. “Volver a ver la temporada junto a los fans permite revivir la historia desde una perspectiva distinta. Ahora hemos dejado ir a los personajes como actores y los estamos redescubriendo como fans”.

Rankin, que interpreta a Roger MacKenzie, coincidió en que el vínculo con los personajes se transforma con el tiempo. Tras casi una década en la serie, explicó, el personaje acaba formando parte de la vida cotidiana del actor. “Cuando llevas tantos años con un personaje, llega un punto en que simplemente existe”, afirmó. En las últimas temporadas, añadió, el trabajo interpretativo se vuelve más intuitivo porque todo el pasado del personaje, las historias, las decisiones y los conflictos, ya está incorporado.

Para Rankin, interpretar a Roger durante tanto tiempo supone casi una cuarta parte de su carrera como actor, una relación que hace que el personaje resulte “muy vivo y muy accesible”.

Del romance a la saga familiar

Desde su estreno en 2014, Outlander se presentó como la historia de amor entre Claire y Jamie Fraser. Sin embargo, con el paso de las temporadas la trama se ha expandido hasta convertirse en una saga familiar que abarca generaciones.

Roberts explicó que esta evolución era inevitable si se seguía el curso natural de la historia. “Si contamos la historia de amor de Jamie y Claire, eso no significa que sea solo sobre ellos”, dijo. “Tienen hijos, esos hijos tienen hijos, y las familias crecen”.

Para describirlo utilizó una metáfora. “Jamie y Claire serían el sol alrededor del cual gira todo el sistema narrativo. A su alrededor hay un sistema solar completo”, señaló, “con personajes que generan sus propias historias”.

Este enfoque explica que los MacKenzie y otros personajes hayan ganado protagonismo en las últimas temporadas. La serie, de hecho, ha ido ampliando su escala hasta convertirse en un drama coral que mezcla romance, historia y conflictos familiares.

Adaptar sin copiar los libros

Uno de los grandes retos de la última temporada es que la serie televisiva llega a su final antes de que Gabaldon publique la última novela del ciclo.

Los productores explicaron que, aunque han mantenido comunicación constante con la escritora, la serie y los libros se consideran dos entidades distintas. “No sabemos cómo terminará el último libro”, admitió Roberts. “Nosotros somos la serie de televisión y hemos divergido de las novelas varias veces porque el formato lo exige”.

Davis añadió que el equipo quiso ser especialmente cuidadoso para no interferir en los planes de la autora. La producción la mantuvo informada durante el proceso y evitó plantear un final que pudiera coincidir con el de las novelas.

El resultado es un cierre que intenta resolver parte de los conflictos narrativos, aunque no todos. “Hay mucho material que todavía no ha sido adaptado”, explicó Davis. “Algunas cosas no podremos cerrarlas”.

Un final emocional

Para Davis, el episodio final fue el momento más difícil de toda la temporada, pero también el más satisfactorio. “Es una montaña rusa emocional”, dijo.

La productora confesó que, al verlo terminado, lloró “lágrimas enormes”, una reacción que, en su opinión, refleja el tono del episodio. “Una mezcla de tristeza por el final y satisfacción por el camino recorrido”.

Roberts insistió en que el objetivo no era hacer un episodio de despedida solemne, para ellos lo más importante era conseguir una buena temporada de Outlander. “No empezamos pensando que era un funeral para la serie. Queríamos contar bien la historia”.

Un fenómeno cultural

Más allá de la trama, Outlander ha tenido un impacto cultural notable. Rankin recordó cómo la serie transformó la industria audiovisual escocesa cuando comenzó a rodarse en el país.

Según el actor, la producción llegó con tanta fuerza que absorbió gran parte de los equipos técnicos de la televisión local. Con el tiempo, además, ha contribuido a reforzar el interés internacional por la historia y los paisajes de Escocia.

El propio Rankin admite que trabajar en la serie cambió su relación con el país. Durante los rodajes, explicó, descubrió lugares y paisajes que antes no había explorado. “Me hizo apreciar mucho más lo que tenía en la puerta de casa”.

Bell también destacó cómo la serie despertó su interés por la historia del siglo XVIII, especialmente por la presencia escocesa en Norteamérica. Para el actor, interpretar a Young Ian permitió explorar aspectos menos conocidos de esa historia, como las relaciones entre los colonos escoceses y las comunidades indígenas.

Si algo quedó claro durante este encuentro es que Outlander ha sido mucho más que un trabajo para quienes participaron en la serie.

Davis recordó que, durante los trece años que duró la producción, muchos miembros del equipo vivieron acontecimientos importantes de su vida, desde nacimientos, hasta matrimonios o mudanzas. “Es imposible separar esos momentos de la serie”, puntualizó.

Roberts coincidió en que el mayor aprendizaje ha sido la importancia de construir una comunidad dentro del rodaje. Para él, el éxito del proyecto demuestra que es posible hacer televisión manteniendo relaciones personales fuertes dentro del equipo. “Los personajes se convirtieron en una familia, pero el reparto y el equipo también. Eso es algo que quiero llevar conmigo a cualquier proyecto futuro”.

Con la octava temporada, Outlander cierra así una etapa que ha combinado romance, aventura histórica y drama familiar. Su despedida, según sus creadores, no pretende ser definitiva porque los libros continúan y el universo narrativo sigue abierto. Pero para el equipo que ha dado vida a la serie durante casi una década, el final ha llegado con la tristeza de despedirse de algo que se convirtió en parte de sus propias vidas.

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