Ingeniera de Diseño Industrial y especializada en Organización Industrial, Cristina Aristoy posee una mirada poco habitual en el universo de la joyería: técnica, estratégica y profundamente creativa. Su formación, enriquecida por experiencias en Londres y Seúl, le permitió construir una forma propia de entender el diseño, donde la belleza convive con la funcionalidad, la emoción y la precisión.
En 2014 fundó SINGULARU junto a Francisco Tormo, un proyecto que nació con la intención de conectar a artesanos con sus clientas en un momento en el que la venta online de joyas apenas empezaba a abrirse camino. Desde el principio, la firma supo leer el deseo contemporáneo: piezas versátiles, accesibles, producidas de forma localizada y pensadas para acompañar la vida real sin renunciar al detalle.
Esa combinación de intuición, dato y oficio ha impulsado el crecimiento de una marca que hoy marca tendencia en España. Con más de dos millones de clientas, más de 80 puntos de venta y un equipo que supera las 200 personas, SINGULARU mantiene intacta su esencia: reivindicar la joyería como un gesto cotidiano, emocional y profundamente personal. Charlamos con ella.
¿En qué momento entendiste que esa mezcla de ingeniera, creativa y con visión de negocio podía convertirse en tu mayor fortaleza como emprendedora?
No fue algo que identificara desde el principio. Durante mucho tiempo lo veía casi como caminos separados. Con el tiempo entendí que precisamente esa combinación me permitía tomar decisiones más completas: ser analítica, pero también intuitiva; estructurada, pero creativa. Cuando empiezas a emprender te das cuenta de que necesitas un poco de todo, y ahí es cuando esa mezcla cobra sentido.
Tu paso por ciudades como Londres y Seúl fue clave en tu formación. ¿Qué aprendizajes de esas etapas internacionales siguen hoy presentes en tu manera de liderar SINGULARU?
Sobre todo, la apertura mental y la capacidad de adaptarte rápido. Vivir fuera te enseña que hay muchas formas de hacer las cosas y que ninguna es la única correcta.
En 2014 fundaste SINGULARU junto a Francisco Tormo, en un momento en que la venta online de joyería todavía no era algo tan extendido. ¿Qué os hizo ver esa oportunidad antes que muchos otros?
Más que ver una gran tendencia, detectamos una necesidad muy concreta. No encontrábamos una marca de joyas que fuera actual, accesible y con una experiencia de compra cuidada.
El canal online era el más accesible para empezar, pero sobre todo nos permitió escuchar mucho a la clienta desde el inicio. Eso fue clave.
Emprender, liderar una empresa en expansión y ser madre de tres hijos implica gestionar muchas capas al mismo tiempo. ¿Cómo vives personalmente esa combinación entre ambición profesional y vida familiar?
Es un equilibrio en constante construcción, no algo que tengas resuelto. Hay momentos en los que cuesta más llegar a todo.
Para mí es importante priorizar y rodearme de un buen equipo, tanto en lo profesional como en lo personal. También intento estar muy presente cuando estoy en cada sitio.
¿Qué crees que busca hoy una mujer en una marca de joyería, más allá del producto en sí?
Busca sentirse identificada. Ya no es solo la joya, sino lo que representa: una forma de expresarse, de sentirse bien consigo misma.
También valora mucho la confianza en la marca, la calidad y la experiencia. Y cada vez más, la cercanía y la autenticidad.
El ecosistema emprendedor sigue planteando retos para las mujeres en puestos de liderazgo. Desde tu experiencia, ¿qué barreras persisten y qué cambios te parecen urgentes para avanzar hacia una igualdad real?
Creo que es importante seguir visibilizando referentes, generar oportunidades reales y normalizar la presencia de mujeres en posiciones de liderazgo sin que sea algo excepcional.
En relación con el feminismo, ¿cómo entiendes tú un liderazgo femenino en la empresa? ¿Crees que las marcas tienen también una responsabilidad a la hora de impulsar referentes, discursos y estructuras más igualitarias?
Para mí el liderazgo no debería ir tanto de etiquetas, sino de valores: empatía, exigencia, coherencia, capacidad de escuchar…
Mirando hacia atrás, desde aquella primera idea hasta una compañía con más de 80 puntos de venta y más de 400 personas en el equipo, ¿qué le dirías hoy a la Cristina que estaba empezando?
Le diría que confíe más en el proceso y que tenga paciencia. Que las cosas importantes llevan tiempo.
Y también que disfrute más del camino, porque muchas veces estás tan centrada en el siguiente paso que no te paras a valorar todo lo que ya has construido.
