Durante unos años parecía que las gafas de sol estaban compitiendo por ver cuál conseguía utilizar menos material. Ovaladas, estrechas, rectangulares, diminutas. Las monturas inspiradas en los noventa y en los primeros 2000 fueron reduciéndose hasta convertirse casi en una línea negra delante de los ojos. Bella Hadid ayudó a recuperarlas, las office sirens terminaron de instalarlas y las marcas comerciales produjeron millones de versiones.
Pero toda tendencia contiene el germen de su contrario. Y este año, después de años mirando el mundo a través de dos cristales del tamaño aproximado de una moneda, las gafas vuelven a crecer. No un poco. Mucho.
La tendencia es colocar las gafas ovaladas pequeñas en la categoría de tendencias que conviene “poner en pausa” y en su lugar apostar por las enormes monturas inspiradas en los años sesenta y setenta. La referencia no podría ser más atractiva: Twiggy, Jane Birkin y Jackie Kennedy Onassis, mujeres para las que las gafas de sol no eran un accesorio discreto sino casi una parte del rostro.

Las pasarelas llevan meses avisando. Y si no, atentas a las monturas negras sobredimensionadas en las colecciones primavera-verano 2026 de Balenciaga, Gucci, Prada y Saint Laurent, mientras que Celine, bajo Michael Rider, las convirtió en un elemento recurrente de su nueva imagen.
Durante las últimas semanas el fenómeno ha aumentado todavía más: las gafas shield, enormes y envolventes, se han convertido en uno de los accesorios fuertes de este verano. El último Lyst Index llegó a situar las shield sunglasses de Chanel entre los productos destacados del trimestre. Después de enseñar tanto la cara, la moda vuelve a esconderla.
De Jackie O a las microgafas: por qué el tamaño de unas gafas cuenta tanto sobre una época
Pocas prendas reflejan tan bien los cambios de humor de la moda como las gafas de sol. Las monturas de los años cincuenta todavía conservaban cierta estructura: cat-eye, acetatos definidos, tamaños relativamente contenidos. Pero durante los sesenta y, sobre todo, los setenta, las lentes comenzaron a crecer al mismo tiempo que cambiaban las siluetas, el cabello y la actitud.
Jackie Kennedy Onassis convirtió las enormes gafas oscuras en una especie de armadura privada. Podía vestir de la manera más sencilla posible y seguir pareciendo inaccesiblemente sofisticada gracias a unas lentes que ocultaban cejas, ojos y parte de los pómulos. Jane Birkin ofrecía otra versión: gafas grandes con vaqueros, camisetas, vestidos mínimos o blusas bohemias. Menos primera dama, más Rive Gauche. Y Twiggy, con sus monturas gráficas y sus ojos convertidos ya en emblema de los sesenta, demostró que unas gafas podían ser prácticamente arquitectura facial.

Por eso el regreso actual encaja tan bien con Chloé. Chemena Kamali ha reconstruido en los últimos años el universo de la casa alrededor de una mujer bohemia, sensual y libre, con una fuerte memoria de los años setenta… Y Chloé es una de las firmas que están encabezando la recuperación de las grandes gafas retro.
Celine propone monturas enormes y muy gráficas. Tom Ford ha recuperado incluso su modelo Annabelle, una silueta de gran tamaño que parece diseñada para esconder media expresión detrás de un cristal ahumado. Chanel ofrece monturas cuadradas y, en su versión más extrema, las actuales shield envolventes. Gucci juega con proporciones redondas y acetatos rotundos. Saint Laurent introduce el exceso en un armario mucho más severo. Khaite, junto a Oliver Peoples, trabaja esa zona extraordinariamente atractiva entre intelectual y setentera. Y Tom Ford sigue siendo prácticamente sinónimo de unas gafas que pretenden ser vistas antes que la persona que las lleva. En paralelo, aparece otra rama de la misma idea: la gafa máscara.

Vogue considera las shield sunglasses una de las formas esenciales del verano 2026 y destaca modelos de Miu Miu, Loewe, Celine y Saint Laurent, además de Khaite x Oliver Peoples y Tom Ford. Son menos Jackie O en Capri y más retrofuturismo: una única superficie de cristal, líneas deportivas y la sensación de que podrían pertenecer simultáneamente a 1978 y a 2078.
Ese juego entre pasado y futuro explica la temporada. Porque quizá el verdadero OUT no sean las gafas pequeñas. De hecho, sería demasiado categórico decir que han muerto. Lo que ha cambiado es quién ocupa el centro de la conversación. Durante varias temporadas, ponerse unas microgafas convertía inmediatamente un look sencillo en algo actual. Ese poder automático se ha debilitado. La mirada más nueva se dirige ahora al extremo opuesto. El péndulo de la moda vuelve a funcionar: después de reducir un accesorio hasta casi hacerlo desaparecer, toca exagerarlo hasta que ocupe media cara.

Cómo llevar las gafas XXL este verano y cuáles son las que importan
La gran ventaja de unas gafas enormes es que necesitan muy poca compañía. Una camiseta blanca, unos vaqueros y unas gafas negras XXL pueden funcionar mejor que un estilismo construido con cinco microtendencias. Esa capacidad de transformar básicos es precisamente una de las razones por las que las editoras consideran que las gafas sobredimensionadas vuelven a tener tanta fuerza en verano.
Para llevarlas en clave setentera, funcionan especialmente bien las monturas de acetato grueso en carey, coñac, marrón oscuro, negro o tonos translúcidos. Una camisa amplia, un pantalón fluido y una gafa que sobrepasa las cejas consiguen el efecto sin necesidad de añadir estampado psicodélico ni plataformas.
Si el vestido es vaporoso o bohemio, el tamaño puede crecer todavía más. Es precisamente la lógica que conecta las nuevas monturas con el universo Chloé: blusas amplias, vestidos que se mueven y accesorios con personalidad.
Para la ciudad, elegiría negro. Una montura cuadrada enorme con camiseta blanca, blazer, pantalón recto y sandalia mínima tiene algo casi cinematográfico. No intenta reproducir los setenta; simplemente utiliza una de sus proporciones.
Para la playa, el carey funciona especialmente bien con bañadores negros, camisas blancas y joyería dorada. Aquí sí merece la pena recuperar algo del glamour de Jackie O: pañuelo en la cabeza, gafas grandes y muy pocas cosas más.
Para quien encuentre demasiado clásica la versión retro, están las shield. Chanel ha colocado este verano sus gafas envolventes en el centro de la conversación y modelos de Loewe, Saint Laurent, Miu Miu y Celine continúan el giro hacia una silueta más deportiva y futurista.
¿Dónde invertir?
En Celine, las grandes monturas están siendo uno de los códigos más visibles de la etapa de Michael Rider. Su modelo Disc de acetato aparece entre las elecciones destacadas para recuperar la estética setentera. En Chloé, buscaría acetatos gruesos y formas cuadradas o redondeadas, especialmente si el armario ya contiene blusas vaporosas, vestidos de algodón, ante o pantalones amplios. Tom Ford sigue siendo probablemente la casa a la que acudir cuando se quiere glamour sin sutilezas. El regreso de las Annabelle es significativo precisamente porque su gran silueta encaja con la nueva escala del momento.
Chanel tiene las dos caras de la tendencia: las grandes monturas clásicas y la versión shield que está dominando este verano. Saint Laurent ofrece alternativas más afiladas; Loewe, modelos mucho más experimentales; Khaite x Oliver Peoples, esa sofisticación neoyorquina que consigue que una gafa retro no parezca vintage; y Gucci, el maximalismo sin pedir disculpas.
Para entrar en la tendencia sin una inversión considerable, & Other Stories ya trabaja monturas ovaladas oversize, una solución inteligente porque conserva algo de la forma que llevábamos hasta ahora pero aumenta notablemente la escala.
Y existe una última cuestión importante: el rostro. Durante años se nos ha explicado qué montura “corresponde” a una cara redonda, alargada, cuadrada u ovalada. Las gafas grandes de este año funcionan casi desde la lógica opuesta: no pretenden desaparecer dentro de las proporciones del rostro, sino modificarlas. Si cubren ligeramente las cejas, bien. Si parecen demasiado grandes durante los primeros diez segundos frente al espejo, probablemente vamos por buen camino. Si hacen que el resto de los accesorios parezca innecesario, mejor todavía.
El veredicto: IN las gafas que cubren las cejas, los acetatos gruesos, las lentes degradadas, el carey, las monturas cuadradas, los aviadores gigantes y las nuevas máscaras futuristas. OUT (o al menos en pausa) la idea de que cuanto más pequeña sea una gafa, más moderna resulta.
Las microgafas nos obligaban a enseñar la cara. Las de este verano nos permiten volver a escondernos detrás de ellas. Y pocas cosas han sido tan chic históricamente como mirar sin que nadie sepa exactamente hacia dónde.

