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Andrea Mateache: “Siempre supe que lo mío era la moda”

La fundadora de Matelier ha hecho de la personalización, el color y la cercanía la esencia de su universo creativo

Andrea Mateache

Desde muy pequeña, Andrea Mateache dibujaba vestidos en el colegio e imaginaba estilismos para sus amigas. Entonces ya se intuía una sensibilidad especial que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en algo más que una afición. Años después, tras estudiar ADE y formarse en diseño en Nueva York, esa vocación se materializó en un proyecto propio.

Así nació Matelier, una firma especializada en vestidos de invitada que ha conseguido diferenciarse en un mercado cada vez más saturado gracias a diseños con personalidad, producción artesanal y una clienta que participa activamente en el proceso creativo. En esta conversación, la diseñadora repasa sus inicios, el nacimiento de Matelier, su defensa del made in Spain y su manera de entender la moda femenina (más cercana, más libre y más fiel a quien la lleva).

Andrea Mateache y sus amigas, todas de Matelier

Siempre cuentas que desde pequeña dibujabas vestidos. ¿En qué momento entendiste que ese juego podía convertirse en tu profesión?

Desde muy pequeña era algo que me apasionaba. En el colegio dibujaba a todas mis amigas con distintos vestidos, looks y estilismos, y siempre lo tuve muy dentro. Cuando vinieron distintas universidades a hablarnos sobre nuestro futuro profesional, ahí supe ya claramente que lo mío era la moda y el diseño. Lo tuve claro desde siempre.

Estudiaste ADE y luego diseño en Nueva York. ¿Qué te ha aportado esa mezcla entre visión empresarial y creatividad a la hora de construir Matelier?

A pesar de que yo estaba convencida de elegir diseño, mi padre me animó a estudiar algo con más salidas, como Administración y Dirección de Empresas. Hoy siento que fue una gran decisión, porque al final para montar una marca propia necesitas ambas cosas, la parte creativa y la parte de negocio. Estudié ADE y, en cuanto terminé, me fui a Nueva York a estudiar diseño.

¿Qué recuerdas de tu etapa en Nueva York?

Fue increíble. Tenía muchísimas ganas de empezar a trabajar en moda y por eso elegí un máster en diseño con modalidad fast track, que era más intenso. Luego incluso alargué mi estancia porque me lo estaba pasando tan bien y aprendiendo tanto que no quería irme todavía. Al final estuve tres años y medio y pude trabajar en distintas firmas. Empecé como becaria en Pamella Roland, luego estuve en Óscar de la Renta… fue una etapa espectacular a nivel profesional y personal.

Trabajaste en firmas como Oscar de la Renta y Pronovias antes de crear tu marca. ¿Qué aprendizajes de esas casas aplicas hoy en tu propio proyecto?

Trabajar en marcas tan importantes fue una oportunidad enorme y me sentí muy agradecida. Pero también aprendí algo muy valioso: en una startup se aprende muchísimo más porque tocas todos los departamentos. Yo hacía diseño, pero también marketing, redes, contabilidad, administración… y eso te aporta una visión muy global. Ahí me di cuenta de que montar una empresa era lo que más me llenaba. A medida que trabajaba iba viendo que lo que más me apasionaba era montar algo mío, sentía que necesitaba tener voz y poder tomar mis propias decisiones. Crear algo con mi estilo y mi identidad era lo que más me apetecía.

Fundaste Matelier en 2019, en un sector muy competitivo. ¿Recuerdas el momento en el que pensaste: “esto puede funcionar”?

Yo tenía claro que quería hacer fiesta, porque es lo que más me gusta, pero también sabía que había muchísimas marcas haciéndolo. El punto de inflexión llegó cuando salí de Pronovias después de una reestructuración. Lo interpreté como una señal. Siempre había pensado que quería montar mi marca, pero nunca encontraba el momento ideal. Y de repente pensé: es ahora.

Andrea Mateache

Matelier se ha convertido en una de las marcas favoritas para invitadas de boda en España. ¿Por qué crees que ha conectado tan bien con esta generación de mujeres?

Porque pensamos en la necesidad real de la clienta. Cuando una mujer va a una tienda muchas veces encuentra un vestido que le gusta, pero cambiaría algo en concreto de la pieza y le daría otras posibilidades. Por eso aposté por crear un atelier en el que la clienta pudiese involucrarse en el proceso creativo. Le damos una serie de patrones, de partes de arriba y abajo, tejidos, colores, estampados, y juntas construimos algo único. No solo exclusivo, sino también diseñado por ella. Además, somos un equipo joven y empatizamos muy bien con distintos tipos de clienta y sus necesidades. Nos adaptamos a cada una, siempre manteniendo nuestra identidad. Nuestro objetivo es que salga feliz y que disfrute del proceso. No vendemos solo el vestido, vendemos también la experiencia.

¿Cómo trabajas la relación con la clienta?

Yo intento siempre guiar desde la empatía. Hay veces que una clienta te pide algo que ves clarísimo que encaja mejor con otro tipo de diseñador o con otra marca. En esos casos intento orientarla con muchísimo cariño. No se trata de imponer nada, sino de ayudarla a encontrar lo que de verdad le favorece o le representa más.

Algunas de tus clientas más conocidas son Belén Corsini o María Fernández-Rubíes. ¿Hasta qué punto la visibilidad en redes y en eventos sociales ha impulsado el crecimiento de la marca?

Nos han ayudado, claro, sobre todo al principio, cuando algunas mujeres muy visibles empezaron a llevar nuestros diseños. Eso fue un impulso muy importante. Pero también creo que ahora hay tanta saturación en redes que todo se ha vuelto más confuso. Hay tantísima influencer y tantísima colaboración que muchas veces ya no sabes si algo gusta de verdad o si simplemente está siendo promocionado. En nuestro caso hemos tenido la suerte de no necesitar pagar para que la gente lleve nuestros vestidos. Muchas veces han venido porque realmente les encantaban.

La nueva colección de Matelier

Defiendes mucho lo hecho en España y el trabajo artesanal. ¿Es difícil mantener ese modelo hoy en día?

Muchísimo. Cada vez más. Nosotras apostamos por un producto artesanal, con talleres pequeños, producción cuidada, colecciones limitadas y mucha atención al detalle. Eso reduce mucho los márgenes y hace muy difícil competir con grandes marcas o con el fast fashion. Pero yo no quiero renunciar a eso. Mucha gente me dice que vendería más si produjera fuera, pero entonces ya no sería Matelier.

¿Cuáles dirías que son las grandes tendencias para invitada esta temporada?

Destacaría mucho el pantalón bombacho, que nosotras hemos lanzado por primera vez en la colección. También el color pistacho, que lo estamos viendo bastante en el atelier, y las rayas en la parte más casual. Pero más allá de las tendencias, creo que lo importante es adaptar cada look a la personalidad de la clienta.

Andrea Mateache

Cuando eres tú la invitada, ¿por qué apuestas?

La verdad es que soy bastante decidida. Sé lo que me queda bien y lo que me gusta, así que en cuanto me lo pruebo, normalmente lo tengo claro. También tengo la suerte de tener la colección muy a mano… ¡Eso lo hace todo mucho más fácil!

La nueva colección está inspirada en tus amigas. ¿Cómo surge esa idea?

Este año coincidió que cumplíamos 35 y organizamos un viaje a Marrakech. Justo encajaba con el lanzamiento de la colección y pensé que podía inspirarme en ellas para diseñarla. Como son perfiles muy distintos, la colección también lo es: hay looks más recatados, más sexys, más coloridos… ¡Ha sido una de las colecciones más especiales que he hecho!

¿Dónde te gustaría ver la marca dentro de unos años?

Me encantaría crecer en Latinoamérica. Nos escriben muchísimo desde México, Venezuela, Argentina o Chile, y siento que allí conectan mucho con nuestra estética. Este año hemos empezado en Chile y nos hace muchísima ilusión. Ojalá podamos seguir expandiéndonos por distintos países.

Andrea Mateache

¿Cómo llevas la conciliación entre vida personal y profesional?

Es difícil, porque un negocio propio exige muchísimas horas. A veces la gente piensa que ser emprendedora te da mucha libertad, y sí, te da cierta flexibilidad, pero también muchísima responsabilidad. Tengo un hijo pequeño y, por suerte, cuento con ayuda y con capacidad para organizarme ante imprevistos. Pero también es verdad que me cuesta mucho delegar y que hay muchas partes del negocio que siguen dependiendo mucho de mí.

Cuando no estás trabajando, ¿cómo desconectas?

Pasando tiempo con mi familia y con mis amigas. Me encanta viajar, conocer sitios nuevos, salir a cenar, descubrir restaurantes… Disfruto muchísimo de todo eso. Aunque también reconozco que desconectar del todo casi nunca lo consigo… pero no me importa. He encontrado una fórmula en la que disfruto de mi tiempo libre sin sentir que pierdo el control de todo lo demás. Además, hace un año descubrí siclo, es lo poco de deporte que hago pero es la hora de desconexión que necesito para empezar el día a tope.

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